Cuando sea grande.

Una de las frases más comunes que decimos cuando somos niñas es la de “Cuando sea grande”. Usualmente la empleamos cuando se nos ha prohibido algo, a nuestro parecer de forma injusta.

Es entonces cuando decimos cosas como


¡Cuando sea grande me voy a dormir a la hora que quiera!
¡Cuando sea grande voy a cenar helado!
¡Cuando sea grande voy a comer galletas en la cama!
¡Cuando sea grande voy a caminar por toda la casa sin zapatos y con calcetines!


Y así otras tantas declaraciones contra las injusticias de las que, según nosotras, somos objeto.
Pero luego pasa el tiempo, una crece y madura; y se da cuenta que eso contra lo que protestaba no era injusto; sino todo lo contrario. Quiero decir, yo ahora quisiera poder dormirme a las 9am, o tener la oportunidad de una siesta por la tarde entre semana. Así mismo, me he dado cuenta que comer galletas en la cama no es buena idea, porque luego hay que limpiar las migajas que parece jamás van a acabarse. Y mejor ya no hablamos de lo difícil que es dejar los calcetines blancos nuevamente luego de que anduviste un solo metro descalza.


Si bien esas epifanías nos llegan como parte del proceso natural de ir ganando experiencia, creo que también tiene mucho que ver que, conforme nos hacemos mayores, tenemos más poder de decisión sobre nuestra propia vida. Porque volviendo a los ejemplos de antes; pese a que yo sé que es bueno dormir temprano, quizás algún día quiera desvelarme viendo un evento en vivo de mi banda favorita, porque para mí vale ese desvelo. Entonces, tomo la decisión consciente de hacerlo; pese a que para personas cercanas a mí no tenga sentido hacerlo. Lo cual está bien, pero ellas ya no pueden decidir por mí.


Si aceptamos lo anterior como cierto, entonces es más fácil comprender porque ahora que somos adultas, pensamos que los niños y niñas la tiene fácil, y/o porque sentíamos que nuestra vida era más sencilla a esa edad. Y no me refiero a que los problemas en sí fueran más chicos, pues eso es cuestión de una perspectiva que va cambiando con la experiencia; sino a que justo ese poder decisión que se supone debe acompañar a la adultez, se ha ido un poco por la borda.


Porque en realidad, ¿qué tan libres son nuestras decisiones? Los videos que vemos en redes no son 100% por elección, sino que son causados por un algoritmo que alguien en Silicon Valley diseñó. En el trabajo, aunque tu ya hayas terminado tu parte, no puedes solo irte a casa; tienes que cumplir con tu horario contractual. Y en ese mismo sentido, tu no decidiste que la mejor forma de pasar tu vida sea encerrada en un cubículo durante 8 o más horas al día haciendo tablas de Excel; pero sabes que hacer cualquier cosa diferente es casi seguro una receta para la precariedad y la incertidumbre sobre el presente y el futuro.


De la misma forma, en algún punto la sociedad determinó que las únicas diversiones aceptables para los adultos son ir a tomar a un bar, ver algún partido de fútbol en la casa de alguien, o ya de plano ir al cine. Y así es, aunque para ti sería mucho más divertido ir a ver una obra de títeres o jugar las canicas; porque si lo haces eres mal visto y calificado de “infantil”. Como si emborracharte al punto de que al día siguiente no recuerdas lo que hiciste fuera muy maduro, pero en fin.


Entonces, la próxima vez que pienses que tu vida era más fácil porque tus problemas se concretaban a decidir cuál de tus muñecas sería la protagonista en el juego del día; no te sientas mal ni lo minimices. No es que tus problemas de antes fueran tontos o simples, pero es que antes justo tenías la capacidad de decidir.


¿Tú qué tantas decisiones tomas libremente?

Entusiasmo Infantil.

El 30 de abril se celebra en México el Día del Niño y la Niña, celebración instituida en 1924 y que pretendía (pretende) fomentar el bienestar de la niñez, reconociendo y protegiendo sus derechos. Esta ocasión también ha dado pie a diferentes festejos, tanto públicos como privados, para permitir a los niños y niñas, junto con sus familias, compartir un momento de esparcimiento; que después de todo es también uno de sus derechos. Por supuesto las escuelas son de las principales instituciones en donde se realizan actividades relacionadas con esta celebración, que desde hace algunos años abarcan una semana completa con diferentes temáticas, para culminar en una fiesta general.

Esta semana que pasó tuve diferentes conversaciones en las que el tema giraba hacia las actividades que menciono, y lo que diferentes personas tenían planeado hacer para cada una de ellas. Una persona comentó que quería que este año fuera especial, pues era el último en que su hija celebraba el día de la niñez; puesto que está por pasar a la educación secundaria, que en México comienza los 12-13 años de edad.  A partir de esa etapa, lo que se celebra es el Día del Estudiante; que en comparación es una fiesta más desangelada y con menos variedad de actividades, al menos a lo que me acuerdo.

Si bien organizaciones como la OMS especifican que la niñez termina aproximadamente a los 10-11 años, por temas de desarrollo físico, emocional y mental; en la práctica siempre me ha parecido muy drástica esa división entre niñez y adolescencia, sobre todo por lo que se espera que las personas hagan o dejen de hacer una vez dejan la primera para iniciar la segunda. El día de la niñez es un buen ejemplo, pues como comento, esta es una celebración con mucho colorido, con diferentes actividades lúdicas que permiten a las niñas y niños crear buenos recuerdos que comparten con sus amistades y familiares. Vamos, hasta se hacen desfiles en alusión a este día. Pero de repente, de un año a otro, todo eso cambia. Ahora la celebración es un solo día, y al menos cuando yo estuve en esa etapa; la actividad principal (si no es que la única) era asistir a una fiesta tipo discoteca (que se conocían como tardeadas); porque después de todo ya éramos “niños grandes”, lo que sea que eso signifique. En el ámbito público, salvo alguna que otra estrategia de mercadotecnia como descuentos en el cine o similares, tampoco hay un despliegue significativo de celebración.

No sé si esto se haga con la intención de enseñarnos que a partir de ahora debemos tomarnos la vida más en serio, y que los momentos de diversión serán más espaciados y no tan increíbles como antes; lo cuál realmente es una situación triste y nada favorable para nuestro bienestar integral. Después de todo, si consideramos que la expectativa de vida en México es de 75 años promedio, menos del 20% de ese tiempo es que se nos permite disfrutar la vida con el entusiasmo de la niñez; que yo sé que esto mucho depende de la persona, pero ciertamente el sistema no nos la pone fácil. ¿No sería mejor que, en lugar de desanimar el juego a partir de cierta edad, se fueran sugiriendo actividades lúdicas que evolucionarán junto con nosotras? Y no hablo únicamente de deportes o actividades físicas, sino también de los juegos de mesa, o el dibujo, las manualidades o colorear; pero todas estas promovidas desde una perspectiva de esparcimiento más que de competición.

De esta manera, aunque ciertamente conforme crecemos la vida se vuelve un poco más complicada cada vez; tendremos mejores maneras de afrontarla. Lo que es más, tendremos mejores maneras de disfrutarla, pues sabremos que si bien las grandes celebraciones se irán espaciando, podemos seguir disfrutando de momentos divertidos diariamente; y así verla más allá de una rutina de estudio/trabajo. Tal vez así dejemos de llenar nuestra existencia con cosas materiales, y nos enfoquemos más en el ser que en el tener.

¿Tú qué recuerdas de tus días de la niñez?