Tomadora de decisiones.

Acabo de escuchar el episodio de un podcast en Spotify, que no voy a decir su nombre porque no estoy segura aún que me convenza. Pero bueno, el enfoque del podcast es corporativo, y hoy estaban comentado sobre las renuncias. En cierto punto hicieron el comentario de que muchas renuncias se originan por un error al momento de la contratación, es decir, no contratar a la persona correcta para el puesto correcto. Esto es algo que puedo secundar, tanto por experiencias propias como ajenas.


Dentro de esta conversación, comentan que van a hacer publicidad a una compañía con la que acaban de trabajar, que las ayudó mucho en el tema de atracción de talento. Resulta que se trata de una plataforma de reclutamiento que trabaja con inteligencia artificial (IA). Sonamos, diría Mafalda. Y empezaron a comentar como esta herramienta analiza los currículums en no sé cuántos minutos, evalúa las habilidades de la persona en otros pocos (cómo si eso fuera factible), y como al final te da una predicción sobre si la persona va a poder desempeñar el trabajo bien, con compromiso, y llevándose bien con su jefe. Acto seguido pasan a decir cómo quienes han usado esta herramienta han bajado el nivel de rotación en no sé cuánto y reducido el proceso de selección en tanto, y así.


Independientemente de qué tan bien o qué tan mal funciona esta plataforma, no pude evitar pensar que estábamos ante otro ejemplo de cómo estos supuestos avances tecnológicos nos siguen quitando tanto sin que nos demos cuenta. En este caso, nos están quitando la posibilidad de que surjan historias inspiradoras (casos de éxito, en palabras más corporativas); pero además están haciendo cada vez más difícil que la innovación verdadera se dé en los lugares de trabajo. Me explico.


La mejor maestra que tenía mi universidad en materia aduanera, era una profesional reconocida en su campo tanto a nivel local como nacional. Se sabía la legislación al derecho y al revés; en parte porque ella había ayudado a crearla. Y lo más importante, sabía cómo eran las cosas en el mundo real, pues ella había estado ahí para verlo con sus propios ojos. Pero, ¿sabes qué? Su formación profesional inicial no tenía nada que ver con el comercio internacional. Si mal no recuerdo, ella es ingeniera química de profesión. Terminó en el mundo aduanero por muy diversas causas, y como ya dije, fue un factor de cambio en el mismo.


Simulemos ahora que el inicio de su vida profesional se diera en estos tiempos, en los que dejamos que un algoritmo que no entendemos muy bien cómo funciona, decida a quién vamos a contratar para al puesto. ¿Hubiera tenido mi maestra una posibilidad? ¿o hubiera sido bateada en la primera ronda porque su título profesional no empataba con los que el algoritmo tenía en su lista? Obviamente es imposible de saber, pero creo que para ella hubiera sido incluso más difícil de lo que fue adentrarse en ese campo si se hubieran dejado algunas decisiones en manos de la inteligencia artificial.


Bueno, pero estas siendo un poco exagerada; me dirás. La inteligencia artificial no es la que decide, sólo te entrega datos; pero al final del día será RRHH o el supervisor directo quien haga las entrevistas y escoja a la persona que ocupará el puesto. En teoría, tendrías razón, pero existen dos puntos fundamentales que no estamos considerando.


Primero; estamos dejando que el algoritmo sea el primer filtro en el proceso de selección. Es decir, de los 30 currículum recibidos, la IA está decidiendo cuáles son los 5 que se te presentan como finalistas. Es decir, hay otras 25 personas que jamás viste, y por tanto no puedes considerar. Tu universo acaba de ser limitado por el algoritmo.


Y antes de que empiecen, no, esto no hace el proceso más democrático o transparente. Y esto por algo muy simple: todo algoritmo funciona con parámetros, y dependiendo de los mismos es que da un resultado. Esos parámetros no son aislados, tienen una connotación social, queramos o no. Pongamos primero el caso en que una persona le suministra dichos parámetros a la IA. Aquí es más que evidente que estos tendrán un sesgo; porque quizás para mí la cualidad principal para escoger a un nuevo integrante del equipo de finanzas sea que tenga un nivel medio de inglés, pero para la persona de RRHH la cualidad principal sea que tenga experiencia en el puesto.


Digamos otro caso, en el que el algoritmo sea un poco más avanzado (¿?), y le podamos decir: busca perfiles de personas exitosas con un puesto similar al requerido, y haz un resumen de sus principales cualidades para compararlas contra las de las personas participantes. Entramos entonces un tema mucho más complejo, sobre todo cuando la posición en cuestión es de más alto nivel. Por ejemplo, si estamos buscando a un gerente de producción, es muy probable que exista un mayor porcentaje de hombres exitosos con ese puesto; derivado de las condiciones macro de antes y de ahora. Pero el algoritmo ignora esto (usando la palabra en su más amplio sentido), y por tanto su conclusión será: si del 100% de personas exitosas en ese puesto, el 90% son hombres, entonces le daremos mayor relevancia a los currículums de los participantes varones. Y así de la nada, hemos sacado del radar a un grupo de candidatas que podrían haber ayudado a llevar a la empresa al siguiente nivel.


Bien, ahora que hemos explicado como en primera instancia sí estamos dejando que la IA limite nuestro universo, y por tanto nuestras decisiones; pasemos al segundo punto. Como dije al inicio, al menos en la plataforma que originó la idea para esta entrada; uno de los beneficios que presume es que te da un pronóstico del posible desempeño de las personas candidatas al puesto, considerando diferentes factores. Desde luego, esto es algo que tú vas a leer antes de la entrevista; creándote así un prejuicio sobre ese candidato al que ni siquiera le has dado los buenos días. Puede que al final este no sea el factor decisivo único, pero no deja de estar ahí. Y déjenme decirles, aún y cuando tu consideres que el candidato que obtuvo el segundo lugar en el pronóstico sea mejor opción que el candidato que quedó en primer lugar; sí empiezas a cuestionas tu criterio (que no es malo), u otra persona involucrada en el proceso puedo cuestionarlo, y es ahí donde pueden darse situaciones complicadas.


Bueno, de acuerdo entonces, quizás si estamos dejando buena parte de la decisión de la contratación en manos de la IA; dirás luego de leerme. Pero es que también, ¿qué esperabas? El tiempo es dinero (diría el rapero Agust D, mi tiempo vale mucho más que eso); y las empresas necesitan llenar sus posiciones lo antes posible. Por tanto, es lógico que busquen herramientas que les permitan agilizar el proceso. No sólo eso, recuerda que trabajamos con un enfoque a obtención de resultados; así que es razonable que nos dejemos guiar por estadísticas que nos digan que la persona va a funcionar, no solo en lo técnico, sino también en la relación con su jefe y equipo.


Todo eso está muy bien; si lo único que te importa son los resultados a corto plazo. Enfoquémonos en el tema de la compatibilidad del nuevo integrante con el jefe y el equipo. En primer lugar, la estadística te está diciendo que esta persona tiene altas posibilidades de empatar con este equipo/jefe en específico. ¿Qué va a pasar mañana que esto cambie? ¿Alguien se molestó en revisar si la persona también era adaptable al cambio? O lo que es más, está compatibilidad alta se basa en que existen ciertos elementos en común entre el candidato y los integrantes del equipo. ¿Qué va a pasar cuando le toque trabajar con alguien que es diferente? Por ejemplo, si hay un proyecto conjunto entre producción y ventas, ¿puede esta persona empatizar/comunicarse lo suficiente con las personas del otro equipo para llevarlo a bueno término?


Y en segundo lugar, que para mi es el principal, surge esta gran duda: si solo contratas personas parecidas a ti, ¿cómo vas a innovar? Desde mis tiempos en la universidad se nos alentaba a formar nuestros equipos con persona de diferentes carreras (en algunas clases era incluso obligatorio), y por tanto con diferentes visiones y experiencias, para que los proyectos fueran más integrales y robustos. Sin temor a equivocarme puedo decir que ese enfoque dio excelentes resultados, tanto en el caso concreto del proyecto como una enseñanza para el futuro. No digo que una alta compatibilidad entre los integrantes de los equipos sea algo malo, pero si no se vigila puede llevarnos a tener equipos demasiado homogeneos en que nadie cuestione nada. Esto por supuesto limita el crecimiento de las organizaciones; y nos priva de productos innovadores como los cheetos flamin hot (paréntesis publicitario: les invito a conocer la historia de su creador, Richard Montañez).


Entonces, como conclusión, ¿estoy diciendo que tiremos por la borda todo este tipo de plataformas de reclutamiento? No, por supuesto que no; pero como con tantas otras cosas de la IA, creo que debemos tomarlas con un punto de sal. Usando un ejemplo personal, yo he decidido contratar o no personas tomando como referencia los resultados que obtuvieron en los psicométricos; algunas veces yendo en el mismo sentido de los resultados, y en otras, al contrario. Ambas decisiones han tenido sus aciertos y sus fallas, pero siempre podré estar tranquila de que yo entendía la información que usé como base para tomarlas, y que apliqué mi criterio en la decisión final.


En esta época en que se toma como verdad absoluta lo que nos dice el algoritmo, creo que sería bueno recordar que, por muy buenas que sean las estadísticas, las predicciones pueden fallar, sobre todo considerando el nivel de incertidumbre existente. Y, sobre todo, recordar que las estadísticas no son números aislados, salieron de algún lado, y por ende tienen una carga cualitativa detrás. Entender esa parte, y darle su justa proporción, es lo que al final del día nos permitirá ser eso que se promueve tanto en el mundo corporativo, y por lo que en teoría nos pueden pagar un poquito más: verdaderos tomadores de decisiones.


¿Tú cómo tomas tus decisiones?

Cuando sea grande.

Una de las frases más comunes que decimos cuando somos niñas es la de “Cuando sea grande”. Usualmente la empleamos cuando se nos ha prohibido algo, a nuestro parecer de forma injusta.

Es entonces cuando decimos cosas como


¡Cuando sea grande me voy a dormir a la hora que quiera!
¡Cuando sea grande voy a cenar helado!
¡Cuando sea grande voy a comer galletas en la cama!
¡Cuando sea grande voy a caminar por toda la casa sin zapatos y con calcetines!


Y así otras tantas declaraciones contra las injusticias de las que, según nosotras, somos objeto.
Pero luego pasa el tiempo, una crece y madura; y se da cuenta que eso contra lo que protestaba no era injusto; sino todo lo contrario. Quiero decir, yo ahora quisiera poder dormirme a las 9am, o tener la oportunidad de una siesta por la tarde entre semana. Así mismo, me he dado cuenta que comer galletas en la cama no es buena idea, porque luego hay que limpiar las migajas que parece jamás van a acabarse. Y mejor ya no hablamos de lo difícil que es dejar los calcetines blancos nuevamente luego de que anduviste un solo metro descalza.


Si bien esas epifanías nos llegan como parte del proceso natural de ir ganando experiencia, creo que también tiene mucho que ver que, conforme nos hacemos mayores, tenemos más poder de decisión sobre nuestra propia vida. Porque volviendo a los ejemplos de antes; pese a que yo sé que es bueno dormir temprano, quizás algún día quiera desvelarme viendo un evento en vivo de mi banda favorita, porque para mí vale ese desvelo. Entonces, tomo la decisión consciente de hacerlo; pese a que para personas cercanas a mí no tenga sentido hacerlo. Lo cual está bien, pero ellas ya no pueden decidir por mí.


Si aceptamos lo anterior como cierto, entonces es más fácil comprender porque ahora que somos adultas, pensamos que los niños y niñas la tiene fácil, y/o porque sentíamos que nuestra vida era más sencilla a esa edad. Y no me refiero a que los problemas en sí fueran más chicos, pues eso es cuestión de una perspectiva que va cambiando con la experiencia; sino a que justo ese poder decisión que se supone debe acompañar a la adultez, se ha ido un poco por la borda.


Porque en realidad, ¿qué tan libres son nuestras decisiones? Los videos que vemos en redes no son 100% por elección, sino que son causados por un algoritmo que alguien en Silicon Valley diseñó. En el trabajo, aunque tu ya hayas terminado tu parte, no puedes solo irte a casa; tienes que cumplir con tu horario contractual. Y en ese mismo sentido, tu no decidiste que la mejor forma de pasar tu vida sea encerrada en un cubículo durante 8 o más horas al día haciendo tablas de Excel; pero sabes que hacer cualquier cosa diferente es casi seguro una receta para la precariedad y la incertidumbre sobre el presente y el futuro.


De la misma forma, en algún punto la sociedad determinó que las únicas diversiones aceptables para los adultos son ir a tomar a un bar, ver algún partido de fútbol en la casa de alguien, o ya de plano ir al cine. Y así es, aunque para ti sería mucho más divertido ir a ver una obra de títeres o jugar las canicas; porque si lo haces eres mal visto y calificado de “infantil”. Como si emborracharte al punto de que al día siguiente no recuerdas lo que hiciste fuera muy maduro, pero en fin.


Entonces, la próxima vez que pienses que tu vida era más fácil porque tus problemas se concretaban a decidir cuál de tus muñecas sería la protagonista en el juego del día; no te sientas mal ni lo minimices. No es que tus problemas de antes fueran tontos o simples, pero es que antes justo tenías la capacidad de decidir.


¿Tú qué tantas decisiones tomas libremente?

Decisiones en conjunto.

Es verdad, el primer y más importante criterio que debes considerar para tomar una decisión, es el tuyo propio. Qué carrera estudiar, si quieres casarte o no, y en su caso con quién; mudarte a otra ciudad, estado o país; y muchas otras más decisiones que la vida nos va presentando, debes de tomarlas con tu presente y futuro en mente. Al final del día, quien va a tener que vivir con los resultados de las mismas, eres tú.

Pero, tampoco puedes fingir que esas decisiones no tendrán repercusiones en la vida de otras personas. ¿Debería esto ser un impedimento para que aun así tomes la decisión que a tu criterio es la mejor? En general, no, no debería serlo. Sin embargo, y dependiendo de la magnitud de la decisión, es algo que debes considerar en tu tabla de pros y contras; y que definitivamente debes compartir con tu círculo inmediato o de interés.

Por ejemplo, si decides estudiar un curso y compartes casa con otras personas (tu familia nuclear, compañeros de casa, tu esposo, etc), tendrás que comunicar que ciertos días a la semana no estarás disponible. Eso implica que ese día tu red de apoyo tendrá que “cubrirte” en actividades que usualmente haces; o en su defecto apoyarte en cosas que tú haces para ti misma (como preparar tu comida para el día siguiente). Si la relación que tienen es buena y estable, no debería significar un mayor problema; pero aun así es tu responsabilidad comunicarlo y comentar el apoyo que podrías necesitar.

Así mismo, y creo que esto es fundamental, debes aceptar que, pese a que tu red de apoyo esté dispuesta a, justamente, apoyarte; habrá ocasiones en que no será posible. Siguiendo con el ejemplo anterior, si tu hermana te está apoyando con lavar los trastes el día que tomas clases, pero en alguna ocasión ella tiene que atender un compromiso personal; será tu responsabilidad encontrar el tiempo para atender tus clases y lavar los trastes.

De igual forma, pese a que puedas argumentar que ahora tienes más actividades que cumplir, debes buscar la manera de compensar tu “ausencia” a las personas con quienes compartes tu vida. Si tu compañera de casa accedió a hacer más parte de los quehaceres cuando asistes a clases; cuando tú estés de vacaciones lo apropiado sería que durante esos días te encargues de más responsabilidades de la casa. Después de todo, así como ella es parte de tu red de apoyo; tu eres parte de la de ella.

En fin, lo que trato de decir es que independientemente de quienes lo conformen, todas formamos parte de un sistema que nos permite avanzar. Si tomamos consciencia de esto y permitimos que cada parte se sienta respaldada a tomar las decisiones apropiadas para sí mismas, el sistema irá mejorando en su conjunto para beneficio de todas. Porque sí, tú eres quien finalmente tendrá que vivir con las consecuencias buenas y malas de tus actos, pero en ambos casos es mejor tener con quien compartirlas.

¿Tu tomarás alguna decisión pronto?

Y la vida comenzó a sonar así,… pero también así.

De seguro te ha tocado ver la video tendencia en la que las personas dicen que iniciaron a hacer algo, y de pronto su vida comenzó a sonar así; que es cuando se oye el coro de la canción “Burning Love” con Elvis Presley, acompañado por la Real Orquesta Filarmónica. Las imágenes que se presentan con la canción son de las cosas positivas que las personas han conseguido con su decisión; como puede ser la transformación física luego de iniciar a hacer ejercicio, o las experiencias y ventas que han tenido con su emprendimiento, o las citas y momentos bonitos que han compartido con su pareja. En pocas palabras, todo son sonrisas y alegrías.

Pero, como solo suceder con las redes sociales, aquí solo nos muestran la cara bonita de la moneda. Y es que, por más que una decisión sea la correcta y que nos traiga cosas positivas en el corto y largo plazo; siempre vendrá acompañada de cosas no tan positivas. Por ejemplo, en el caso del emprendimiento, habrá muchas ocasiones en que las cosas no resultarán como esperábamos, en que saldremos en números rojos, o que tendremos que trabajar días que parecieran ser de más de 24 horas. De igual forma, la decisión de poner límites para cuidar nuestra salud mental y física, vendrá acompañada de comentarios como que ya no eres una buena amiga, o que antes eras divertida (o quizás nunca lo fuiste), o que te has vuelto egoísta.

En la mayoría de los casos seremos suficientemente conscientes de nuestras decisiones para saber que son las correctas, y que debemos aferrarnos a ellas pese a que el camino no sea siempre fácil; pero no por eso deja de dolernos. Más aún, habrá días en que la negatividad sea tanta que estaremos tentadas a tirar todo por la borda y regresar al proverbial malo por conocido. En momentos como esos es cuando más debemos recordarnos que, tal como pasa con las estaciones de radio, la canción eventualmente cambiará.

Así pues, por supuesto que habrá días que suenen como “Burning Love”; pero también habrá días que suenen como “Lonely” de RM de BTS, otros como “Happy” de Pharrel Williams, y otros más que sonarán como “Ain’t it Fun” de Paramore, con toda su animada ironía. Y claro, habrá días que sonarán como todas estas canciones juntas.  Y luego también vendrán días que sonarán como canciones que jamás habíamos escuchado, pero que en cuanto lo hagamos, sabremos que es nuestra canción. Solo hace falta que sigamos escuchando.

¿A ti cómo te suena la vida?