Empecé a usar lentes cuando tenía poco más de 11 años, pero en aquél entonces no les tenía el aprecio que les tengo ahora. Si soy sincera, no me gustaba usarlos del todo, en parte por el estigma social, y porque tampoco creía que fueran precisamente necesarios. En ese entonces pensaba que “olvidar” ponérmelos era como olvidar ponerme aretes, un pequeño inconveniente; y que eran algo que necesitaba para la escuela, pero no para el día y día.

Unos meses después fui de vacaciones con mi familia, a un lugar que tiempo después sería considerado pueblo mágico. Ciertamente es un lugar bonito, hace tiempo que no voy, pero en aquél entonces se podían ver miles de estrellas a simple vista. Pero yo no pude apreciarlas en su totalidad; porque como eran vacaciones, no había llevado mis lentes. No puedo decir que mi actitud hacia mis lentes cambió por ese incidente en particular, pero sí me ayudó a entender su necesidad; y más allá de esto, como el usarlos me permitiría disfrutar más la vida.

Conforme ha pasado el tiempo, me he encontrado con más situaciones similares, en las que he necesitado hacer algo para sentirme mejor; pero que inicialmente me parecía innecesario o incluso vergonzoso, usualmente por un estigma social. Algunos han sido sencillos de superar, como tomar vitaminas; otros han tomado un poco más de trabajo, como ir a terapia; y otros más siguen en lista de espera. Pero cada vez que me he abierto a intentarlo, me ha ido bastante bien, y como dije en el párrafo anterior, he disfrutado más la vida gracias a ello.

Seguramente tu también has pasado algo similar, o quizás lo estés pasando en este momento; o alguien a quien amas está en ese proceso. Lo más que puedo decirte es que tengas paciencia, tanto para los procesos largos como para los cortos. En un principio parecerá que estás cargando con un cartel gigante que dice “no pude sola, y ahora tengo que usar X para poder seguir adelante”. Pero conforme sientas los beneficios de tu decisión, el cartel pasara a decir “fui valiente para admitir que necesitaba ayuda, y ahora X me ayuda a ser más feliz”.

Quizás con el tiempo ese X cambie, o puede que incluso algún día ya no lo necesites; o puede que sea algo que te acompañe para siempre. Cualquiera que sea el caso, lo importante es ir avanzando ese camino, adaptándonos conforme la situación y nosotras mismas cambiemos; pero sobre todo amando la persona que somos en cada etapa.

Yo sigo usando lentes, y posiblemente lo haga para siempre. Y ahora es algo que disfruto mucho, siento que son parte de mi personalidad; y por tanto el escoger un nuevo armazón es algo que me emociona. Siento que me bridan otra forma de expresarme.

Así que sí, mis lentes me permiten disfrutar más mi vida porque me permiten verla con más claridad, pero también porque me abrieron un nuevo espacio para disfrutar. Lo mismo ha sucedido con las otras cosas que comenté al principio, y espero que sea el caso para las qué intentaré en el futuro.

¿Tú qué quieres intentar para disfrutar más tu vida?

Deja un comentario