Hace poco terminé de leer el relato «La garza blanca», que narra la historia de una niña que quiere descubrir el nido de dicha ave. El relato hace una detallada descripción de cómo la niña sube un gran árbol para encontrar el nido: como la corteza se siente áspera en sus manos, así como lo pegajoso de la resina; las ardillas y pájaros que se asustan a su paso, como y finalmente ve el amanecer cuando alcanza la cumbre. Antes de esto, la autora también nos cuenta un poco la cotidianidad de la protagonista, en la que lleva a pastar a una vaca algo perezosa.

Mi mamá leyó el relato poco tiempo después, y mientras lo comentábamos le dije que me había agradado mucho la descripción tan detallada que la autora hacía de las experiencias de la niña, pues así pude imaginarme mejor la historia. Coincidió conmigo en que a ella también le había gustado la descripción, pero a diferencia de mí, ella no tuvo que imaginar las descripciones, sino que hizo evocaciones de su infancia. Pese a que ella, igual que yo, vivió su infancia y adolescencia en una ciudad; para ella era mucho más común y fácil salir al campo con su prima y amistades.

Con esto en mente, me puse a pensar como usualmente decimos que gracias a los viajes puedes tener un mejor entendimiento de las diferentes realidades del mundo, y a la vez hacer mejores conexiones entre los conceptos y experiencias que vas viviendo. Esto es algo con lo que coincido totalmente, pues lo he experimentado por cuenta propia. Pero creo que deberíamos dar esa misma importancia de experiencias enriquecedoras a las viviencias que tenemos en la naturaleza, así sea algo tan simple como subir la colina más cercana a tu casa o algo más «majestuoso» (lo pongo entre comillas porque para mí ambas experiencias podrían llevar ese adjetivo) como apreciar una imponente cascada. No solo eso nos acerca a una realidad diferente a la nuestra, sino que nos hace más conscientes de la importancia de la conservación. Al fin y al cabo, es más probable que nos opongamos a la destrucción de un cerro si tenemos buenos recuerdos de cuando lo subimos en familia.

Estoy consciente de que, con las exigencias de la vida actual, cada vez es más difícil que las familias de la ciudad tengan la oportunidad de visitar el campo o hacer actividades al aire libre; pero a la vez creo que es algo que debe fomentarse. Hacerlo no solo traería mejoras a la salud, asi como que a la vez fomenta la conservación natural y el esparcimiento alternativo; sino que también es una manera de expandir nuestro conocimiento del munfo exterior y de nuestro mundo interior. En una época en que las conversaciones tratan sobre tantas cosas creadas por la humanidad, es importante darnos el espacio para hablar sobre las creaciones de la naturaleza; así sea para tratar temas trascendentales o solo para poder disfrutar mejor de un buen libro.

¿Tu qué recuerdos tienes con la naturaleza?

PD El relato lo pueden encontrar en el libro «Mujeres que cuentan».

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