Se dice, y se dice bien, que un viaje se disfruta tres veces: cuando lo planeas, cuando lo vives, y cuando lo recuerdas. Puedo dar fe que esto es cierto no sólo para los viajes, sino también para otro tipo de eventos que marcan un antes y un después en nuestras vidas. Un concierto, una boda, una graduación, una fiesta de cumpleaños especial, una reunión de exalumnos; en fin. Estas y otras muchas experiencias nos permiten vivir procesos increíbles que se quedan con nosotras tiempo después del gran evento.
Lo que sí, casi nunca se habla de lo vacío que puede sentirse todo justo cuando la experiencia como tal termina, y volvemos a la normalidad. Y no me refiero solo a ese anhelo de estar batallando con el sistema de transporte de Ámsterdam en lugar de renegar porque no te han enviado una factura, o porque el dichoso algoritmo te sigue mostrando ideas de fotos que podrías haber tomado en tu graduación y que no se te ocurrieron en su momento. No, realmente me refiero a ese vacío tangible que se siente luego de que regresas; porque ya no tienes nada que preparar.
Quizás tú y tu pareja habían decidido dedicar 2 horas los jueves a planear detalles de la boda; y luego de la luna de miel te das cuenta de que no sabes qué hacer con ese tiempo. O peor aún, llenas esas horas con nimiedades, y deja de ser un tiempo consciente y con propósito para ser otras 2 horas más del día.
O quizás tu grupo de amigas tenía un documento de Excel compartido (lo admito, yo soy la que lo crea la más de las veces), en el que iban anotando todo lo relacionado con el viaje: itinerarios de vuelos, nombres de hoteles, fechas de tours, listas de cosas que había que llevar, y un motón de cosas más. Y cada vez que entrabas a actualizarlo, sentías una emoción especial dentro de ti; pues cada celda llenada te acercaba más a vivir ese momento. Pero cuando el avión aterriza de regreso a casa; ese Excel se queda inerte. Puede que entres a verlo de vez en cuando para recordar, pero el sentimiento que tenías al actualizarlo ya no está. Y entonces te preguntas, ¿cómo llenaba mis días antes?, ¿a qué me dedicaba antes de planear ese sueño? Como dije un poco más arriba, lo más seguro es que lo llenabas con todo y nada; con pendientes en lugar de ilusiones.
Bueno, me dirás, pero aquí es donde entra lo que comentabas al principio; ahora toca recordar la experiencia. Pues sí, pero, ¿cuánto tiempo te dura eso? Quiero decir, cuando vuelves del concierto la gente te pregunta cómo te fue, muestras tus videos, compartes anécdotas; pero hasta ahí. Quizás sea el tema de conversación de un par de reuniones, pero luego de eso se pasa a otros temas. Siendo que antes, gente que no sabe nada del artista que vas a ir a ver, te mandaba publicaciones o videos o noticias relacionadas con el concierto; porque sabía que para ti era importante y/o podría servirte. Y eso ya no está luego de que vuelves; porque justo el espectáculo debe continuar, ahora con otras atracciones.
Vale, dirán las optimistas, ¡entonces ahora toca planear la siguiente aventura! Perosiendo sinceras, ¿cuántas aventuras puede una persona promedio planear en un año? Y sobre todo aventuras que impliquen una preparación del tamaño que comento. Para una escapada de fin de semana quizás solo necesitas un par de horas la semana previa; así que no se siente tanto cuando pasa. Para un viaje a Nueva York sí que vas a necesitar más que eso, y se resentirá una vez que termine.
Además, existen aventuras que sólo puedes vivir una vez, como graduarte de la carrera. O incluso aunque puedas vivirlas varias veces, cada una será diferente porque tus circunstancias son distintas. Eso de que ni el río ni tu son el mismo es muy cierto.
¿Qué hacer, entonces? Para ser honesta, no lo sé. Quizás la respuesta sea una mezcla de todo lo que hemos venido comentado. Pero creo que lo más importante es también lo más difícil: el no dejar que las prisas de la vida diaria hagan que el tiempo que dedicábamos a planear algo que nos llenaba de ilusión, pase ahora a ser tiempo que no sabemos en qué se nos va. Debemos proteger ese tiempo y llenarlo con oportunidades para ser felices. No importa si aún no estás planeando el viaje del próximo año, puede que ahora ese tiempo lo dediques a leer ese libro que tenías pendiente; o quizás puedas dedicarlo a platicar con una amiga, o puedes salir a caminar al parque enfrente de tu casa.
La ilusión no tiene que ser grande, basta con exista, y que estés dispuesta a vivirla.
¿Tú cómo llenas el tiempo que dedicabas a un sueño?
