Este próximo 8 de abril habrá un eclipse total de Sol, el cual será visible en buena parte de Norteamérica. Debido a que este tipo de eclipses son bastante raros (de acuerdo con la Nasa el siguiente eclipse total visible desde todos los estados de Estados Unidos ocurrirá en 2044); se ha levantado bastante expectativa y barullo sobre el mismo. Desde noticias señalando la venta de lentes protectores apócrifos, opiniones respecto a si las vacaciones de Semana Santa deberían extenderse un día más para disfrutar de este evento astronómico, hasta otras señalando la importancia de los eclipses para las civilizaciones antiguas.

En este último contexto, pese a la distancia geográfica y en algunos casos temporal entre diferentes civilizaciones, un tema común es que las mismas asociaban estos fenómenos con un estado de incertidumbre, pues se creía que el Sol era atacado por fuerzas malignas y oscuras, poniendo en peligro la continuidad de la vida. Es por eso que los mayas llamaban a este fenómeno “Sol Roto”, y había que hacer una serie de rituales para fortalecer a Kinich Ahau (deidad solar) durante su lucha,lucha, y así garantizar su triunfo.

Una ventaja de los mayas es que sus observaciones astronómicas les permitían predecir este tipo de fenómenos con gran exactitud, como se comprueba en el Códice de Dresde, por lo que podían planear con antelación lo necesario para dichos rituales y sacrificios; e incluso los iniciaban poco antes del eclipse para mayor seguridad. Lamentablemente, a diferencia de ellos, nosotras no contamos con las herramientas que nos permitan predecir cuándo tendremos nuestros eclipses personales. Podemos analizar patrones para decir si las cosas están siendo más difíciles que de costumbre, pero es complicado definir qué será aquello que nos quebrará; sobre todo porque podría ser algo incluso intrascendente en el momento.

¿Qué hacer entonces? Aprender de dichas civilizaciones y poner en práctica rituales con antelación. Cosas tan aparentemente sencillas como procurar mantener una rutina de sueño, comer adecuadamente y en horarios regulares, y activarnos físicamente en nuestro día a día son fundamentales para fortalecernos y estar preparadas ante alguna crisis. Si a eso le sumamos dedicarnos tiempo para apreciar las pequeñas cosas de la vida, tener conexiones de calidad con nuestros seres queridos, practicar algún pasatiempo que fomente nuestra creatividad, llevar un diario de gratitud y felicitaciones, entre otras actividades de auto-cuidado; entonces estaremos en mejor posición de afrontar esos momentos de oscuridad e incertidumbre.

Finalmente, pero no menos importante, debemos también tener la humildad y valor para reconocer que requerimos ayuda para poder prepararnos. Como ya he dicho en ocasiones anteriores, que nuestras redes de apoyo tengan un profesionista de la salud  y la espiritualidad (llámese psicóloga, coach, guía espiritual, etc), las vuelve más fuertes. Después de todo, en los tiempos antiguos, eran los sacerdotes, personas sabias y preparadas, quienes apoyaban al pueblo tanto en la preparación de los ritos como durante el momento del eclipse. No veo porque nosotras no podamos buscar a sus equivalentes modernos.

Tal como se comentó en párrafos anteriores, los eclipses totales de Sol son bastante raros; pero no así los eclipses personales. Aprovechemos la oportunidad que este fenómeno astronómico nos brinda para tener un momento de introspección, y así estar preparados para cuando nuestro sol se rompa. Pero también, y eso es lo más importante, para prepararnos para el nacimiento de un nuevo Sol.

¿Cómo será tu nuevo Sol?

Deja un comentario