Usualmente, cuando se habla de purificación, se piensa en el proceso de eliminar algo. Por ejemplo, un método sencillo de purificar agua es hacerla pasar por un cedazo, para que objetos como piedras, hojas o similares queden de un lado, y el agua del otro. En un contexto religioso, es común que se practiquen ayunos para poder “sacar” lo mundano del cuerpo, y así dejar espacio para lo espiritual. Recientemente también se habla mucho de “soltar” cosas o circunstancias, para que pueda llegar algo nuevo.

Ahora bien, está práctica de eliminación es bastante lógica, y en algunos casos la más viable para corregir un problema; pero quizás no sea la más apropiada a aplicar en temas de la vida diaria. Al final del día, todas las personas tenemos huecos en nuestro interior que necesitamos llenar, y en algunos casos lo hacemos de la manera incorrecta. Esto puede ser mediante comida poco saludable, pasar mucho tiempo jugando videojuegos; o incluso abusando de hábitos otrora saludables o inocuos, como hacer ejercicio o dedicar un poco más de tiempo al trabajo.

Si siguiéramos el principio de la purificación, entonces se sugeriría a las personas que corten de tajo esos hábitos que les están afectado; como puede ser deshacerse de la comida chatarra que tienen en casa. Pero el problema es que estas medidas no te dan ninguna sugerencia sobre qué hacer con el hueco que nuevamente vas a sentir al dejar de lado tu mecanismo de defensa. Y es por esto precisamente que muchas personas fracasan en sus intentos de darle vuelta a su vida: se sienten tan vacías, que regresen a aquello que elimina esa sensación; aún y cuando sean conscientes del daño que les hace.

¿Qué hacer entonces? Según lo observado en muy diversos contextos, lo mejor es buscar purificarse mediante la adición de cosas buenas a nuestras rutinas, para que no resintamos la falta de las malas. Un ejemplo de ello son las dietas bien dirigidas; las cuales les dan a las personas alternativas saludables cuando sienten la necesidad de consumir algo con azúcar o carbohidratos. Esto es especialmente importante cuando la compulsión de comer tiene una parte emocional, como reducir el estrés.

Esta filosofía también puede aplicarse a otras instancias, como pueden ser algunas de las etapas del síndrome de desgaste profesional. Una de ellas es la necesidad que sentimos de trabajar más tiempo, pues es la única forma que vemos para poder salir adelante con todos los proyectos que tenemos. Si bien es cierto que en ocasiones no queda de otra más que darle, también es cierto que esta práctica no es sostenible, pues lo único que conseguimos es justamente desgastarnos más y por ende rendir menos.

Pero si la sugerencia es simplemente decirle a la persona que salga a su hora y se vaya a descansar; no es algo que vaya a funcionar. En primer lugar, es poco probable que la persona descanse, pues seguirá pensando en todos los pendientes que aún tiene y que se irán acumulando con los del día siguiente. Además, cómo la persona no está acostumbrada a descansar, usará ese tiempo en actividades que no le aporte y que quizás le cansen más (como desvelarse viendo videos en internet). En segundo lugar, el trabajar de más (por mucho o poco eficiente que sea), da la sensación de que se está haciendo algo para resolver el problema; por lo que tomarse un descanso se siente más bien como una pérdida de tiempo y produce malestar en lugar de bienestar. Ergo, al día siguiente volvemos a las andadas.

Sin embargo, si cambiamos la estrategia y le sugerimos a la persona que ese tiempo “libre” lo ocupe en otra cosa, pero que esta sea con un enfoque diferente; entonces las posibilidades de éxito aumentan. Por ejemplo, si la persona usa ese tiempo para preparar su comida del día siguiente, experimentará una sensación de logro por haberlo hecho, y también eliminará una parte del estrés de la mañana siguiente al no tener que estar corriendo por una cosa más. Finalmente, cuando coma su comida, sentirá una gratificación inmediata de su trabajo; algo sumamente importante en casos de estrés por trabajo.

Como este existen otros ejemplos en los que la mejor manera de eliminar cosas negativas de nuestra vida, es agregando más cosas buenas. Como ya hemos dicho, además de evitar la sensación de vacío que implica dejar una rutina; el sentir la satisfacción que nos produce la nueva actividad, nos incitará a seguirla realizando. Y así poco a poco entramos a un círculo virtuoso de agregar más cosas positivas a nuestras rutinas, hasta que con el tiempo estas sean más que las negativas.

Esto último creo que merece una mención aparte. Sin importar lo que hagamos o dejemos de hacer, siempre habrá un punto negativo en nuestra vida; quizás temporal o duradero, pero ahí estará. Lo que realmente importa es que seamos conscientes de ello, y que entendamos que esto no significa que todo lo demás esté mal. Al igual que el agua que pasa por el cedazo, habrá algunas impurezas que persistan; pero eso no impide que podamos disfrutarla.

¿Y tú como te purificas?

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