Libérate.


Acalla a ese asistente que quiere “ayudarte” a pensar, pero que terminará haciéndolo por ti.


Silencia a ese teléfono que dice mantenerte conectada, pero que no te deja estar contigo misma.


Encierra a esa computadora que te seduce para que sigas produciendo, aunque no sepas bien qué o para qué.


Finaliza con las plataformas que ofrecen contarte millones de historias, pero que obstaculizan que escribas la tuya propia.


Termina con las aplicaciones que te muestran vidas a través de cristales rosas, y que te hacen creer que la tuya es gris.


Arráncate ese reloj que no para de decirte que comiste mal, que respiraste mal, que dormiste mal, que viviste mal.


Libérate de estas y otras tantas cosas que en un inicio creamos para hacernos la vida más fácil, más disfrutable, más sencilla; y que ahora nos atosigan con su constante exigencia de atención y actualización.


Quizás esa liberación no sea posible en el largo plazo, ni de todo a la vez. Pero si puedes lograrlo por un día, o incluso por una hora, habrás recobrado algo, para ti y los demás, de un valor incalculable.


¿Tu cómo quieres liberarte hoy?

Deja un comentario