Me tocó nacer hacia el final de los años 80s, cuando la Guerra Fría estaba también llegando a su fin. Yo no lo recuerdo, pero luego de la caída del Muro de Berlín, y la posterior disolución de la USRR; el clima general era de esperanza. Tanto la población civil como los diplomáticos e historiadores consideraban que se estaba entrando a una nueva época de paz que no se vía desde las grandes guerras; en la que la democracia y la cooperación serían los valores centrales de las relaciones entre las naciones y las personas.
Como dije, en ese entonces yo era demasiado pequeña para comprender todos esos eventos históricos. Pero si recuerdo que conforme fui creciendo, en general se hablaba de que a mi generación y las subsecuentes nos había tocado vivir en la mejor de las épocas, marcada justamente por la paz y el progreso. Pero, en realidad, la guerra jamás se fue.
En 1988 empezó el Conflicto del Alto Karabaj, y oficialmente se concluyó apenas en 2024, pese a reiterados alto al fuego a lo largo de los años. La Guerra Civil somalí inició en 2001, y de alguna manera sigue vigente hasta hoy. En 1998 inició la Guerra Mundial Africana, que en sus 5 años de duración causó la muerte de al menos 3.8 millones de personas.
Por otro lado, en América Latina siguen vivos (en mayor o menor medida) conflictos que iniciaron durante los años de la carrera armamentista comunista-capitalista. Las FARC en Colombia estuvieron activas hasta 2016, cuando se firmaron los Acuerdos de Paz; pero las tensiones y transiciones aún continúan. Muy relacionado a este conflicto está la insurgencia en Ecuador, con más de 13 mil muertes.
Aquí mismo en México, en 2006 inició la fallida Guerra contra el narcotráfico, que de acuerdo con el ex presidente López Obrador, terminó en 2019; pero que a la fecha sigue cobrando vidas en ambos lados del conflicto. De igual forma, la crisis venezolana inició en 2010, causando una diáspora que según estimaciones podría superar los 9 millones de personas. El 2025 nos recibió con una conclusión de forma a este conflicto, pero el futuro del pueblo venezolano aún pende de un hilo al día de hoy.
En medio de todo esto, han surgido también las “grandes” guerras de nuestra generación, siendo la Guerra contra el Terrorismo la más sonada, y la que creo nos ha impactado más, sin importar la región geográfica de donde procedamos. Quizás esto se debe que, a diferencia de lo que veíamos en las películas y series, en esta ocasión EEUU había sido atacado en su propio territorio, por otro país, es decir por un “igual”; en lugar de por alguna raza alienígena o monstruos del pasado.
Esta guerra, que en cierto sentido es más ideológica, ha engendrado dos guerras materiales: las ocurridas en Afganistán e Irak, iniciadas casi al mismo tiempo, pero concluidas con una década de diferencia.
De forma paralela, tenemos también las guerras que han surgido en el mundo árabe, con las Guerras del Libia y Siria de 2011, en el marco de la Primavera Árabe. Y claro, imposible no mencionar el conflicto que existe, literalmente, desde tiempos bíblicos, entre Israel y el resto de la región. Los horrores que aún hoy el gobierno israelí sigue perpetrando en la franja de Gaza sin duda algún día serán vistos con la misma incredulidad y espanto con el que hoy vemos las imágenes y estadísticas del Holocausto.
Y ya para terminar este recuento, tenemos la invasión rusa en Ucrania, iniciada en 2022 y que su final aún no se vislumbra. Lamentablemente, parece que el mismo camino seguirán los recientes ataques de Israel y EEUU contra Irán, cuyo impacto apenas estamos viendo.
Considero que esto demuestra que, en la práctica, nuestra generación está muy distante a ser una generación marcada por la paz, como se nos ha hecho crear. No lo niego, las guerras que he enumerado han más sido focalizadas, y salvo contadas excepciones (como ahora), no habían disparado el sentimiento colectivo de una inminente nueva guerra mundial.
Pero lo que sí tienen todas en común, y que tienen también con las guerras del pasado; es que todas se nos han vendido como “el camino a la paz”. En todas estas ocasiones los gobiernos de todo el mundo han justificado sus iniciativas bélicas como una forma de apoyar a los pueblos oprimidos, de ampliar la democracia, de garantizar la seguridad del pueblo, de garantizar la continuidad del estado; en fin, de lograr justo la paz. Por supuesto, esto ha sido ampliamente promocionado por la industria del entretenimiento, en la que el final del cuento siempre es con el triunfo de los “buenos” y el final de la opresión; sin contarnos nunca la versión de los vencidos.
¿Fuimos entonces, alguna vez, la generación de la paz? Quizás lo que sucede es que nuestros mayores nunca nos dijeron que hablaban de una paz romana; aquella que se necesita para la calma política y el crecimiento de los sistemas económicos; no la paz que se requiere para la creación de comunidad. Esto me hace preguntarme entonces si la guerra fría, que en estricto sentido fue un enfrentamiento entre dos maneras de querer administrar el mundo; realmente terminó a inicios de 1990, o si, irónicamente, simplemente se tibió un poco, para volver ahora con mayor intensidad.
¿De qué tipo de paz crees que somos la generación?
