¿No les ha pasado que, por azares del destino, empiezan a ver publicidad de algún programa, y que malamente sin conocerlo; lo juzgan como “ese no es mi estilo” y pasan de largo? Pero, como el algoritmo de internet trabaja de formas misteriosas, sigue saliendo publicidad de este contenido; y en una ocasión quizás por no ponerle saltar o similar, terminas viendo el anuncio o el corto del programa. Sigues pensando que no es tu estilo, pero en el video te dejan a la mitad de algo que te interesó; luego de mucho pensarlo decides buscar el video original para enterarte del contenido completo y pasar el rato. Lo empiezas a ver desde tu posición de ese no es mi estilo sólo lo estoy viendo para no quedarme con la duda, etc. Pero, empiezas a disfrutarlo; las ideas que comentan se te hacen interesantes, e incluso te empiezas a identificar con alguna de las conductoras. Y así, sin más, pese a que a primera vista no es algo que tu misma u otras personas pudieran señalar como “tu estilo”, te das cuenta que te gusta y quieres seguirlo viendo.

Comúnmente a este tipo de gustos les ponemos el mote de “culposos”, pues nos da cierta pena decir que los disfrutamos; precisamente porque no es algo que vaya con la imagen que nosotras u otras personas tenemos/tienen de nosotras. Entonces, por guardar las apariencias, prefieres no hacer muy público que te gusta tal o cual cosa, y la disfrutas digamos a escondidas. Pero, sinceramente, esto le quita sabor a ese disfrutar; principalmente porque cuando pasa algo interesante o emocionante en ese nicho de tus gustos, no puedes compartirlo con tus amistades o familia por miedo a que te juzguen. Ese, creo, es realmente el motivo por el que le se les dice gustos culposos: porque la culpa nos impide disfrutarlos completamente.

Pero, hablando con la verdad, si algo te produce felicidad, ¿porqué tendrías que sentirte culpable por ello?, o más aún ¿porqué tendrías que avergonzarte de ese gusto? Mientras sea algo que no atente contra la dignidad de nadie, y se disfrute de manera sana sin llegar a ser una obsesión; lo ideal sería poder disfrutar de ello abiertamente y también compartirlo con aquellas personas que disfrutan verte feliz. La vida ya nos presenta bastantes complicaciones a diario como para que encima de todo nos neguemos momentos de alegría solo por el qué dirán, o para conservar una imagen construida sobre nosotras que a lo mejor ya no es válida con la realidad que estamos viviendo.

Además, el permitirnos conocer o probar cosas nuevas amplia nuestra experiencia de vida, y nos permite crecer nuestra tolerancia y aceptación de aquellas cosas que son distintas a las que acostumbramos. No todo tiene que gustarnos, y tampoco tiene que gustarnos el todo de algo, pero ciertamente todo contribuye a nuestro crecimiento personal y a lo que podemos aportar a nuestras comunidades. Así pues, démonos el permiso de disfrutar nuestros gustos sin culpa, y demos ese mismo regalo a las personas que nos rodean.

¿Tú tienes algún gusto que te cueste compartir?

PD. Por si se quedaron con la duda, el programa que motivó esta entrada es el de Envinadas.

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