• Comunidad en tiempos de extinción.

    Aviso: Esta entrada contiene detalles sobre la serie Carol y el fin del mundo. Por favor considéralo si es una serie que estás viendo, o que planeas ver.

    Luego de algún tiempo, puede ver una serie completa en Netflix. Bueno es miniserie, pero para el caso es lo mismo. La elegida fue una animación de 2023, titulada Carol y el fin del mundo.

    El desencadenante de la historia es que la Tierra se encuentra en curso de colisión con el ficticio planeta Keppler. Contrario a lo que nos han hecho crear las películas de Hollywood, no hay nada que la humanidad pueda hacer para evitar el choque, y por lo tanto la extinción de la vida en el planeta es inminente. Tan así que, al momento de iniciar la serie, quedan aproximadamente 7 meses antes del impacto final.

    Ante esta inevitable tragedia, la mayoría de las personas han decidido que vivirán sus vidas al límite en el poco tiempo que les queda. Así que ahora hay aún más personas tratando de escalar el Everest (jamás entenderé la fascinación por esa montaña, extinción inminente o no), personas viajando a todas partes del mundo para tener experiencias “trascendentales”, y fiestas tipo rave todas las noches en todas partes. El mundo se divierte.

    O bueno, casi todo el mundo. Nuestra protagonista, Carol, no participa de la aparente efervescencia por la vida. Su familia teme que sufra una depresión pre extinción; pero en realidad ella sólo quiere calma. Una rutina sencilla de lavar su ropa, visitar a sus padres, tener un lugar al que ir cada día. Algo aparentemente imposible en el estado actual de las cosas.

    En un día particularmente malo para ella, al tomar el transporte público, ve en otro vagón a una mujer vestida “de oficinista”, y con la clara imagen de alguien que sabe a dónde se dirige. Carol decide seguirla, y termina en lo que fuera un moderno edificio de oficinas. En uno de sus pisos, ajenos a la locura del exterior, se encuentra un grupo de personas que pretende ser un departamento de contabilidad; y que se encuentran en medio de una auditoría. Digo pretender en el sentido de que todas menos una persona llegaron ahí por casualidad, y el pasado profesional de cada una no es necesariamente administrativo; pero de que se toman en serio las sumas y las restas que hacen, se las toman.

    Carol queda fascinada de que algo así exista, y es entonces cuando una persona de RRHH la toma de la mano y le dice que están listos para su proceso de iniciación. Así, un gafete y un tour por la oficina después, Carol se ha hecho inesperadamente con el puesto de Asistente Administrativa del departamento. Ahora forma parte de la Distracción.

    Si nos quedáramos hasta aquí, nuestra primera reacción podría ser de lástima hacia Carol y sus compañeros de oficina. Y no necesariamente porque pensemos que deberían estar viajando por el mundo o practicando deportes extremos. En lo personal, yo en esa situación estaría leyendo todos los libros que tengo pendientes, o quizás escribiendo el mío propio.

    No, la sensación de tristeza que nos produce es porque vemos como el mundo que vivimos nos ha hecho igualar nuestra valía como personas a qué tan productivos somos, o con el puesto que desempeñamos. Y este grupo de personas han sido tan marcadas por esta idea, que incluso ante una situación de muerte inminente, no pueden encontrarle sentido a sus vidas más allá de llenar reportes y alcanzar KPIs; aunque no sepan bien a bien qué están logrando con esos reportes y métricos.

    Si somos sinceras, una parte de este sentimiento es también de tristeza por nosotras mismas. A lo mejor no estamos en una situación tan extrema como la presentada en la serie, pero no podemos negar que nuestros trabajos nos sirven también de distracción ante los inquietantes acontecimientos que están sucediendo en el mundo a cada momento. Nuestros propios reportes y KPIs nos distraen de pensar que tan trascendente puede ser el trabajo que hacemos, considerando que nuestro mundo lo volvemos menos habitable cada vez.

    Pero aquí es donde la serie se vuelve, en mi opinión, memorable. Aunque Carol se siente bien de tener una nueva rutina, esto no es suficiente para ella. No lo expresa con todas sus letras, pero lo que le hace falta es conexión. Es entonces que empieza, lentamente y sin aspavientos, un proceso de formar comunidad. Preguntas sencillas como si a alguien se le ofrece algo cuando va a salir a comprar insumos para la oficina, un panqué de plátano compartido con un par de compañeros un día que tienen que quedarse hasta tarde para terminar un reporte (¡ah, la cultura corporativa!), aprenderse los nombres de cada persona y usarlos cuando se dirige a ellos. En fin, pequeños detalles que permiten que un simple compañero de trabajo pase a ser una persona con la que convives.

    La cosa avanza tan bien, que para el final de la serie ya tienen organizadas horas felices luego de la oficina en un abandonado Applebees que ellos mismos regentean. Al final de un episodio, sus dos primeros amigos, al verla tan apacible, la molestan preguntándole que si dirá su típica frase de que esto es agradable. Carol sólo sonríe, y dice que esto es verdaderamente agradable.

    Ese es el mensaje que yo me llevo de la serie, y que he expresado ya en otras entradas. Una de las principales causas de la desazón que sentimos en nuestra vida diaria, y de que nuestras sociedades estén colapsando, es que hemos creído que podemos avanzar por la vida solos.

    Ya no conocemos el nombre de nuestros vecinos, así que no podemos organizarnos para cuidar el parque de la colonia o para tener una comida comunitaria. Nuestros compañeros de trabajo son solo personas que pasan 9 horas en el cubículo de enfrente, así que se vuelven reemplazables más fácilmente. Una persona cualquiera que vive en mi misma ciudad es solo un extraño, así que no me preocupa si la nueva vía rápida afecta su calidad de vida; yo solo quiero llegar más rápido a mi trabajo, a mi distracción.

    Estamos en un punto en el que creemos que para sentirnos vivos necesitamos vivir cosas emocionantes. Y no digo que no, el contemplar la Sagrada Familia en Barcelona, o admirar las Barrancas del Cobre en Chihuahua, son experiencias asombrosas que todas las personas deberían tener la posibilidad de vivir. Pero, tu corazón puede sentirse igualmente pleno cuando tomas un helado con tus amigas, o cuando organizan el día del hotcake en tu trabajo.

    Porque la vida no se trata solo de llenarte, sino de cómo te llenas. Y se ha demostrado más de una vez que los seres humanos somos seres sociables, comunitarios. Así que, para llenarnos bien, necesitamos poder convivir realmente con las personas que nos acompañan en el día a día.

    Por eso es que debemos esforzarnos por formar comunidad donde sea que nos encontremos. En lo personal creo que esto nos permitiría arreglar lo que está descompuesto en nuestras sociedades, y crear un mundo mucho más agradable para vivir. Pero, aunque las probabilidades estén en nuestra contra, y ya no podamos cambiar el curso de las cosas; por lo menos podremos enfrentar el fin del mundo sosteniendo la mano de alguien que nos importa.

    ¿Tú cómo haces comunidad?

  • De pandas, mundiales y diplomacia.

    El primero de julio fue el cumpleaños # 36 de la panda Xin Xin, habitante del zoológico de la ciudad de México; ganando así el récord de la panda más longeva viviendo en cautiverio. Para marcar tan importante fecha, se organizaron diferentes eventos; e incluso el embajador de China en México asistió a la celebración oficial. Xin Xin es descendiente directa de la primera pareja de pandas que llegó a México en 1975; como parte de la llamada Diplomacia Panda.

    Dicha estrategia diplomática del gobierno de China consistía, literalmente, en enviar pandas gigantes a diferentes países con los cuales el gobierno quisiera iniciar o fortalecer relaciones diplomáticas. La primera instancia moderna en la que se usó esta estrategia fue, irónicamente, cuando China envió una pareja de pandas a los Estados Unidos como agradecimiento por el apoyo brindado al gobierno nacionalista chino durante la guerra con Japón. Después de la guerra, y hasta 1983, China envió 24 pandas a diferentes países del mundo, como símbolos de buena voluntad. Luego de esa fecha, la política cambió a un acuerdo de arrendamiento; que incluye una cláusula estipulando que cualquier panda que nazca de los pandas en alquiler, pertenece por derecho a la República Popular de China.

    Esto es algo que hace también única a nuestra panda. Como ella es descendiente de pandas que fueron originalmente un regalo, la cláusula de propiedad no le aplica; convirtiéndola así en la única panda viva que no le pertenece a China.

    Pero, aunque eso se modificará mañana derivado de las siempre cambiantes voluntades políticas, la realidad es que la gente ha hecho suyos a los pandas de Chapultepec. Su imagen está intrínsecamente ligada a la del zoológico, y su recinto es una visita obligada para quien le visita por primera o quincuagésima vez. Vamos, si incluso Tohuí, la madre de Xin Xin, tiene su propia canción interpretada por la icónica Yuri.

    Este es sólo uno de los múltiples ejemplos en que la gente ha tomado las relaciones internacionales en sus manos, y las ha despojada de las apariencias que suele ligarse con la diplomacia. Además, como las mismas han surgido un poco espontaneamente, no están atadas a los cambios geopolíticas que suelen regir las relaciones entre gobiernos y sistemas políticos.

    El Mundial de Futbol 2026 que terminó la semana pasada, ha sido tierra fértil para que estas relaciones surgieran. Ha habido casos muy sonados, como el del equipo iraní que tuvo que entrenar en Tijuana derivado del negado de sus visas de larga estancia por parte del gobierno de Estados Unidos; y quienes al final terminaron conmovidos por el apoyo y aprecio que les mostró la afición mexicana. Considerando que la guerra Irán-EEUU no tiene trazas de terminar pronto, una podría preguntarse si un recibimiento tan efusivo fue una buena decisión; sobre todo considerando la situación de frontera de Tijuana. Pero esas consideraciones geopolíticas no le interesan a una comunidad que busca apoyar al más desprotegido.

    ¿Y que me dicen del apoyo que tuvo Nueva Caledonia en su partido en Guadalajara? La selección de ese pequeño grupo de islas llegó a México para un partido de repechaje, y sin una afición. Pero durante el partido, un grupo de aficionados mexicanos se encargó de “echarles porras”. Si bien Nueva Caledonia tiene una embajada en México, dudo mucho que los aficionados de Guadalajara fueran conscientes de la existencia de este país antes del mundial; pero eso no les impidió alentarles.

    Por supuesto, el Mundial fue también ocasión para celebrar y fortalecer relaciones formadas hace tiempo. Fue, por ejemplo, escenario para continuar la relación shōnen que se tiene con la selección de Japón. Y también fue testigo de cómo el fútbol sigue dando fuerza a la Hallyu en nuestro país; aunque quizás nada como la vez que aficionados mexicanos lanzaron por los aires al embajador de Corea en México en el mundial antepasado, celebrando como la victoria del equipo de los diablos rojos nos había permitido avanzar a la siguiente ronda.

    Si bien con ambas naciones se mantienen relaciones diplomáticas sólidas; lo cierto es que nuestro país es distante para muchos de sus habitantes, conociendo solo lo básico o lo que ven en las noticias, no siempre favorecedor. Pero durante y después del encuentro deportivo, varios aficionados coreanos y nipones han expresado su sorpresa por lo que es realmente México, admirando la calidez de su gente.

    Este mismo comentario ha sido repetido por aficionados de otras nacionalidades, e incluso por miembros de la prensa internacional. Quiero decir, la prensa británica incluso está pidiendo que se juegue un partido amistoso en el estadio Wembley entre su selección y la nuestra, para continuar con el compañerismo que se dio durante el encuentro que tuvieron en el estadio Azteca.

    Así que si, la diplomacia es un arte que se practica en las oficinas gubernamentales; no siempre con las mejores intenciones. Pero los verdaderos lazos de hermandad son creados por las personas de calle; por aquellas que están dispuestas a compartir su realidad con gente que al inicio parece distante, pero que con el trato descubrimos que compartimos lo esencial. Sí, quizás los gobiernos promuevan estas relaciones mediante trámites migratorios sencillos y otras instancias similares. Pero también pueden buscar destruirlas cuando dichas relaciones ya no son ventajosas. A veces sus esfuerzos son exitosos, y consiguen que un grupo de gente odie a otro por cuestiones tan irrelevantes como el petróleo.

    Sin embargo, me gusta creer que al final del día, prevalecerá la naturaleza humana de crear comunidad, de sabernos iguales pese a las diferencias que nosotros mismos hemos creado a lo largo de las épocas. Quizás esa comunidad inicie con el obsequió de un osito panda, o quizás con baile en una plaza a altas horas de la noche, o con algo tan sencillo como compartir tu comida con otra persona. Pero de que encontrará la manera de iniciar, la encontrará.

    ¿Tú qué tipo de relaciones quieres crear?

  • Más adulta…

    Esta constelación está dedicada a Mixy, la gatita que nos dio felicidad cuando más la necesitábamos.

    ¿Cuándo es que una persona puede ser considerada adulta?

    Las respuestas varían dependiendo desde qué perspectiva lo preguntes.

    Por ejemplo, desde el lado biológico, se considera que un organismo alcanza la adultez cuando su desarrollo se ha completado. En el caso de los humanos, esta etapa empieza a partir de los 18 años; que es también cuando en varios países se considera que una persona ha alcanzado la mayoría de edad para ejercer plenamente sus derechos y obligaciones ciudadanas.

    Claro, también existen connotaciones culturales que determinan cuando una persona se considera adulta dentro de su comunidad respectiva. En la tradición judía, por ejemplo, los niños y niñas de 13 años se consideran adultos luego de su celebración del Bat Mitzvá; y por ende pueden ya decidir cómo desean practicar el judaísmo. Por otro lado, pero un poco en la misma línea, en varias regiones del mundo se considera que una niña se “convierte” en mujer cuando tiene su primera menstruación, aunque eso puede ocurrir a la nada adulta edad de 10 años.

    Así mismo, si bien definir un momento exacto en que una persona entra a la edad adulta es necesario por diversas cuestiones; también es cierto que como sociedades tendemos a señalar diversos momentos en que un adulto “sube” de nivel. Casarse, tener hijos, comprar una casa, son algunos de esos hitos de la adultez que tienden a esperarse de una persona; y que son motivo de celebración.

    Sin embargo, en los últimos días he pensado que existe otro momento en que una persona comienza a ser adulta, pero que a diferencia de los demás que he comentado; no es motivo de celebración.

    Hablo del momento en que te enfrentas, por vez primera, a la muerte de alguien especial para ti.

    La identidad de ese alguien varía de persona a persona. Puede ser un abuelo, una abuela, una mascota; la verdad es que eso no es tan relevante. Lo que sí, es que tiene que ser alguien que de verdad te importe.

    Alguien cuya ausencia física te haga sentir que las cosas no van a estar bien. Porque no lo van a estar.

    ¿Cómo demonios van a estar bien si la persona que al verte enferme, iba de inmediato a comprarte un gatorade, ya no está?

    ¿Cómo demonios van a estar bien si la gatita que ronroneaba cuando se acurrucaba junto a ti, ya no está?

    Entonces no, por supuesto que las cosas no están bien. Y al principio piensas que nunca lo estarán. Pero luego, conforme te acostumbras a vivir permanentemente con ese dolor en tu corazón, tu mente y tu alma; te das cuenta que las cosas poco a poco comienzan estar bien. No como antes, porque eso es imposible. Pero sí bien, solo que diferente.

    Eso es para mí lo que te hace ser adulta. La entereza de ver tu mundo caerse, y luego reconstruirlo y encontrarlo hermoso, aunque diferente. Un poco como el kintsugi japonés.

    A algunas personas les toca hacer esa reconstrucción mucho más temprano que a otras. Pero, para bien y para mal, a todas nos tocará hacerlo más de una vez a lo largo de nuestra vida. No podría decir que es algo que se vuelva más sencillo conforme más veces lo vives. Quizás te vuelvas un poco más diestra en las cuestiones burocráticas que invariablemente surgen con la muerte de una persona o mascota. Pero el amor que le tenías a cada ser que pierdes es diferente, por ende, tu mundo se destruye de manera diferente con su partida. Y también te tocará reconstruirlo de manera diferente.

    Podría entonces decirse que sí, que con cada pérdida te vuelves más adulta. Porque cada perdida te hace entender tu mundo un poco más, te hace volverte más consciente de ti misma. Y eso es también parte de tener un desarrollo integral completo.

    A mí la vida me hizo un poco más adulta hace unos días. Las cosas de momento no están del todo bien. Pero sé que van a estarlo, eventualmente. No como antes, pero al menos bien.

    ¿Tú cómo estás?

  • Dedicación.

    Colección: Cambios.
    Nota: esta entrada formará parte de una colección de al menos 3 historias. No se necesitan leer las tres para darles sentido, y realmente no tienen un orden específico. Sin embargo, todas nacieron de un momento y sentimientos concretos, que derivaron y derivarán en varias ideas y cambios; por lo que me pareció adecuado poder compartirlas como un todo. Y también para poder agradecer a las personas que me están apoyando en estos procesos.

    De acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra dedicación tiene, entre otros, este significado: acción y efecto de dedicarse intensamente a una profesión o trabajo.

    De igual forma, indica que la dedicación plena puede definirse como una dedicación que por compromiso o por contrato ocupa todo el tiempo disponible, con exclusión de cualquier otro trabajo.

    Por tanto, espero que pronto algunas de estas frases sean las respuestas que de cuando me pregunten, ¿a qué te dedicas?

    A visitar museos, y quizás algún día a trabajar en uno.

    A apoyar en una estancia para personas de la tercera edad.

    A aprender francés, alemán, italiano, japonés, y otros idiomas.

    A atender un huerto comunitario.

    A atender una biblioteca.

    A atender una cafetería.

    Al pequeño comercio.

    A vivir en lugar de solo sobrevivir.

    A caminar en el parque.

    A aprender a tocar un instrumento musical.

    A ayudar a la gente enferma.

    A cantar en conciertos.

    A enseñar, tanto dentro como fuera de un aula.

    A aprender, tanto dentro como fuera de un aula.

    A soñar, y a hacer esos sueños realidad.

    A bailar zumba.

    A disfrutar a mi familia y a amigas.

    A conocer nuevos lugares y nuevas personas.

    A probar nuevos platillos.

    A leer, vivir y escribir nuevas historias.

    A dejar el mundo mejor que como lo encontré, para la gente como tú y como yo.

    ¿Tú a qué quisieras dedicarte?

  • Cuando la noche se queda sin estrellas.

    Colección: Cambios.


    Nota: esta entrada formará parte de una colección de al menos 3 historias. No se necesitan leer las tres para darles sentido, y realmente no tienen un orden específico. Sin embargo, todas nacieron de un momento y sentimientos concretos, que derivaron y derivarán en varias ideas y cambios; por lo que me pareció adecuado poder compartirlas como un todo. Y también para poder agradecer a las personas que me están apoyando en estos procesos.

    Hace ya un tiempo leí una publicación de una chica, que decía que cuando alguien le preguntaba cuál era su mayor miedo; respondía algo típico como las alturas o las arañas. Pero, en realidad, su mayor miedo era algo que, a su vez, le había comentado uno de sus profesores. Su mayor miedo era que alguien que alguna vez la había amado (en cualquier forma o estilo), se desenamorara de ella.

    Pero no en el sentido de una ruptura, sino más el bien el proceso del desenamoramiento. De cómo su personalidad, sus ideas, sus manierismos, todas esas cosas que alguna vez la habían hecho especial para una persona; ahora eran el mismo motivo por el que había decidido dejarla. La última frase que usa creo que resume bien el sentimiento “nada me asusta ni me entristece más que la idea de que puedo volverme fea para alguien que alguna vez pensó que mis ojos contenían todas las estrellas”.

    Auch. Nada como un miedo existencial nuevo para pasar el rato.

    Ya en serio, la primera vez que leí ese comentario me quedé pensando en que ciertamente esa es una sensación terrible, que me ha tocado experimentar en diferentes grados y formas. Pero, a últimas fechas, también he pensado que es igual de terrible la sensación al contrario.

    Cuando tú te das cuenta que algo que alguna vez amaste, ya no significa nada. No que lo odies, eso es diferente. Me refiero realmente a que ya no signifique nada: a que algo que alguna vez te motivaba, te llenaba, te hacía feliz, ahora solo lo veas con ojos de desinterés.

    Porque lo sabes, aunque trates de negarlo o de razonarlo, una sabe cuando la chispa se va extinguiendo.

    A veces puede ser el ver como una persona que era tu amiga, con la que compartiste momentos importantes, con la que podías hablar de temas específicos sin tener que dar contexto, porque ella también los había vivido; ahora es si acaso una conocida. O como una trayectoria profesional a la que le has dedicado años de esfuerzo, ya no te entusiasma; al contrario, hay días en que te cuesta Levantarte de la cama para ir a trabajar por un sueño que ya no es tuyo. O quizás algo tan intrascendente (en apariencia), como que el que solía ser tu programa favorito de televisión, ahora ya ni siquiera sepas en qué temporada va.

    Como dije, es raro que esto sucede de golpe. Usualmente es un proceso, muy parecido al duelo. La primera parte es la negación, que muchas veces se disfraza de racionalización. Ya sabes, como cuando dices que solo han sido un par de semanas pesadas en el trabajo, pero que una vez que entreguen el proyecto, todo estará bien. O cuando piensas que tu amiga ahora está enfocada en otras cosas, pero que eventualmente volverán a tener tiempo de conectar. Mientras tanto tu debes apoyarla desde lejos, porque al final para eso son las amigas, ¿no?

    Aquí también es cuando se da un fenómeno curioso, que es el de culparnos por lo que está sucediendo. Quiero decir, al fin y al cabo, la belleza está en los ojos de quien mira; y como la trillada frase dice, “no eres tú, soy yo”. Quizás eres tú quien no se está esforzando lo suficiente, o te estás enfocando solo en los puntos negros en lugar de ver lo bueno que hay en la situación/relación. O quizás solo estás un poco molesta porque los guionistas decidieron hacer sufrir innecesariamente a tu personaje favorito.

    Pero va pasando el tiempo, y te das cuenta que es imposible seguir racionalizando un desgaste que es evidente. Entonces vienen el enojo y la frustración. Porque cómo puede ser que después de todo tu esfuerzo, de hablar con tu terapista, de quedarte tiempo extra, de dar el beneficio de la duda, de tratar de entender, ¿las cosas no mejoran? ¿Qué estás haciendo mal? ¿Qué está haciendo la otra persona para arreglar la situación? ¿Por qué te sigue importando? La respuesta es simple: te importa porque es una parte intrínseca de ti, de tu historia; y dejarla ir da miedo.

    Entonces empiezas a negociar contigo misma. Vamos a intentarlo unos meses más. A lo mejor puedo tomar unas vacaciones y volver con más energía. Quizás puedo leer algo de fanfic para que el canon no duela tanto. Quizás podemos intentar una nueva actividad juntas. O también puede darse el caso de que sientas remordimiento por irte justo ahora, cuando vienen la temporada alta, o cuando el programa está en sus niveles más bajos de audiencia; porque uno de tus valores principales es la lealtad. Sí, te dices, mejor esperar a que se calmen un poco las cosas. Como si las cosas alguna vez se calmaran lo suficiente.

    Para personas como yo, que no sé si sufrimos un complejo de héroe o padecemos un optimismo exagerado o simplemente sentimos muy profundamente, esta es la etapa más difícil; porque nos es complicado definir cuando ha sido suficiente. ¿No dicen por ahí que siempre está más oscuro justo antes de la primera luz? Yo aún paso noches en la cama pensando si pude haber hecho más en situaciones que sé que no hubieran funcionado; pero que les digo, así funcionan mi mente y mi corazón.

    Y así sigues por un tiempo, intentando por aquí y por allá; hasta que la ruptura que sientes no puede arreglarse con ninguna cantidad de oro. Así que lo sueltas. Y aquí es donde entra una etapa peligrosa. A veces la persona del otro lado intenta jalar de nuevo, de intentar de nuevo; sobre todo si en su caso la percepción era que la cosa no estaba tan mal (¿qué tan mal tiene que estar?). Y tú, en tu miedo ante el “después” del quiebre, te arriesgas una vez más.

    Puede que las cosas funcionen esta vez, quizás era esta la alerta que la otra parte necesitaba para despertar y ponerse a trabajar. Pero, en mi opinión, si tú ya habías llegado a un punto de desgaste tal que habías preferido el dolor y el miedo de la ausencia; es poco probable que las cosas realmente funcionen. A lo mejor hay un esfuerzo por un tiempo, y vuelves a ver las estrellas en sus ojos; pero luego las cosas volverán a como eran antes. No se trata de ser pesimista (¿y el optimismo exagerado del que hablabas?), pero creo que, si ya sufriste el martirio de sobre pensar la situación, de exigirte más cuando dabas todo, de pensar que el problema era tuyo en lugar de ser un problema compartido; entonces lo menos que te mereces es honrar todo ese proceso, y ser firme en tu decisión de irte, aunque duela.

    Así es como llegamos a la última etapa, que en el proceso de duelo se llama aceptación. Varios profesionistas la mencionan como la fase en que se aprende a vivir luego del fallecimiento de la persona. En este caso, es aprender a vivir sin esa parte que en muchos sentidos te definió por tanto tiempo. Ninguno de los casos es sencillo, y yo soy de la creencia de que esta es una etapa que nunca se termina realmente. Puede que años después de distanciarte de una persona, un buen día experimentas algo en tu vida que sabes que ella o él hubieran entendido perfectamente; y vuelves a pensar lo que podría haber sido si las cosas hubieran resultado diferentes. Y en cierta manera vives de nuevo las etapas anteriores, no tan intensamente claro, pero la pregunta sin respuesta sigue ahí.

    ¿A qué conclusión llegamos, entonces? ¿Realmente todo es tan desesperanzador? La verdad es que estuve pensando mucho en cómo cerrar esta aportación; porque me gusta terminarlas de una forma positiva, aunque sea marginalmente. Pero en este caso, no se me ocurría nada. Pensé en decir que al menos el desinterés es mejor que el odio, pero eso no es algo que realmente crea, y no quería cerrar con una mentira disfrazada de optimismo (otra vez con eso).

    Así las cosas, lo más que puedo ofrecerte es esto.

    Sí, es terriblemente triste y doloroso ver como una parte de tu vida que alguna vez fue luminosa, se va apagando. Pero hay algo que duele aún más: ver como tu propio brillo se va perdiendo porque le prestas demasiado a esa parte a la que quieres aferrarte.

    Entonces, si ya has llegado al punto en el que la oscuridad es demasiado para ti, protege tu luz, y retírate. Puede que al principio no lo parezca, pero al caminar por otros caminos; tus ojos encontrarán nuevas estrellas.

    ¿Cuáles estrellas quisieras ver ahora?

  • Ha(ser) pan.

    Colección: Cambios.


    Nota: esta entrada formará parte de una colección de al menos 3 historias. No se necesita leerlas todas para darles sentido, y realmente no tienen un orden específico. Sin embargo, todas nacieron de un momento y sentimientos concretos, que derivaron y derivarán en varias ideas y cambios; por lo que me pareció adecuado poder compartirlas como un todo. Y también para poder agradecer a las personas que me están apoyando en estos procesos.


    En estos últimos días me he topado mucho con la frase “los diamantes se forman bajo presión”, tratando de justificar que las personas deben de sufrir para formar su carácter y sobresalir. Y en esas ocasiones me he acordado de la respuesta que alguien dio alguna vez, que parafraseando dice “la masa de pan crece cuando la dejas reposar”; aludiendo a que cada persona es diferente y por ende requiere de diferentes ambientes/cosas para progresar.


    Si bien esto último es cierto, la realidad es la vida no puede ser solo “reposar”. En algún momento hemos de salir al mundo a enfrentarnos a situaciones adversas para avanzar en nuestro camino. Por tanto, pareciera que la metáfora del pan no es un buen contra argumento al renombrado refrán.


    Pero entonces, me puse a pensar: para hacer pan no basta con dejar reposar la masa, de la misma forma que el diamante no pasa por un solo proceso físico para formarse.


    Como dicen, empecemos por el principio. Para hacer pan, primero tienes que mezclar los ingredientes, y posteriormente amasar hasta formar la masa (valga la redundancia). He aquí el primer proceso: los ingredientes deben de cambiar su naturaleza, y entre todos formar algo nuevo. Si esto lo traducimos a la vida de las personas, podemos decir que esto consistiría en estar dispuestos a dejar nuestra posición actual, y decidir cambiar para ser algo nuevo y mejor. Este cambio puede implicar aprender nuevas habilidades, o trabajar con personas diferentes, o en ambientes diferentes; o incluso dejar un hábito o creencia que actualmente nos está deteniendo. Pero en ningún caso es algo fácil, pues implica el esfuerzo de desprender y aprender, no una sino muchas veces.


    Siguiendo ahora con el pan, es aquí cuando entra la parte del reposo. Es importante señalar que esta parte no se refiere a “no hacer nada”, que es la acepción que usualmente damos a la palabra reposo. Pues, aunque parezca que la masa está inerte, en realidad se está llevando a cabo un proceso químico de fermentación, que es justo lo que permite que crezca en tamaño. Puede no ser evidente al principio, y ciertamente no es un proceso rápido, pero al final el resultado es palpable.


    Lo mismo pasa con las personas. Luego de tomar la difícil decisión de cambiar, empieza el camino de efectivamente hacerlo. Como mencioné en otro párrafo, esto no es fácil; y a diferencia de la fermentación, no es un proceso lineal. Lo que sí tienen en común ambos procesos es que, al inicio, la transformación no es evidente, ni para la persona ni para quienes le observan. Pero lo importante es que el proceso ya ha iniciado, y con un poco de perseverancia y de paciencia, los resultados se darán.


    Continuando con la elaboración del pan, luego del periodo de reposo, se da de nuevo un proceso de amasado. Dependiendo del tipo de pan que se esté haciendo, quizás haya también que cortar la masa en diferentes pedazos y formas. Luego de esto, hay que dejar reposar la masa de nuevo; aunque por un período de tiempo más corto. Aquí también es cuando se sugiere empezar a precalentar el horno.


    En mi opinión, este es un paso que la mayoría de las personas omiten en su formación, y es el motivo por el cual muchos intentos de cambio no tienen buen final. En lugar de tomarse un momento para revisar cuál fue el resultado del primer proceso, y decidir cómo moverse desde ahí; muchas veces solo seguimos avanzando en la misma dirección, sin preguntarnos si es realmente lo que queremos. O bien, no nos damos la oportunidad de pensar si debemos hacer algún otro cambio para que el resultado sea más favorable, y darle tiempo a ese cambio para que madure. Por ejemplo: hornear una sola pieza grande de pan quizás resulte más sencillo, pero quizás sea más fácil guardar 2 piezas pequeñas. O quién sabe, a lo mejor es más fácil regular la temperatura y tiempo de cocción en 2 piezas pequeñas; o si una sale mal a lo mejor la otra sale mejor. No sé, mis conocimientos panaderos no dan para tanto, pero espero que se entienda la intención.


    Pero bueno, ya que la masa está lista, llega la parte que puede verse como más complicada: la horneada. Como dije para esto hay que realizar algunos pasos antes, que van desde precalentar el horno hasta preparar el molde. Ya que tenemos esto listo, podemos meter nuestro pan. El tiempo que tome en hornearse va a depender de muchos factores; e incluso puede que haya que sacarlo a mitad del proceso y darle la vuelta, o alguna cosa similar. Lo importante es estar al pendiente del pan, y revisarlo cada cierto tiempo.


    Me detengo un momento aquí. Esta entrada comenzó por la comparación que se hacía entre la formación de un diamante, y la elaboración de un pan; los cuales por supuesto son procesos sumamente diferentes entre sí a nivel químico y físico. Sin embargo, para propósitos de la comparación que estamos haciendo también con el proceso de formación del carácter de una persona, pienso que aquí es donde se da una diferencia sustancial.
    Un diamante se forma en “soledad”, en lo profundo de la tierra; y con la posibilidad de que algo no salga del todo bien y que nadie lo note hasta que el proceso haya concluido. Después de todo, por eso hay diamantes más puros que otros. El pan, en cambio, se forma en compañía. La persona que lo está elaborando debe revisar cada cierto tiempo si no hay que ajustar la temperatura, o acomodar la bandeja; o como dijimos estar al pendiente del momento justo en que haya que hacer algún paso extra (voltearlo, por ejemplo), para lo lograr el resultado deseado.


    Es claro que la transformación se está dando en el pan, o mejor dicho; es la masa la que está “soportando” el calor para poder llegar a ser pan. Pero hay alguien que está cerca para apoyar y ajustar lo necesario para que el resultado se logre.


    Así es como también debería darse el crecimiento de las personas, con acompañamiento. Porque por más que se tenga la voluntad de cambiar, y se sea firme en la decisión; la realidad es que el proceso puede ser duro, y causarnos algo de miedo. Estamos conscientes de que el trabajo tenemos que hacerlo nosotros, pero saber que hay alguien cerca al pendiente, y a quien podemos recurrir para pedir apoyo, hace toda la diferencia. Al menos en mi experiencia, eso ha permitido no solo que el resultado sea de mejor calidad, sino también que el proceso pueda ser más corto. Una de las ventajas del trabajo en equipo.


    Bien, volvamos ahora con el pan. Finalmente ha terminado el proceso de horneado, tenemos nuestra pieza de pan lista; pero debemos dejarla reposar un momento para que se enfríe, y así podamos comerlo con calma. Por supuesto aquí también podemos ponerle algo de betún o mermelada para que sepa aún mejor.


    Lo mismo sucede con nosotras. Luego de que terminamos un proceso de cambio, debemos darnos la oportunidad de tener un momento para apreciar y disfrutar nuestro logro. Es por eso que existen fiestas de graduación, entregas de reconocimientos, o incluso el pequeño e íntimo gesto de escribir en nuestro diario “lo logré”. Lo importante es darnos ese tiempo para asimilar a dónde hemos llegado, disfrutar de quien ahora somos, y compartirnos con las personas con las que convivimos.


    Nuevamente, me detengo un poco para volver con los diamantes. Si bien los mismos tienen características físicas encomiables, como el tener las más alta dureza y conductividad térmica de todos los materiales conocidos por el ser humano, que los hace útiles en varios campos; la realidad es que su valor nace principalmente de ser considerados piedras preciosas. No por nada varias de las creaciones con ellos hechas se guardan en museos como obras de arte, o bien se exhiben en joyerías de la Quinta Avenida en Nueva York.


    Pero, al final del día, en eso es en lo que terminan: como objetos de gran valor, pero encerrados en cajas, ya sea para el disfrute público o privado. No producen nada; y por su misma naturaleza inalterable tampoco es como que puedan transformarse posteriormente, aparte de ser cortados para encajar en alguna pieza de joyería o de arte.


    En cambio, el pan, que en comparación podría decirse es más humilde; es alimento. Y no solo para la persona que lo horneó, también puede compartirse con otras personas, o incluso con animales de compañía. Y aún puede cambiar, en el sentido de que puede integrarse a otros alimentos para ser aún más provechoso. Puede ser un sándwich, o usarse para preparar pastel de carne, o ponerle algún relleno dulce. En fin, las posibilidades son amplias.


    Por tanto, entre pasar por un proceso oscuro y solitario para convertirme en un diamante que sólo servirá para ser visto; y ser un pan que se formó de manera consciente y con apoyo, y que podrá servir de alimento, la verdad es que prefiero ser un pan.


    ¿A ti cómo te gustaría transformarte?

  • Tomadora de decisiones.

    Acabo de escuchar el episodio de un podcast en Spotify, que no voy a decir su nombre porque no estoy segura aún que me convenza. Pero bueno, el enfoque del podcast es corporativo, y hoy estaban comentado sobre las renuncias. En cierto punto hicieron el comentario de que muchas renuncias se originan por un error al momento de la contratación, es decir, no contratar a la persona correcta para el puesto correcto. Esto es algo que puedo secundar, tanto por experiencias propias como ajenas.


    Dentro de esta conversación, comentan que van a hacer publicidad a una compañía con la que acaban de trabajar, que las ayudó mucho en el tema de atracción de talento. Resulta que se trata de una plataforma de reclutamiento que trabaja con inteligencia artificial (IA). Sonamos, diría Mafalda. Y empezaron a comentar como esta herramienta analiza los currículums en no sé cuántos minutos, evalúa las habilidades de la persona en otros pocos (cómo si eso fuera factible), y como al final te da una predicción sobre si la persona va a poder desempeñar el trabajo bien, con compromiso, y llevándose bien con su jefe. Acto seguido pasan a decir cómo quienes han usado esta herramienta han bajado el nivel de rotación en no sé cuánto y reducido el proceso de selección en tanto, y así.


    Independientemente de qué tan bien o qué tan mal funciona esta plataforma, no pude evitar pensar que estábamos ante otro ejemplo de cómo estos supuestos avances tecnológicos nos siguen quitando tanto sin que nos demos cuenta. En este caso, nos están quitando la posibilidad de que surjan historias inspiradoras (casos de éxito, en palabras más corporativas); pero además están haciendo cada vez más difícil que la innovación verdadera se dé en los lugares de trabajo. Me explico.


    La mejor maestra que tenía mi universidad en materia aduanera, era una profesional reconocida en su campo tanto a nivel local como nacional. Se sabía la legislación al derecho y al revés; en parte porque ella había ayudado a crearla. Y lo más importante, sabía cómo eran las cosas en el mundo real, pues ella había estado ahí para verlo con sus propios ojos. Pero, ¿sabes qué? Su formación profesional inicial no tenía nada que ver con el comercio internacional. Si mal no recuerdo, ella es ingeniera química de profesión. Terminó en el mundo aduanero por muy diversas causas, y como ya dije, fue un factor de cambio en el mismo.


    Simulemos ahora que el inicio de su vida profesional se diera en estos tiempos, en los que dejamos que un algoritmo que no entendemos muy bien cómo funciona, decida a quién vamos a contratar para al puesto. ¿Hubiera tenido mi maestra una posibilidad? ¿o hubiera sido bateada en la primera ronda porque su título profesional no empataba con los que el algoritmo tenía en su lista? Obviamente es imposible de saber, pero creo que para ella hubiera sido incluso más difícil de lo que fue adentrarse en ese campo si se hubieran dejado algunas decisiones en manos de la inteligencia artificial.


    Bueno, pero estas siendo un poco exagerada; me dirás. La inteligencia artificial no es la que decide, sólo te entrega datos; pero al final del día será RRHH o el supervisor directo quien haga las entrevistas y escoja a la persona que ocupará el puesto. En teoría, tendrías razón, pero existen dos puntos fundamentales que no estamos considerando.


    Primero; estamos dejando que el algoritmo sea el primer filtro en el proceso de selección. Es decir, de los 30 currículum recibidos, la IA está decidiendo cuáles son los 5 que se te presentan como finalistas. Es decir, hay otras 25 personas que jamás viste, y por tanto no puedes considerar. Tu universo acaba de ser limitado por el algoritmo.


    Y antes de que empiecen, no, esto no hace el proceso más democrático o transparente. Y esto por algo muy simple: todo algoritmo funciona con parámetros, y dependiendo de los mismos es que da un resultado. Esos parámetros no son aislados, tienen una connotación social, queramos o no. Pongamos primero el caso en que una persona le suministra dichos parámetros a la IA. Aquí es más que evidente que estos tendrán un sesgo; porque quizás para mí la cualidad principal para escoger a un nuevo integrante del equipo de finanzas sea que tenga un nivel medio de inglés, pero para la persona de RRHH la cualidad principal sea que tenga experiencia en el puesto.


    Digamos otro caso, en el que el algoritmo sea un poco más avanzado (¿?), y le podamos decir: busca perfiles de personas exitosas con un puesto similar al requerido, y haz un resumen de sus principales cualidades para compararlas contra las de las personas participantes. Entramos entonces un tema mucho más complejo, sobre todo cuando la posición en cuestión es de más alto nivel. Por ejemplo, si estamos buscando a un gerente de producción, es muy probable que exista un mayor porcentaje de hombres exitosos con ese puesto; derivado de las condiciones macro de antes y de ahora. Pero el algoritmo ignora esto (usando la palabra en su más amplio sentido), y por tanto su conclusión será: si del 100% de personas exitosas en ese puesto, el 90% son hombres, entonces le daremos mayor relevancia a los currículums de los participantes varones. Y así de la nada, hemos sacado del radar a un grupo de candidatas que podrían haber ayudado a llevar a la empresa al siguiente nivel.


    Bien, ahora que hemos explicado como en primera instancia sí estamos dejando que la IA limite nuestro universo, y por tanto nuestras decisiones; pasemos al segundo punto. Como dije al inicio, al menos en la plataforma que originó la idea para esta entrada; uno de los beneficios que presume es que te da un pronóstico del posible desempeño de las personas candidatas al puesto, considerando diferentes factores. Desde luego, esto es algo que tú vas a leer antes de la entrevista; creándote así un prejuicio sobre ese candidato al que ni siquiera le has dado los buenos días. Puede que al final este no sea el factor decisivo único, pero no deja de estar ahí. Y déjenme decirles, aún y cuando tu consideres que el candidato que obtuvo el segundo lugar en el pronóstico sea mejor opción que el candidato que quedó en primer lugar; sí empiezas a cuestionas tu criterio (que no es malo), u otra persona involucrada en el proceso puedo cuestionarlo, y es ahí donde pueden darse situaciones complicadas.


    Bueno, de acuerdo entonces, quizás si estamos dejando buena parte de la decisión de la contratación en manos de la IA; dirás luego de leerme. Pero es que también, ¿qué esperabas? El tiempo es dinero (diría el rapero Agust D, mi tiempo vale mucho más que eso); y las empresas necesitan llenar sus posiciones lo antes posible. Por tanto, es lógico que busquen herramientas que les permitan agilizar el proceso. No sólo eso, recuerda que trabajamos con un enfoque a obtención de resultados; así que es razonable que nos dejemos guiar por estadísticas que nos digan que la persona va a funcionar, no solo en lo técnico, sino también en la relación con su jefe y equipo.


    Todo eso está muy bien; si lo único que te importa son los resultados a corto plazo. Enfoquémonos en el tema de la compatibilidad del nuevo integrante con el jefe y el equipo. En primer lugar, la estadística te está diciendo que esta persona tiene altas posibilidades de empatar con este equipo/jefe en específico. ¿Qué va a pasar mañana que esto cambie? ¿Alguien se molestó en revisar si la persona también era adaptable al cambio? O lo que es más, está compatibilidad alta se basa en que existen ciertos elementos en común entre el candidato y los integrantes del equipo. ¿Qué va a pasar cuando le toque trabajar con alguien que es diferente? Por ejemplo, si hay un proyecto conjunto entre producción y ventas, ¿puede esta persona empatizar/comunicarse lo suficiente con las personas del otro equipo para llevarlo a bueno término?


    Y en segundo lugar, que para mi es el principal, surge esta gran duda: si solo contratas personas parecidas a ti, ¿cómo vas a innovar? Desde mis tiempos en la universidad se nos alentaba a formar nuestros equipos con persona de diferentes carreras (en algunas clases era incluso obligatorio), y por tanto con diferentes visiones y experiencias, para que los proyectos fueran más integrales y robustos. Sin temor a equivocarme puedo decir que ese enfoque dio excelentes resultados, tanto en el caso concreto del proyecto como una enseñanza para el futuro. No digo que una alta compatibilidad entre los integrantes de los equipos sea algo malo, pero si no se vigila puede llevarnos a tener equipos demasiado homogeneos en que nadie cuestione nada. Esto por supuesto limita el crecimiento de las organizaciones; y nos priva de productos innovadores como los cheetos flamin hot (paréntesis publicitario: les invito a conocer la historia de su creador, Richard Montañez).


    Entonces, como conclusión, ¿estoy diciendo que tiremos por la borda todo este tipo de plataformas de reclutamiento? No, por supuesto que no; pero como con tantas otras cosas de la IA, creo que debemos tomarlas con un punto de sal. Usando un ejemplo personal, yo he decidido contratar o no personas tomando como referencia los resultados que obtuvieron en los psicométricos; algunas veces yendo en el mismo sentido de los resultados, y en otras, al contrario. Ambas decisiones han tenido sus aciertos y sus fallas, pero siempre podré estar tranquila de que yo entendía la información que usé como base para tomarlas, y que apliqué mi criterio en la decisión final.


    En esta época en que se toma como verdad absoluta lo que nos dice el algoritmo, creo que sería bueno recordar que, por muy buenas que sean las estadísticas, las predicciones pueden fallar, sobre todo considerando el nivel de incertidumbre existente. Y, sobre todo, recordar que las estadísticas no son números aislados, salieron de algún lado, y por ende tienen una carga cualitativa detrás. Entender esa parte, y darle su justa proporción, es lo que al final del día nos permitirá ser eso que se promueve tanto en el mundo corporativo, y por lo que en teoría nos pueden pagar un poquito más: verdaderos tomadores de decisiones.


    ¿Tú cómo tomas tus decisiones?

  • Sueño cumplido, ¿y ahora qué?

    Se dice, y se dice bien, que un viaje se disfruta tres veces: cuando lo planeas, cuando lo vives, y cuando lo recuerdas. Puedo dar fe que esto es cierto no sólo para los viajes, sino también para otro tipo de eventos que marcan un antes y un después en nuestras vidas. Un concierto, una boda, una graduación, una fiesta de cumpleaños especial, una reunión de exalumnos; en fin. Estas y otras muchas experiencias nos permiten vivir procesos increíbles que se quedan con nosotras tiempo después del gran evento.


    Lo que sí, casi nunca se habla de lo vacío que puede sentirse todo justo cuando la experiencia como tal termina, y volvemos a la normalidad. Y no me refiero solo a ese anhelo de estar batallando con el sistema de transporte de Ámsterdam en lugar de renegar porque no te han enviado una factura, o porque el dichoso algoritmo te sigue mostrando ideas de fotos que podrías haber tomado en tu graduación y que no se te ocurrieron en su momento. No, realmente me refiero a ese vacío tangible que se siente luego de que regresas; porque ya no tienes nada que preparar.


    Quizás tú y tu pareja habían decidido dedicar 2 horas los jueves a planear detalles de la boda; y luego de la luna de miel te das cuenta de que no sabes qué hacer con ese tiempo. O peor aún, llenas esas horas con nimiedades, y deja de ser un tiempo consciente y con propósito para ser otras 2 horas más del día.


    O quizás tu grupo de amigas tenía un documento de Excel compartido (lo admito, yo soy la que lo crea la más de las veces), en el que iban anotando todo lo relacionado con el viaje: itinerarios de vuelos, nombres de hoteles, fechas de tours, listas de cosas que había que llevar, y un motón de cosas más. Y cada vez que entrabas a actualizarlo, sentías una emoción especial dentro de ti; pues cada celda llenada te acercaba más a vivir ese momento. Pero cuando el avión aterriza de regreso a casa; ese Excel se queda inerte. Puede que entres a verlo de vez en cuando para recordar, pero el sentimiento que tenías al actualizarlo ya no está. Y entonces te preguntas, ¿cómo llenaba mis días antes?, ¿a qué me dedicaba antes de planear ese sueño? Como dije un poco más arriba, lo más seguro es que lo llenabas con todo y nada; con pendientes en lugar de ilusiones.


    Bueno, me dirás, pero aquí es donde entra lo que comentabas al principio; ahora toca recordar la experiencia. Pues sí, pero, ¿cuánto tiempo te dura eso? Quiero decir, cuando vuelves del concierto la gente te pregunta cómo te fue, muestras tus videos, compartes anécdotas; pero hasta ahí. Quizás sea el tema de conversación de un par de reuniones, pero luego de eso se pasa a otros temas. Siendo que antes, gente que no sabe nada del artista que vas a ir a ver, te mandaba publicaciones o videos o noticias relacionadas con el concierto; porque sabía que para ti era importante y/o podría servirte. Y eso ya no está luego de que vuelves; porque justo el espectáculo debe continuar, ahora con otras atracciones.


    Vale, dirán las optimistas, ¡entonces ahora toca planear la siguiente aventura! Perosiendo sinceras, ¿cuántas aventuras puede una persona promedio planear en un año? Y sobre todo aventuras que impliquen una preparación del tamaño que comento. Para una escapada de fin de semana quizás solo necesitas un par de horas la semana previa; así que no se siente tanto cuando pasa. Para un viaje a Nueva York sí que vas a necesitar más que eso, y se resentirá una vez que termine.


    Además, existen aventuras que sólo puedes vivir una vez, como graduarte de la carrera. O incluso aunque puedas vivirlas varias veces, cada una será diferente porque tus circunstancias son distintas. Eso de que ni el río ni tu son el mismo es muy cierto.


    ¿Qué hacer, entonces? Para ser honesta, no lo sé. Quizás la respuesta sea una mezcla de todo lo que hemos venido comentado. Pero creo que lo más importante es también lo más difícil: el no dejar que las prisas de la vida diaria hagan que el tiempo que dedicábamos a planear algo que nos llenaba de ilusión, pase ahora a ser tiempo que no sabemos en qué se nos va. Debemos proteger ese tiempo y llenarlo con oportunidades para ser felices. No importa si aún no estás planeando el viaje del próximo año, puede que ahora ese tiempo lo dediques a leer ese libro que tenías pendiente; o quizás puedas dedicarlo a platicar con una amiga, o puedes salir a caminar al parque enfrente de tu casa.


    La ilusión no tiene que ser grande, basta con exista, y que estés dispuesta a vivirla.


    ¿Tú cómo llenas el tiempo que dedicabas a un sueño?

  • Un trabajo digno de mí.

    Si el trabajo dignifica, ¿por qué nos burlamos de los empleados de restaurantes de comida rápida, y creemos que no merecen ni el salario mínimo?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué hay profesionales que tienen que trabajar 2 ó 3 trabajos para tener una vida medio decente?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué queremos siempre más productividad y más eficiencia, aún a costa de la salud de las personas?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué aceptamos condiciones inseguras en las plantas, oficinas, plataformas petroleras, y demás?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué no respetamos a los campesinos?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué llamamos vagos a los que se dedican al arte?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué vemos normal que los jefes les griten a sus empleados?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué decimos que las amas de casa no hacen nada?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué vemos normal que las personas trabajan sábados, domingos o días festivos, para que no se les acumule el trabajo?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué las personas vuelven tan cansadas de sus empleos que solo tienen ánimos para mirar compulsivamente el celular?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué toleramos el trabajo infantil y la esclavitud moderna?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué en la mayoría de las oficinas y plantas productivas solo hay luz artificial?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué parece que lo único que nos da es dinero, y eso no tanto?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué nadie es indispensable y siempre reemplazable en los trabajos?


    Si el trabajo dignifica, ¿por qué lo hemos hecho indigno?

  • Cuando sea grande.

    Una de las frases más comunes que decimos cuando somos niñas es la de “Cuando sea grande”. Usualmente la empleamos cuando se nos ha prohibido algo, a nuestro parecer de forma injusta.

    Es entonces cuando decimos cosas como


    ¡Cuando sea grande me voy a dormir a la hora que quiera!
    ¡Cuando sea grande voy a cenar helado!
    ¡Cuando sea grande voy a comer galletas en la cama!
    ¡Cuando sea grande voy a caminar por toda la casa sin zapatos y con calcetines!


    Y así otras tantas declaraciones contra las injusticias de las que, según nosotras, somos objeto.
    Pero luego pasa el tiempo, una crece y madura; y se da cuenta que eso contra lo que protestaba no era injusto; sino todo lo contrario. Quiero decir, yo ahora quisiera poder dormirme a las 9am, o tener la oportunidad de una siesta por la tarde entre semana. Así mismo, me he dado cuenta que comer galletas en la cama no es buena idea, porque luego hay que limpiar las migajas que parece jamás van a acabarse. Y mejor ya no hablamos de lo difícil que es dejar los calcetines blancos nuevamente luego de que anduviste un solo metro descalza.


    Si bien esas epifanías nos llegan como parte del proceso natural de ir ganando experiencia, creo que también tiene mucho que ver que, conforme nos hacemos mayores, tenemos más poder de decisión sobre nuestra propia vida. Porque volviendo a los ejemplos de antes; pese a que yo sé que es bueno dormir temprano, quizás algún día quiera desvelarme viendo un evento en vivo de mi banda favorita, porque para mí vale ese desvelo. Entonces, tomo la decisión consciente de hacerlo; pese a que para personas cercanas a mí no tenga sentido hacerlo. Lo cual está bien, pero ellas ya no pueden decidir por mí.


    Si aceptamos lo anterior como cierto, entonces es más fácil comprender porque ahora que somos adultas, pensamos que los niños y niñas la tiene fácil, y/o porque sentíamos que nuestra vida era más sencilla a esa edad. Y no me refiero a que los problemas en sí fueran más chicos, pues eso es cuestión de una perspectiva que va cambiando con la experiencia; sino a que justo ese poder decisión que se supone debe acompañar a la adultez, se ha ido un poco por la borda.


    Porque en realidad, ¿qué tan libres son nuestras decisiones? Los videos que vemos en redes no son 100% por elección, sino que son causados por un algoritmo que alguien en Silicon Valley diseñó. En el trabajo, aunque tu ya hayas terminado tu parte, no puedes solo irte a casa; tienes que cumplir con tu horario contractual. Y en ese mismo sentido, tu no decidiste que la mejor forma de pasar tu vida sea encerrada en un cubículo durante 8 o más horas al día haciendo tablas de Excel; pero sabes que hacer cualquier cosa diferente es casi seguro una receta para la precariedad y la incertidumbre sobre el presente y el futuro.


    De la misma forma, en algún punto la sociedad determinó que las únicas diversiones aceptables para los adultos son ir a tomar a un bar, ver algún partido de fútbol en la casa de alguien, o ya de plano ir al cine. Y así es, aunque para ti sería mucho más divertido ir a ver una obra de títeres o jugar las canicas; porque si lo haces eres mal visto y calificado de “infantil”. Como si emborracharte al punto de que al día siguiente no recuerdas lo que hiciste fuera muy maduro, pero en fin.


    Entonces, la próxima vez que pienses que tu vida era más fácil porque tus problemas se concretaban a decidir cuál de tus muñecas sería la protagonista en el juego del día; no te sientas mal ni lo minimices. No es que tus problemas de antes fueran tontos o simples, pero es que antes justo tenías la capacidad de decidir.


    ¿Tú qué tantas decisiones tomas libremente?