Entre todas las clasificaciones que existen, considero que el aprendizaje puede darse de dos formas. El primero es un aprendizaje intencionado o planificado, en el que la persona tiene interés de aprender algo en concreto, y toma acciones para lograrlo. Esto va desde tomar algún curso o certificación formal sobre el tema, o bien leer libros o artículos especializados sobre el mismo. Claro, también puede ser algo menos estructurado, como el ver algún video o documental, o escuchar un podcast. Lo importante es que la persona busca activamente la manera de ampliar sus conocimientos sobre el tema o temas que le interesan.

Ahora, el segundo tipo lo defino como un aprendizaje espontáneo; que como su nombre indica, es el que se da de manera casual, sin que la persona lo haya buscado. Un ejemplo de ello es cuando estás leyendo una novela, y como parte de la trama la autora explica el proceso para preparar una bebida; o bien describe someramente un hecho histórico sobre el que no se tenía conocimiento previo. El descubrir este pequeño trozo de información puede o no fomentar que queramos aprender más sobre el tema; pero al menos esa parte de conocimiento ya se quedó con nosotras.

Dentro de las muchas formas en que este segundo tipo de aprendizaje puede llegar a nuestras vidas, creo que una de las más satisfactorias es cuando el mismo se adquiere mediante la plática con otra persona. Da lo mismo si es una amiga de tiempo atrás o si es alguien a quien acabamos de conocer, escucharles hablar sobre un tema que es nuevo para nosotras es muy entretenido; pues no solo nos dan la parte técnica del mismo, sino que lo complementan con sus propias opiniones y experiencias, lo que hace la plática aún más estimulante.

 Si además de eso tenemos la fortuna de que el tema en cuestión sea uno que les apasione, entonces decididamente tendremos una experiencia para recordar. No sólo la forma en que nos transmitan ese conocimiento será mucho más interesante y divertida, sino que hará que nuestro interlocutor se relaje, lo que a su vez nos permitirá conocerle mejor que si solo se hablara de temas más convencionales. Así mismo, uno de los mejores sentimientos es el saber que la persona con quien estás interactuando te está escuchando atentamente, por lo que nuestro interlocutor se llevará una muy buena impresión de una charla en la que tuvo la oportunidad de compartirnos algo, y que nosotras lo recibimos con gusto y atención.

Podría decirse entonces que el aprendizaje espontáneo que se da mediante una charla, en realidad nos permite aprender sobre varias cosas a la vez. Una por supuesto es el tema del que se está hablando, y otra, como ya dije, es el poder conocer mejor a la persona con quien platicamos. Igualmente, como este es un tema nuevo para nosotros, escuchamos justamente con la intención de aprender, en lugar de solo responder. Entonces, este tipo de interacciones nos permiten practicar la escucha activa, un componente indispensable para tener relaciones saludables. Como estas pláticas de conocimiento espontáneo tienden a dejarnos un buen sabor de boca; iremos aprendido a relacionar la escucha atenta con experiencias positivas, lo que con suerte nos llevará a aplicarla en las demás interacciones de nuestro día a día.

Aprender siempre es algo maravilloso, y aprender con otras personas lo es aún más. Entonces, en esta época en la que el conocimiento está al alcance de la mano de tantas formas distintas; no perdamos de vista que una de esas fuentes son las personas que tenemos a nuestro alrededor. Podemos aprender mucho y de varias cosas mediante esas charlas, y de pasada disfrutar de un momento de calidez humana, tan necesaria en estos tiempos acelerados.

¿Tu con quién quieres aprender?

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