Hace poco hice un pequeño viaje por carretera, y tomamos un camino que realmente nunca uso en mi día a día. Sin embargo, por ese camino estaba un negocio al que mi abuelo solía ir para realizar compra-venta de ganado; pero que hace quizás un par de años derrumbaron. Esta vez que pasé por ahí, ya estaban edificando algo nuevo, supongo que una plaza comercial.

Inconscientemente yo sabía que eso sucedería en algún punto, es un terreno considerable que no iban a dejar ahí sólo porque sí; pero cuando vi la nueva construcción, no pude evitar sentirme triste. Como dije ese lugar era solo un lugar para hacer negocios, con sus anécdotas claro; pero nunca fue algo digamos especial para mi familia. Sin embargo, cuando asimilé la realidad de que ya no estaba, sentí que una parte de la historia de mi abuelo y mía se había ido.

Eso es algo en lo que pienso mucho cada vez que voy a la ciudad donde crecieron mi mamá y mis abuelos; que es una ciudad que yo conozco entre el presente y el pasado. Muchos de los comercios, domicilios, incluso edificios y monumentos de la época en la que ellos vivieron ahí, ya no existen; o se han reubicado. Pero para mi siguen estando en el lugar que ellos me decían en sus historias, o cuando pasábamos por las calles y me los señalaban. Por eso, cuando vuelvo a pasar y ya no los encuentro en los lugares que según yo deberían de estar, y sobre todo ahora que tanto mi abuela como mi abuelo han fallecido; no puedo evitar sentir que estoy en una realidad diferente, en el que sus historias se van perdiendo.

Pero, al mismo tiempo, noto vestigios de esos recuerdos en las novedades. Por ejemplo, el lugar donde antes estaba un cine ahora es una tienda de cosas varias, pero se sigue llamando igual. O la esquina que sigue albergando un hotel, con un nombre distinto al que tenía hace más de 40 años; pero que uno de sus vitrales aún conserva el nombre original. Y también cuando, al hablar con otras personas, recuerdan lo mismo que yo.

Hay una novela de Elena Garro, que aún no leo, que se llama los “Recuerdos del Porvenir”. No estoy muy segura de que la trama tenga que ver con lo que voy a decir a continuación, pero creo que el título evoca un poco lo que quiero expresar. Los recuerdos de mis abuelos son ahora míos, y serán también de las personas con quienes yo los comparta. Si, son recuerdos de cosas del pasado, pero que pueden anclarse en el presente y podrán vincularse con el futuro; así que no se perderán. Pensar eso me da paz, el saber que las personas y las historias no se van realmente, solo cambian.

¿Tu qué recuerdos quieres compartir?

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