En la plaza que se encuentra detrás de la Catedral de Parral, existen 2 monumentos. Uno de ellos es en honor al primer obispo de dicha ciudad, nombrado como tal en 1992. El mismo es un busto de dicho personaje, engalanado con la vestimenta y símbolos de su cargo.

El segundo monumento, es más sencillo. Se trata de una columna sobre la que reposa un balón de fútbol, el cual se ve un poco desgastado por el tiempo. Este monumento es en honor a Jesús Valdez, conocido como el Cuadrado; personaje que, entre otras cosas, salvo a varias personas durante la gran inundación de la ciudad (sucedida hace casi 80 años). Como en la mayoría de las historias locales, existen diferentes versiones de lo ocurrido; pero se afirma que gracias a su valor, pudo rescatar al menos a 100 personas.

Es bastante peculiar que estos dos personajes tan dispares compartan una misma plaza como espacio para su memoria. Se podría pensar que el obispo fue el más importante, pues fue el primero de dicha diócesis; pero al menos yo no pude encontrar mucho de su vida y obra. En cambio, el Cuadrado ha permanecido vigente en la memoria colectiva de la población, e incluso es su monumento el que es señalado como punto de interés durante los recorridos turísticos de la ciudad. Además, su acto de heroísmo sigue usándose como ejemplo para las corporaciones de seguridad y apoyo de Parral.

Entonces, ¿cuál de estos personajes fue más importante? Como tantas otras cosas, la respuesta dependerá de a quién le estés preguntando. Pero lo que hay que reconocer es que, independientemente de la respuesta; se decidió darle a cada uno un monumento para recordar el servicio que hicieron a la ciudad.

Posiblemente las personas que tomaron la decisión de erigir ambos monumentos no lo contemplaron, pero su decisión nos da una enseñanza no sólo sobre el agradecimiento, sino también sobre la importancia de juzgar a cada persona y acto dentro de su respectiva proporción. Durante nuestra vida cotidiana es común que tendamos a minimizar (cuando no a menospreciar) logros y acciones, propias y ajenas, pues las vemos como algo simple o que no aporta mucho valor. Esto se da sobre todo cuando comparamos tales acciones con otras que, a nuestro punto de ver, son más encomiables.

Sin embargo, al hacer esto perdemos de vista que es gracias a esas acciones “simples”, que la vida puede continuar con naturalidad; y que las mismas sirven como base para lograr acciones más “grandes”. Meditar media hora al día no nos convertirá en guías espirituales ni mucho menos; pero nos permitirá tener una mente más tranquila para tomar mejores decisiones para nosotras mismas y las persona que nos rodean. Emitir nuestra opinión en los presupuestos participativos de nuestras comunidades quizás no sea el gran acto de presión social, pero sí ayudará a mejorar la vida de varias personas. Regar mis plantas no aportará nada a la sociedad en general, pero a mí me hará feliz, y eso también es importante.

Así pues, en lugar de andar por la vida decidiendo cuál acción importante, y dentro de ese grupo cuál es más importante que las otras, aprendamos la lección que nos da la ciudad de Parral. Cada persona y su obra tiene importancia dentro del gran esquema de las cosas, sea evidente o no; y por tanto merecen ser recordadas y reconocidas. Quizás no todas tengan un monumento físico, pero si lo tienen dentro de nosotras, con eso será suficiente.

¿Tú a qué acción o persona le dedicarías un monumento?

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