Comunidad en tiempos de extinción.

Aviso: Esta entrada contiene detalles sobre la serie Carol y el fin del mundo. Por favor considéralo si es una serie que estás viendo, o que planeas ver.

Luego de algún tiempo, puede ver una serie completa en Netflix. Bueno es miniserie, pero para el caso es lo mismo. La elegida fue una animación de 2023, titulada Carol y el fin del mundo.

El desencadenante de la historia es que la Tierra se encuentra en curso de colisión con el ficticio planeta Keppler. Contrario a lo que nos han hecho crear las películas de Hollywood, no hay nada que la humanidad pueda hacer para evitar el choque, y por lo tanto la extinción de la vida en el planeta es inminente. Tan así que, al momento de iniciar la serie, quedan aproximadamente 7 meses antes del impacto final.

Ante esta inevitable tragedia, la mayoría de las personas han decidido que vivirán sus vidas al límite en el poco tiempo que les queda. Así que ahora hay aún más personas tratando de escalar el Everest (jamás entenderé la fascinación por esa montaña, extinción inminente o no), personas viajando a todas partes del mundo para tener experiencias “trascendentales”, y fiestas tipo rave todas las noches en todas partes. El mundo se divierte.

O bueno, casi todo el mundo. Nuestra protagonista, Carol, no participa de la aparente efervescencia por la vida. Su familia teme que sufra una depresión pre extinción; pero en realidad ella sólo quiere calma. Una rutina sencilla de lavar su ropa, visitar a sus padres, tener un lugar al que ir cada día. Algo aparentemente imposible en el estado actual de las cosas.

En un día particularmente malo para ella, al tomar el transporte público, ve en otro vagón a una mujer vestida “de oficinista”, y con la clara imagen de alguien que sabe a dónde se dirige. Carol decide seguirla, y termina en lo que fuera un moderno edificio de oficinas. En uno de sus pisos, ajenos a la locura del exterior, se encuentra un grupo de personas que pretende ser un departamento de contabilidad; y que se encuentran en medio de una auditoría. Digo pretender en el sentido de que todas menos una persona llegaron ahí por casualidad, y el pasado profesional de cada una no es necesariamente administrativo; pero de que se toman en serio las sumas y las restas que hacen, se las toman.

Carol queda fascinada de que algo así exista, y es entonces cuando una persona de RRHH la toma de la mano y le dice que están listos para su proceso de iniciación. Así, un gafete y un tour por la oficina después, Carol se ha hecho inesperadamente con el puesto de Asistente Administrativa del departamento. Ahora forma parte de la Distracción.

Si nos quedáramos hasta aquí, nuestra primera reacción podría ser de lástima hacia Carol y sus compañeros de oficina. Y no necesariamente porque pensemos que deberían estar viajando por el mundo o practicando deportes extremos. En lo personal, yo en esa situación estaría leyendo todos los libros que tengo pendientes, o quizás escribiendo el mío propio.

No, la sensación de tristeza que nos produce es porque vemos como el mundo que vivimos nos ha hecho igualar nuestra valía como personas a qué tan productivos somos, o con el puesto que desempeñamos. Y este grupo de personas han sido tan marcadas por esta idea, que incluso ante una situación de muerte inminente, no pueden encontrarle sentido a sus vidas más allá de llenar reportes y alcanzar KPIs; aunque no sepan bien a bien qué están logrando con esos reportes y métricos.

Si somos sinceras, una parte de este sentimiento es también de tristeza por nosotras mismas. A lo mejor no estamos en una situación tan extrema como la presentada en la serie, pero no podemos negar que nuestros trabajos nos sirven también de distracción ante los inquietantes acontecimientos que están sucediendo en el mundo a cada momento. Nuestros propios reportes y KPIs nos distraen de pensar que tan trascendente puede ser el trabajo que hacemos, considerando que nuestro mundo lo volvemos menos habitable cada vez.

Pero aquí es donde la serie se vuelve, en mi opinión, memorable. Aunque Carol se siente bien de tener una nueva rutina, esto no es suficiente para ella. No lo expresa con todas sus letras, pero lo que le hace falta es conexión. Es entonces que empieza, lentamente y sin aspavientos, un proceso de formar comunidad. Preguntas sencillas como si a alguien se le ofrece algo cuando va a salir a comprar insumos para la oficina, un panqué de plátano compartido con un par de compañeros un día que tienen que quedarse hasta tarde para terminar un reporte (¡ah, la cultura corporativa!), aprenderse los nombres de cada persona y usarlos cuando se dirige a ellos. En fin, pequeños detalles que permiten que un simple compañero de trabajo pase a ser una persona con la que convives.

La cosa avanza tan bien, que para el final de la serie ya tienen organizadas horas felices luego de la oficina en un abandonado Applebees que ellos mismos regentean. Al final de un episodio, sus dos primeros amigos, al verla tan apacible, la molestan preguntándole que si dirá su típica frase de que esto es agradable. Carol sólo sonríe, y dice que esto es verdaderamente agradable.

Ese es el mensaje que yo me llevo de la serie, y que he expresado ya en otras entradas. Una de las principales causas de la desazón que sentimos en nuestra vida diaria, y de que nuestras sociedades estén colapsando, es que hemos creído que podemos avanzar por la vida solos.

Ya no conocemos el nombre de nuestros vecinos, así que no podemos organizarnos para cuidar el parque de la colonia o para tener una comida comunitaria. Nuestros compañeros de trabajo son solo personas que pasan 9 horas en el cubículo de enfrente, así que se vuelven reemplazables más fácilmente. Una persona cualquiera que vive en mi misma ciudad es solo un extraño, así que no me preocupa si la nueva vía rápida afecta su calidad de vida; yo solo quiero llegar más rápido a mi trabajo, a mi distracción.

Estamos en un punto en el que creemos que para sentirnos vivos necesitamos vivir cosas emocionantes. Y no digo que no, el contemplar la Sagrada Familia en Barcelona, o admirar las Barrancas del Cobre en Chihuahua, son experiencias asombrosas que todas las personas deberían tener la posibilidad de vivir. Pero, tu corazón puede sentirse igualmente pleno cuando tomas un helado con tus amigas, o cuando organizan el día del hotcake en tu trabajo.

Porque la vida no se trata solo de llenarte, sino de cómo te llenas. Y se ha demostrado más de una vez que los seres humanos somos seres sociables, comunitarios. Así que, para llenarnos bien, necesitamos poder convivir realmente con las personas que nos acompañan en el día a día.

Por eso es que debemos esforzarnos por formar comunidad donde sea que nos encontremos. En lo personal creo que esto nos permitiría arreglar lo que está descompuesto en nuestras sociedades, y crear un mundo mucho más agradable para vivir. Pero, aunque las probabilidades estén en nuestra contra, y ya no podamos cambiar el curso de las cosas; por lo menos podremos enfrentar el fin del mundo sosteniendo la mano de alguien que nos importa.

¿Tú cómo haces comunidad?

Tiempo de floración.

Por diversos motivos, no había podido ocuparme de mis plantas de la manera en que usualmente lo hago, pues incluso me había saltado uno o dos días en su ciclo de riego. Las había visto un poco al pasar y se veían bien, considerando el clima que habíamos tenido en la semana y demás. Sin embargo, hoy que pude dedicarles un poco más de tiempo, me di cuenta de que realmente no estaban bien.

Aparte de que les faltaba más agua de lo que parecía, una tenía algunos tallos dañados (no sé si por mi gatita o por el viento), otra tenía su maceta sucia, y una más había derramado agua y se había formado un poco de sarro en el piso. Mientras las atendía, recordé que un psicólogo me había dejado alguna vez la tarea de adoptar una planta, y tratarla como una representación de mi bienestar y felicidad, esto para lograr la moraleja de que tienes que dedicar tiempo a atenderte y cuidarte para poder florecer. Creo que esta vez entendí más cosas, y de manera más profunda, de ese ejercicio.

Por un lado, entendí que muchas veces las personas nos vemos como mis plantas: aparentemente todo está bien, nos vemos saludables y pareciera que tenemos lo necesario. Pero si miramos más de cerca, nos damos cuenta de que realmente tenemos algunas hojas marchitas, y que nos falta un poquitín más de agua. En otras palabras, no estamos floreciendo, solo estamos manteniéndonos; y si la situación continúa, es posible que enfermemos.

Lo mismo sucede con las personas: avanzamos en nuestro día a día, cumpliendo con nuestras obligaciones, tomando las vitaminas de la mañana y haciendo un esfuerzo por, ahora sí, agendar la cita con la dentista en la semana. Pero en realidad nos sentimos cansadas, y no solo físicamente, sino también en lo emocional y mental. Buscamos dormir una hora más el fin de semana con la esperanza de que eso nos ayude, cuando en realidad sabemos que se requiere un cambio más profundo para sanar y crecer. Pero en eso suena la alarma del reloj y volvemos a distraernos con llevar la ropa a la tintorería, terminar el reporte semanal, ver el nuevo capítulo de la serie que medio vemos, y demás cosas. En resumen, solo existimos, pero no florecemos.

Otra cuestión sobre la que estuve reflexionando fue que, usualmente, mi madre y yo nos apoyamos con el cuidado de las plantas. Si yo tuve un día acelerado y olvidé regar las plantas que son mías; ella se ocupa de hacerlo. De igual forma, cuando ella tiene algún contratiempo, yo procuro que el jardín esté regado y sin basura que pueda caer de la calle. Pero ahora, por diversas causass, mi mamá tampoco ha podido estar al pendiente de mis plantas; lo que ocasionó que llegáramos a la situación que describí en un principio.

Esto me lleva a pensar que, si bien nuestra felicidad y bienestar son asuntos propiamente personales, no por eso tienen que ser individualistas. Con esto me refiero a que debemos permitir que otras personas nos apoyen, pues puede ser que ya estemos tan acostumbradas a vivir en “automático”, que no veamos los signos de que nos estamos marchitando. Si bien, idealmente, esas personas deberían ser nuestra familia y amistades en primera instancia; también es bueno reconocer que ellas también sus problemas y necesidades, por lo que debemos estar abiertas a recurrir a un profesional de la salud para que nos apoye a mejorar antes de que la situación empeore. Como he dicho antes, lo importante es formar redes de apoyo que nos den seguridad, y también nos atrapen si llegamos a caer.

Mis plantas ya están mejor, pero será necesaria constancia y disciplina de mi parte para que vuelvan a estar saludables. Lo mismo pasa conmigo, lo mismo pasa contigo. Quizás algunas necesidades si tengan una solución rápida (si tienes hambre, come); pero si no analizamos y afrontamos la causa de esa necesidad (¿Por qué no me doy el tiempo para comer?), entonces nos la pasaremos haciendo arreglos rápidos pero que ocultan un problema mayor que puede complicarse con el tiempo. Pero, si estamos dispuestas a ir al meollo del asunto, y corregir en el largo plazo, los beneficios serán duraderos.

En fin, sería bueno que nos demos el tiempo y espacio para atender nuestro proceso de floración, y descubrir cómo luciremos al lograrlo.

¿Cómo están tus plantas hoy?