Estos últimos días he tenido la oportunidad de ser turista en mi ciudad y en mi estado. En algunos casos eso ha significado visitar lugares a los que no había ido en algún tiempo, pero que de alguna manera están presentes debido a su relación con otros lugares históricos, o bien por su relación con mis anécdotas familiares y personales. Por ejemplo, al visitar un museo me acordé de pronto del papá de una compañera de la primaria a la que tengo más de 18 años sin ver.

Por otro lado, este recorrido turístico también me ha permitido recordar la importancia histórica de ciertos lugares por los que paso frecuentemente. Por ejemplo, la iglesia a donde voy cada domingo fue donde estuvieron depositados los restos de Miguel Hidalgo por 16 años. No fue sino hasta que se lo comenté a unos amigos que me percaté de lo curioso que es que dicho lugar no sea tan reconocido como un punto de interés en la ciudad.

Este viaje en pequeño también me ha llevado a conocer lugares nuevos, a los que tenía muchas ganas de ir pero que por una u otra causa no había sido posible. En estos lugares he aprendido cosas interesantes, como que en el norte del estado hubo alguna vez una importante zona de crianza de guacamayas; así como comer comida deliciosa, y ver en vivo lugares y procesos que solo conocía mediante relatos o lecturas.

Como pueden ver, he disfrutado mucho de estos paseos locales; pero también me percatado de lo mucho que falta por hacer en materia turística en mi comunidad. Desde mejorar la infraestructura carretera para que sea más fácil llegar a diferentes lugres, promover que la ciudadanía conozca sobre las atracciones y experiencias que dichos lugares ofrecen (¿alguien conoce la cerámica de Mata Ortiz?), tanto para que los disfruten como para que puedan ser promotores de los mismos; así como una amplia labor de mantenimiento a aquellos lugres que pertenecen al patrimonio de la región. Entiendo que la prioridad de las autoridades sea resaltar otras virtudes del estado, como su capacitada mano de obra; pero no por eso es válido dejar de lado otras virtudes que poseemos.

Algo similar creo que pasa con nosotras mismas. Estamos tan ocupadas en  adquirir, perfeccionar y validar aquellas habilidades o conocimientos que son “productivamente útiles”, que nos olvidamos de las otras características que constituyen nuestra totalidad. Por eso es que ha pasado mucho tiempo desde que nos aventuramos a salir a caminar y tomar fotos de la naturaleza, y por eso sentimos que nuestras fotos ya no son tan bonitas como antes; y también que hemos olvidado que nuestro gusto por la lectura es lo que nos permite comunicar nuestras ideas apropiadamente, aún en un idioma diferente al nuestro. Así como que hemos olvidado lo relajante que nos resultaba colorear, y es el motivo por el cual ahora nuestros libros y colores estén un tanto llenos de polvo.

Entonces, así como es bueno hacer turismo local; les invito también a hacer un poco de turismo interno. Revisitemos y redescubramos esos aspectos de nosotras mismas que se nos ha olvidado cultivar y comunicar; dediquémosles tiempo para que puedan florecer, y de esta manera podamos sentirnos más plenas y con más cosas para compartir.

¿Tú qué lugar quieres visitar?

Deja un comentario