Colección: Cambios.


Nota: esta entrada formará parte de una colección de al menos 3 historias. No se necesita leerlas todas para darles sentido, y realmente no tienen un orden específico. Sin embargo, todas nacieron de un momento y sentimientos concretos, que derivaron y derivarán en varias ideas y cambios; por lo que me pareció adecuado poder compartirlas como un todo. Y también para poder agradecer a las personas que me están apoyando en estos procesos.


En estos últimos días me he topado mucho con la frase “los diamantes se forman bajo presión”, tratando de justificar que las personas deben de sufrir para formar su carácter y sobresalir. Y en esas ocasiones me he acordado de la respuesta que alguien dio alguna vez, que parafraseando dice “la masa de pan crece cuando la dejas reposar”; aludiendo a que cada persona es diferente y por ende requiere de diferentes ambientes/cosas para progresar.


Si bien esto último es cierto, la realidad es la vida no puede ser solo “reposar”. En algún momento hemos de salir al mundo a enfrentarnos a situaciones adversas para avanzar en nuestro camino. Por tanto, pareciera que la metáfora del pan no es un buen contra argumento al renombrado refrán.


Pero entonces, me puse a pensar: para hacer pan no basta con dejar reposar la masa, de la misma forma que el diamante no pasa por un solo proceso físico para formarse.


Como dicen, empecemos por el principio. Para hacer pan, primero tienes que mezclar los ingredientes, y posteriormente amasar hasta formar la masa (valga la redundancia). He aquí el primer proceso: los ingredientes deben de cambiar su naturaleza, y entre todos formar algo nuevo. Si esto lo traducimos a la vida de las personas, podemos decir que esto consistiría en estar dispuestos a dejar nuestra posición actual, y decidir cambiar para ser algo nuevo y mejor. Este cambio puede implicar aprender nuevas habilidades, o trabajar con personas diferentes, o en ambientes diferentes; o incluso dejar un hábito o creencia que actualmente nos está deteniendo. Pero en ningún caso es algo fácil, pues implica el esfuerzo de desprender y aprender, no una sino muchas veces.


Siguiendo ahora con el pan, es aquí cuando entra la parte del reposo. Es importante señalar que esta parte no se refiere a “no hacer nada”, que es la acepción que usualmente damos a la palabra reposo. Pues, aunque parezca que la masa está inerte, en realidad se está llevando a cabo un proceso químico de fermentación, que es justo lo que permite que crezca en tamaño. Puede no ser evidente al principio, y ciertamente no es un proceso rápido, pero al final el resultado es palpable.


Lo mismo pasa con las personas. Luego de tomar la difícil decisión de cambiar, empieza el camino de efectivamente hacerlo. Como mencioné en otro párrafo, esto no es fácil; y a diferencia de la fermentación, no es un proceso lineal. Lo que sí tienen en común ambos procesos es que, al inicio, la transformación no es evidente, ni para la persona ni para quienes le observan. Pero lo importante es que el proceso ya ha iniciado, y con un poco de perseverancia y de paciencia, los resultados se darán.


Continuando con la elaboración del pan, luego del periodo de reposo, se da de nuevo un proceso de amasado. Dependiendo del tipo de pan que se esté haciendo, quizás haya también que cortar la masa en diferentes pedazos y formas. Luego de esto, hay que dejar reposar la masa de nuevo; aunque por un período de tiempo más corto. Aquí también es cuando se sugiere empezar a precalentar el horno.


En mi opinión, este es un paso que la mayoría de las personas omiten en su formación, y es el motivo por el cual muchos intentos de cambio no tienen buen final. En lugar de tomarse un momento para revisar cuál fue el resultado del primer proceso, y decidir cómo moverse desde ahí; muchas veces solo seguimos avanzando en la misma dirección, sin preguntarnos si es realmente lo que queremos. O bien, no nos damos la oportunidad de pensar si debemos hacer algún otro cambio para que el resultado sea más favorable, y darle tiempo a ese cambio para que madure. Por ejemplo: hornear una sola pieza grande de pan quizás resulte más sencillo, pero quizás sea más fácil guardar 2 piezas pequeñas. O quién sabe, a lo mejor es más fácil regular la temperatura y tiempo de cocción en 2 piezas pequeñas; o si una sale mal a lo mejor la otra sale mejor. No sé, mis conocimientos panaderos no dan para tanto, pero espero que se entienda la intención.


Pero bueno, ya que la masa está lista, llega la parte que puede verse como más complicada: la horneada. Como dije para esto hay que realizar algunos pasos antes, que van desde precalentar el horno hasta preparar el molde. Ya que tenemos esto listo, podemos meter nuestro pan. El tiempo que tome en hornearse va a depender de muchos factores; e incluso puede que haya que sacarlo a mitad del proceso y darle la vuelta, o alguna cosa similar. Lo importante es estar al pendiente del pan, y revisarlo cada cierto tiempo.


Me detengo un momento aquí. Esta entrada comenzó por la comparación que se hacía entre la formación de un diamante, y la elaboración de un pan; los cuales por supuesto son procesos sumamente diferentes entre sí a nivel químico y físico. Sin embargo, para propósitos de la comparación que estamos haciendo también con el proceso de formación del carácter de una persona, pienso que aquí es donde se da una diferencia sustancial.
Un diamante se forma en “soledad”, en lo profundo de la tierra; y con la posibilidad de que algo no salga del todo bien y que nadie lo note hasta que el proceso haya concluido. Después de todo, por eso hay diamantes más puros que otros. El pan, en cambio, se forma en compañía. La persona que lo está elaborando debe revisar cada cierto tiempo si no hay que ajustar la temperatura, o acomodar la bandeja; o como dijimos estar al pendiente del momento justo en que haya que hacer algún paso extra (voltearlo, por ejemplo), para lo lograr el resultado deseado.


Es claro que la transformación se está dando en el pan, o mejor dicho; es la masa la que está “soportando” el calor para poder llegar a ser pan. Pero hay alguien que está cerca para apoyar y ajustar lo necesario para que el resultado se logre.


Así es como también debería darse el crecimiento de las personas, con acompañamiento. Porque por más que se tenga la voluntad de cambiar, y se sea firme en la decisión; la realidad es que el proceso puede ser duro, y causarnos algo de miedo. Estamos conscientes de que el trabajo tenemos que hacerlo nosotros, pero saber que hay alguien cerca al pendiente, y a quien podemos recurrir para pedir apoyo, hace toda la diferencia. Al menos en mi experiencia, eso ha permitido no solo que el resultado sea de mejor calidad, sino también que el proceso pueda ser más corto. Una de las ventajas del trabajo en equipo.


Bien, volvamos ahora con el pan. Finalmente ha terminado el proceso de horneado, tenemos nuestra pieza de pan lista; pero debemos dejarla reposar un momento para que se enfríe, y así podamos comerlo con calma. Por supuesto aquí también podemos ponerle algo de betún o mermelada para que sepa aún mejor.


Lo mismo sucede con nosotras. Luego de que terminamos un proceso de cambio, debemos darnos la oportunidad de tener un momento para apreciar y disfrutar nuestro logro. Es por eso que existen fiestas de graduación, entregas de reconocimientos, o incluso el pequeño e íntimo gesto de escribir en nuestro diario “lo logré”. Lo importante es darnos ese tiempo para asimilar a dónde hemos llegado, disfrutar de quien ahora somos, y compartirnos con las personas con las que convivimos.


Nuevamente, me detengo un poco para volver con los diamantes. Si bien los mismos tienen características físicas encomiables, como el tener las más alta dureza y conductividad térmica de todos los materiales conocidos por el ser humano, que los hace útiles en varios campos; la realidad es que su valor nace principalmente de ser considerados piedras preciosas. No por nada varias de las creaciones con ellos hechas se guardan en museos como obras de arte, o bien se exhiben en joyerías de la Quinta Avenida en Nueva York.


Pero, al final del día, en eso es en lo que terminan: como objetos de gran valor, pero encerrados en cajas, ya sea para el disfrute público o privado. No producen nada; y por su misma naturaleza inalterable tampoco es como que puedan transformarse posteriormente, aparte de ser cortados para encajar en alguna pieza de joyería o de arte.


En cambio, el pan, que en comparación podría decirse es más humilde; es alimento. Y no solo para la persona que lo horneó, también puede compartirse con otras personas, o incluso con animales de compañía. Y aún puede cambiar, en el sentido de que puede integrarse a otros alimentos para ser aún más provechoso. Puede ser un sándwich, o usarse para preparar pastel de carne, o ponerle algún relleno dulce. En fin, las posibilidades son amplias.


Por tanto, entre pasar por un proceso oscuro y solitario para convertirme en un diamante que sólo servirá para ser visto; y ser un pan que se formó de manera consciente y con apoyo, y que podrá servir de alimento, la verdad es que prefiero ser un pan.


¿A ti cómo te gustaría transformarte?

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