Cuando calificamos a una persona como disciplinada, normalmente nos referimos a alguien que sigue puntualmente una serie de procesos y/o rutinas. Por ejemplo, las personas que se levantan a correr a las 5am sin importar nada; o aquellas que siguen puntualmente un estilo de alimentación. De esta forma, se hace referencia a dos de las virtudes que, según los romanos, debían poseer quienes se considerarán seguidores de la deidad Disciplina; esto es la severidad (entendida como tener un comportamiento que no sea fácil de disuadir) y la lealtad.
Sin embargo, como ya comenté en una entrada anterior, el mundo que vivimos rara vez permite purismos de ese estilo. Por ejemplo, yo tengo una rutina de activación física que procuro hacer por las mañanas; pero en ocasiones no me es posible. Ya sea porque estoy de viaje, o porque ese día tuve que levantarme más temprano de lo usual, o simplemente porque el día anterior fue muy pesado y preferí dormir un poco más.
¿Qué hago entonces? En la mayoría de los casos busco acomodar mi rutina en un horario diferente; lo cual implica que cambie un poco los ejercicios para que sean más acordes a lo que mi cuerpo necesita antes de acostarme, por ejemplo. En otras ocasiones hago una versión corta de la rutina, enfocándome en aquello que me ayudará más en el día, como son los estiramientos si es un día en que estaré mucho tiempo sentada. Y en otras ocasiones, simplemente decido que una actividad que haré (caminar por un parque cuando estoy de viaje) sustituye a la rutina habitual; al final del día lo que yo busco es tener un momento de actividad física así que no es como que estuviera faltando a mi intención original.
Entonces, ¿soy disciplinada, o no? Si atenemos a la cualidad de la severidad, podríamos decir que no, pues me desvío “fácilmente” de mi rutina. Por otro lado, cumplo bastante bien con el principio de la fidelidad; pues mi objetivo no es hacer una rutina en particular, sino más bien activar mi cuerpo y obtener los beneficios de ello: estar más despierta durante el día, dormir mejor, cuidar mis articulaciones, prevenir enfermedades, etc. Así pues, ¿cómo responder?
Antes de contestar esta pregunta, quizás sea prudente considerar una cualidad que usualmente se relaciona con la disciplina, y particularmente con su principio de lealtad; es decir, la constancia. Tú puedes confiar en una persona que es constante, pues hará lo que corresponde pese a los obstáculos. Por esto mismo, una amistad que es constante te da un sentido de apoyo y de seguridad, tanto en el día a día como en las situaciones extraordinarias; aunque esa constancia se manifieste de formas diferentes. Quiero decir, yo no tengo conversaciones largas diarias con mis amigas, pero siempre les pregunto cómo están; para hacerles saber que estoy aquí.
Volviendo a la pregunta, creo que ya me es un poco indiferente si me califican como disciplinada o no; pues me importa mucho más ser constante, sobre todo por la versatilidad que eso implica.
No hace mucho me frustraba y molestaba mucho conmigo misma si no podía seguir puntualmente una rutina, pero luego entendí que eso solo restaba aún más a mi día y a mi bienestar. Ahora, trato de tener un objetivo definido, e idear una forma en la que quiero alcanzarlo, pero entendiendo que puedo hacer las modificaciones necesarias en función de cómo voy avanzando, cómo me voy sintiendo, y qué voy descubriendo. En otras palabras, le bajé el grado a la severidad, pero mantuve (e incluso aumenté) el de la lealtad. Viendo mis resultados, tomé la decisión correcta.
¿Tú en cuál cualidad quieres enfocarte?
