Hace poco terminé un curso que implicaba que, una vez por semana, mi jornada laboral terminaba 2 horas más tarde de lo usual. El curso era bastante interesante y diverso, por lo que realmente disfrutaba esas horas de aprendizaje; aún y cuando eso significará tener un poco más de trabajo al día siguiente.


Conforme se acercaba el final de dicho curso, me preguntaba qué haría con esas 2 horas extra que volvería a tener para mi uso personal. Quería que las mismas siguieran teniendo sentido, y que no se convirtieran solo en un par de horas perdidas en el celular. Sabía también que necesitaba algo concreto y que fuera, digamos “agendable”, para luego no caer en la tentación de “darme permiso” de no hacerlo, pues así no iba a llegar a ningún lado. Pero a la vez sabía que necesitaba de algo que fuera semi-flexible, pues la vida es la vida y las cosas suceden, así que habría días en los que no podría dedicarle esas dos horas a una actividad en concreto; y no quería sentirme mal por ello después.


Mientras seguía pensando cómo hacerle, me hice la pregunta: ¿por qué me estoy forzando a que sean 2 horas seguidas de actividad? Cuando tomaba el curso era obvio que tenía que ser seguido, pues así estaba diseñado para aprovecharlo mejor; pero ahora yo era libre de elegir cómo quería pasar mis horas, y el poderlas dividir en períodos de tiempo más cortos me daría la oportunidad de disfrutar más actividades. Y así lo hice, tengo una actividad larga de una hora un día, y la otra hora la tengo repartida en una mini actividad diaria.


De esta situación saco algunas reflexiones. La primera, es muy común que, en las clases de negocios, y luego en el mundo real de los negocios, se incite a pensar “fuera de la caja”, infiriendo que debes ver los problemas o retos desde ángulos diferentes para encontrar una solución “disruptiva” que maximice los beneficios. Lo cual está muy bien, siempre y cuando recordemos que “disruptiva” no es sinónimo de grande o audaz o excesivamente innovadora. Solo es una buena solución que no se había considerado antes; y que puede incluso parecer obvia o simple una vez la definimos.


En mi caso, el recordar que podía disfrutar de esas 2 horas de manera fragmentada es lo más básico que existe, pero tuve que salirme de mi caja para poder verlo. Y una vez que lo hice, logré aumentar mi satisfacción; no solo porque podré disfrutar de más de una actividad, sino porque podré tener pequeñas dosis de felicidad diarias, en lugar de una única y grande que incluso podría ser demasiado (más de eso en breve).


Como segunda reflexión, y aplicando también lo que aprendí de mi curso; es que no debemos pensar que nuestro conocimiento tiene que ser dicotómico. Lo que aprendes en un curso perfectamente estructurado, académico y con un enfoque de negocios; puede servirte para tu vida diaria. De la misma forma, el conocimiento que aprendes de manera empírica, o por la tradición de tu familia, puede ser lo que te ayude a encontrar la solución fuera de la caja en una situación de trabajo. Como decía Terry Pratchett “el 90% de casi cualquier tipo de magia consiste en saber un dato extra”. Los datos ya están ahí, solo hay que ser lo suficientemente libres como para jugar con ellos y obtener algo en verdad especial.


Ya para terminar, mi última reflexión va de esa mentalidad que luego tenemos de “o todo o nada”. Esto puede ser desde considerar que si una experiencia no sale exactamente como nos imaginamos, entonces no vale la pena. O bien el querer sacar “todo” a partir de una sola experiencia. Si, claro que es genial vivir una experiencia épica como un concierto o ir al estreno de una película, en la que nuestras emociones y sentidos están al tope y no nos creemos lo que estamos viviendo. Esos momentos de felicidad máxima que son necesarios en nuestras vidas, pero que son eso: subidones con un tiempo definido. Por eso también son necesarios los momentos pequeños de felicidad diaria, que pueden ser recuerdos de ese gran momento; o bien momentos nuevos como la satisfacción de limpiar un espacio de tu casa o de tomar una caminata por el parque.


A lo que voy es, sí, claro que hay que buscar llenar nuestra vida de momentos increíbles, pero no querer llenarla toda de una vez; porque al final eso también es cansado. Mejor busquemos maneras diferentes de crear nuevos momentos especiales cada día, de formar una nueva parte del mosaico que es nuestra vida, para que tengamos mucho más que contemplar en los días buenos y en los no tan buenos.


¿Tú qué quieres hacer con tus días?

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