Gustos sin culpa.

¿No les ha pasado que, por azares del destino, empiezan a ver publicidad de algún programa, y que malamente sin conocerlo; lo juzgan como “ese no es mi estilo” y pasan de largo? Pero, como el algoritmo de internet trabaja de formas misteriosas, sigue saliendo publicidad de este contenido; y en una ocasión quizás por no ponerle saltar o similar, terminas viendo el anuncio o el corto del programa. Sigues pensando que no es tu estilo, pero en el video te dejan a la mitad de algo que te interesó; luego de mucho pensarlo decides buscar el video original para enterarte del contenido completo y pasar el rato. Lo empiezas a ver desde tu posición de ese no es mi estilo sólo lo estoy viendo para no quedarme con la duda, etc. Pero, empiezas a disfrutarlo; las ideas que comentan se te hacen interesantes, e incluso te empiezas a identificar con alguna de las conductoras. Y así, sin más, pese a que a primera vista no es algo que tu misma u otras personas pudieran señalar como “tu estilo”, te das cuenta que te gusta y quieres seguirlo viendo.

Comúnmente a este tipo de gustos les ponemos el mote de “culposos”, pues nos da cierta pena decir que los disfrutamos; precisamente porque no es algo que vaya con la imagen que nosotras u otras personas tenemos/tienen de nosotras. Entonces, por guardar las apariencias, prefieres no hacer muy público que te gusta tal o cual cosa, y la disfrutas digamos a escondidas. Pero, sinceramente, esto le quita sabor a ese disfrutar; principalmente porque cuando pasa algo interesante o emocionante en ese nicho de tus gustos, no puedes compartirlo con tus amistades o familia por miedo a que te juzguen. Ese, creo, es realmente el motivo por el que le se les dice gustos culposos: porque la culpa nos impide disfrutarlos completamente.

Pero, hablando con la verdad, si algo te produce felicidad, ¿porqué tendrías que sentirte culpable por ello?, o más aún ¿porqué tendrías que avergonzarte de ese gusto? Mientras sea algo que no atente contra la dignidad de nadie, y se disfrute de manera sana sin llegar a ser una obsesión; lo ideal sería poder disfrutar de ello abiertamente y también compartirlo con aquellas personas que disfrutan verte feliz. La vida ya nos presenta bastantes complicaciones a diario como para que encima de todo nos neguemos momentos de alegría solo por el qué dirán, o para conservar una imagen construida sobre nosotras que a lo mejor ya no es válida con la realidad que estamos viviendo.

Además, el permitirnos conocer o probar cosas nuevas amplia nuestra experiencia de vida, y nos permite crecer nuestra tolerancia y aceptación de aquellas cosas que son distintas a las que acostumbramos. No todo tiene que gustarnos, y tampoco tiene que gustarnos el todo de algo, pero ciertamente todo contribuye a nuestro crecimiento personal y a lo que podemos aportar a nuestras comunidades. Así pues, démonos el permiso de disfrutar nuestros gustos sin culpa, y demos ese mismo regalo a las personas que nos rodean.

¿Tú tienes algún gusto que te cueste compartir?

PD. Por si se quedaron con la duda, el programa que motivó esta entrada es el de Envinadas.

Generaciones.

Hasta hace no mucho, yo solía ser de la generación de jóvenes de mi de los grupos a los que pertenezco. Con esto no quiero decir que fuera la novata, solo que era del rango de edad más bajo. Pero desde hace un tiempo eso ha cambiado; ahora hay un nuevo grupo de jóvenes a quienes les llevo hasta 10 años en algunos casos.

Usualmente no es algo que tenga presente en el día a día, pero de pronto pasan cosas o surgen conversaciones en las que cobro consciencia de esa realidad. Lo que es más, me doy cuenta de que ahora me toca a mí ser la persona que de alguna forma mentoré a este nuevo grupo. Esto no significa que yo sepa más que ellas y ellos, al contrario, muchas veces son ellos y ellas quienes me enseñan a mí en todos los aspectos. Pero, de alguna manera, ya tengo más experiencia o he vivido cosas que ellos y ellas aún no.

¿Cómo, entonces, apoyarles? Creo que lo esencial es compartir con humildad lo que ya has vivido; compartiendo también aquellas veces que las cosas no han ido del todo bien o que te has sentido inadecuada o agobiada. De esta manera podrán ver que, pese a las malas rachas y los errores cometidos, la vida sigue; y no solo sigue sino que mejora.

De igual forma, creo que es importante compartir que no todos vivimos las mismas experiencias, y eso está bien. No hablo solo de temas relacionados con los privilegios, sino de cosas como que no hiciste tu primer vuelo en avión hasta tal edad, o quizás que no tuviste una relación sentimental en la preparatoria; o incluso que en tu edad actual aún no has hecho cosas que la sociedad considera como norma. De esta forma quizás tengamos nuevas generaciones que no vean la vida como una carrera o competencia eterna, que como ya he dicho en otras ocasiones, no es sano ni en lo individual ni en lo comunitario.

En fin, creo que lo que esto podría resumirse en una frase que leí hace tiempo: “sé la persona que tú hubieras querido tener/necesitaste cuándo eras joven”. Si hacemos esto, no solo ayudaremos a las nuevas generaciones, sino que también podremos cobijar a nuestras yo mismas más jóvenes, que de alguna manera tuvieron necesidades no atendidas. Quien sabe, tal vez en este proceso podamos encontrar la paz que tanta falta nos hace.

¿Tu a qué generación perteneces en tus grupos?

Tipos de amor.

¿Qué es el amor? El amor es…

Cuando tu abuelo te compraba un Gatorade cuando estabas enferma de gripe.

El abrazo tan fuerte que te dio tu abuelo cuando te fuiste a ir a estudiar al extranjero.

Cuando tu abuela te decía que rezaría para que se resolviera el problema que tenías en el trabajo.

Los juegos que jugabas con tu abuela, aunque tu ya estuvieras grande.

Los libros que has leído con tu mamá, y que luego pueden recordar juntas.

El mensaje de buenos días que le mandas a tu hermana que vive lejos.

Cuando tu hermano te ayuda a buscar un hotel para tu próximo viaje.

Decirles a tus amigas que tienes miedo, y que ellas te reconforten con sus palabras y acciones.

Que tu gatita se suba a tu cama a dormir contigo, pues sabe que ahí está segura.

Cuando tu perrito se sentó a tu lado mientras llorabas.

La terapia que iniciaste, y sigues, para poder sanar y sentirte mejor.

Cuando lees una carta que alguien te escribió hace tiempo, y aún te hace sonreír.

Que tu sobrina te tenga la confianza de contarte sobre su vida.

Cuando tu familia celebra tus logros.

Cuando tus compañeros y compañeras de trabajo te tienen confianza, más allá de lo laboral.

Que tu sobrinito se emocione al verte.

Cuando tu amiga te compra un chocolate luego de que te caíste, para que te sientas mejor.

Cuando tu mamá te dice que puede disfrutar irse de viaje, porque sabe que tú te quedas a cargo de la casa.

La alegría que sientes por los logros de tu familia y tus amistades.

Cuando creas recuerdos con las personas que amas.

Todo esto y mucho más es el amor, en sus diferentes formas y expresiones. Si vives esperando solo por el amor romántico que sale en las películas, te estás perdiendo de mucho.

¿Para ti qué es el amor?

A mi ritmo.

Nunca he sido buena para los deportes; en parte porque soy mala para calcular distancias, y en parte porque no tengo muy buena coordinación que digamos. Por ende, siempre era de las últimas en ser elegida para los equipos en la clase de deportes. No creo que eso me haya afectado más allá de un que otro balonazo, pero sí me hizo excluir el deporte de aquellas actividades que practicaba. En parte era por saber que no era buena, pero creo que era más el hecho de no querer “estorbar” a las demás personas; pues sabía que, si me unía a un equipo o incluso en un juego con amistadas, mi falta de habilidad perjudicaría a las personas con las que jugaba.

Algo similar sentía con el baile, por lo mismo de mi falta de coordinación. Afortunadamente en mis épocas de juventud se acostumbraba más bailar en grupo, pues definitivamente habría sido un caso perdido si todavía se hubiera usado solo el baile en pareja. En este caso he de decir que mi animosidad a bailar si provenía (aún ahora) del temor a hacer algún ridículo. Así pues, fue otra de las actividades que dejé de lado.

El tiempo pasó, y un buen día en el gimnasio al que asistía iniciaron con clases de zumba. Por todo lo antes mencionado, tenía bastantes reservas respecto a entrar; pero finalmente lo hice. Fue una excelente decisión. Pronto esas clases se volvieron de mis favoritas; pues me daban una agradable sensación de libertad y bienestar. Antes las clases de deportes o danza, así como actividades sociales que los incluyeran, me hacían sentir ansiedad por el temor de no hacer las cosas bien. Ahora podía realizar las rutinas con entusiasmo, sabiendo que si me equivocaba lo podía corregir en la siguiente repetición; pero lo más importante era que no había juicios por cometer errores. Incluso el ambiente era tal que nos podíamos reír de nuestras propias fallas. En pocas palabras, disfrutaba lo que estaba haciendo.

Con el tiempo he ido a otros gimnasios, pero siempre procuro que ofrezcan clases de zumba. En todos ellos he encontrado el mismo ambiente relajado y de integración, en donde sin importar tus habilidades natas, puedes divertirte con las rutinas. Todo esto me ha ayudado a ir mejorando poco a poco, pero sobre todo me ha permitido encontrar confianza en mí misma para realizar actividades que alguna vez pensé no eran para mí.

Que diferente sería la vida de muchas personas, y de la sociedad en general, si este fuera el enfoque que le diéramos a otras actividades, como el canto, el dibujo o las matemáticas. Si fomentáramos que estas actividades se realizarán no con la intención de tener que ser el mejor, en un ambiente siempre competitivo; sino que se formara un ambiente de cooperación en el que las personas pudieran disfrutar el aprender y practicar dichas actividades, entendiendo que el error es parte natural del proceso de aprendizaje. No sólo habría menos personas frustradas, sino que también se crearían vínculos entre personas que usualmente no tendrían nada en común. En otras palabras, se lograría lo que se pretende con todas las actividades humanas; crear comunidad.

¿A ti cual actividad te proporciona bienestar?

Mejorando la ejecución.

Ayer leí un artículo (dejo la liga más abajo), en el que comentaban que, según investigaciones recientes, la mayoría de los y las millenials de América Latina no están buscando una revolución; sino una reforma. Al pertenecer a la generación en cuestión, debo decir que este resultado no me sorprende en lo más mínimo. Por un lado, creo que nuestra generación es más consciente del enorme costo que las revoluciones tienen en todos los aspectos, siendo el más crudo el social. Por el otro, y quizás este sea el más importante, nos hemos dado cuenta que los resultados de dichas revoluciones no son, ni de lejos, los que esperaban las personas que sufrieron y murieron por las causas originales de dichos movimientos.

Ante la innegable realidad de estos resultados imperfectos, queda ver cuál será el camino que tomaremos como generación. Andrea Moncada, autora del artículo en mención, señala que la fe en la democracia está disminuyendo, y que un porcentaje importante de personas de nuestra generación no ven una diferencia sustancial, en el esquema macro, entre un gobierno democrático y uno autoritario. Si bien una buena parte de la generación de políticos y ciudadanos millenials está dispuesta a intentar mejorar el sistema desde adentro; la realidad es que enfrenta obstáculos inmensos para conseguirlo.

En este sentido, y aunque me pese decirlo, no creo que esta generación pueda tener un porcentaje alto de éxito. Aunque suene trillado, el mundo que nos ha tocado vivir es cada vez más complejo, con problemas que rebasan por mucho la capacidad de solución de una sola persona o un solo país. Además, según la última evidencia, ese nivel de complejidad y de ambigüedad no hará más que incrementarse. ¿Qué nos queda, entonces? ¿Aceptar el status quo sin más? ¿O sucumbir a la ilusión del autoritarismo, solo para que está decisión nos golpe en la cara más delante?

Considero que la única forma de evitar cualquiera de esos escenarios es, precisamente, aceptar que no vamos a tener un gran éxito. Con esto quiero decir que debemos seguir intentando cambiar el sistema, promoviendo agendas que se ocupen verdaderamente de los temas que son importantes para nuestra generación y las siguientes, como son la equidad y la inclusión; pero sin hacernos grandes añoranzas al respecto. Sobre todo, creo que debemos aceptar que, en ese proceso, queramos o no, tendremos que hacer concesiones, y que no terminaremos este camino tan limpios como lo iniciamos.

Lo importante es que busquemos que esas concesiones sean las mínimas, y sobre todo que, a diferencia de los movimientos del pasado, no sacrifiquen solamente a las clases más desprotegidas. Será una labor titánica lograr que las clases altas estén dispuestas a ceder un poco de su privilegio en aras de un mejor futuro para todas las personas; pero creo que el hecho de que estén más conscientes de que no hacerlo implicaría perder, tarde o temprano, todo su privilegio, nos haga la tarea un poco menos monumental.

Igualmente, aunque lamentablemente el andar este camino de mejora nos obligue a formar alianzas y tomar decisiones no tan encomiables; mientras nuestra esencia no sea comprometida, estaremos bien. En este punto, creo que la literatura nos ha ayudado a allanar un poco el camino. Por ejemplo, nadie podrá decir que Katniss Everdeen encaja en el modelo de heroína de cuento, y más de una de sus decisiones es bastante cuestionable. Pero al final de la historia, un solo acto nos reafirma que ella sigue fiel a su misión inicial, y por tanto su lucha ha valido la pena.

Entonces, nuestra generación debe procurar que al final del camino, cuando nos toque entregar la estafeta, seamos capaces de ver a los ojos a las personas a las que se la estamos entregando. Nuestros resultados serán imperfectos, igual que los de generaciones anteriores, y sin duda la historia nos juzgará aún más estrictamente que a estas; pero si jugamos bien nuestras cartas, podremos decir que tuvimos una mejor ejecución y que los resultados de estas acciones serán terreno fértil para que la siguiente generación logre aún más cosas. Al fin y al cabo, como dice la máxima, Roma no se construyó en un día, pero ardió en uno.

¿Tú cómo estás mejorando la ejecución de nuestra generación?

Lagunas Latinoamericanas.

Pese a tener cierto recelo, comencé a leer el libro La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa. A diferencia del único otro libro que he leído del autor, este se base en hecho históricos, pues tiene como marco de referencia la dictadura que Rafael Trujillo ejerció en República Dominicana durante 30 años; siendo este uno de los personajes principales de la narración. Quizás esto evite que caiga en pasajes innecesarios que nada contribuyen a la obra, y en cambio la hacen de mal gusto.

Pero lo que sí ha lograda ya está novela es hacerme caer en cuenta de algo: no sé nada de la Era Trujillo. No recuerdo que, durante las clases de historia universal, se haya mencionado esa época; y ahora que lo pienso no recuerdo tampoco que se haya mencionado mucho la historia reciente de América Latina. Claro, estudiamos el incidente de la Bahía de Cochinos en Cuba, y hablamos sobre Fidel Castro y el comunismo; pero me parece que todo esto fue dentro del marco de la Guerra Fría, centrándonos más bien en Rusia y Estados Unidos durante esos años de tensión mundial.

Está no es la primera vez que me doy cuenta de que, en materia de historia latinoamericana, me falta aún mucho por saber. Como tantas otras cosas en mi vida, mi primer acercamiento con esa realidad desconocida ha sido a través de la literatura, como fue La Casa de los Espíritus de Isabel Allende, o La Mujer Habitada de Gioconda Belli. Después de eso, y gracias también a que durante una estancia en Estados Unidos (vaya ironía), puede encontrar diferentes publicaciones que se ocupan de las noticias de América Latina, es que he podido hilar esa primera impresión con las realidades que ahora afronta el continente.

Aún así, la historia de América Latina sigue teniendo demasiadas lagunas para mí, y en más de una ocasión no he podido ubicar algún acontecimiento importante dentro de la historia universal, y como este se alimentaba y a la vez afectaba el escenario mundial de entonces y de ahora. Estoy segura que esto no me ocurre solo a mi, sino que muchas personas de México  también padecen de esta carencia. No sé si será una idea muy arriesgada, pero creo que esto en parte ha impedido la consolidación de un bloque regional fuerte; pues por mucho que los gobiernos se esfuercen, si la opinión pública no presta atención, existen pocas oportunidades de crear lazos fuertes. Y por supuesto esto no puede darse si la mayoría de las personas no tienen un conocimiento, aunque sea general, de los acontecimientos que han dado forma a la región.

Ahora con el tema del nearshoring tan de moda, así como una tendencia a la regionalización; espero se corrija esa falta en la educación de México y se nos enseñe la historia de Centro y Sudamérica. Desconozco si en esos países haya la misma omisión en cuanto a la historia de México, aunque lo considero el escenario más probable; e igualmente importante me parece que se tomen cartas en el asunto. Quién sabe, quizás ese entendimiento histórico nos permita fortalecer los puentes que se necesitan para, ahora sí, tener una América Latina fuerte y capaz de forjar su propia historia.

¿Tu conoces la historia latinoamericana?

Escapismos.

Mañana 16 de enero será el que popularmente se conoce como “Blue Monday”, es decir, el día más triste del año. Según la publicación original, este día se considera el más triste del año puesto que para esa fecha ya se han acabado todas las festividades relacionadas con la Navidad, a la vez que la mayoría de las personas han vuelto a sus actividades cotidianas; por lo que se experimenta una vuelta a la cotidianidad. Esto es, tenemos de frente un largo año que en muchos sentidos se ve igual que el anterior, con pendientes y cosas por hacer.

Mi intención con esta entrada no es negar que luego de las fiestas se tiene un sentimiento de “otra vez lo mismo”, puesto que yo misma lo he sentido, aunque no creo que lo haya sentido más en un lunes determinado. Tampoco es pasarme del lado del positivismo y dar consejos hasta cierto punto trillados y un tanto vacíos. La tristeza es un sentimiento humano, y como tal debe de aceptarse, sentirse y entenderse; si no luego vamos por la vida con una sonrisa en la cara, pero sintiéndonos fatal por dentro.

Sin embargo, hace un tiempo leí un comentario que decía que una buena estrategia era buscar tener unas pequeñas “vacaciones” en el día a día; aquello que Libertad, personaje de la tira de Mafalda, llamaba “escapismos”. Creo que este último término es más apropiado, pues lo que se pretende es darnos un pequeño escape de la realidad que tenemos que afrontar día a día. Eso puede ser algo tan sencillo como comernos un helado, escuchar verdaderamente una canción, quizás caminar por un parque. En fin, nada del otro mundo, solo algo que nos permite hacer un pequeño espacio para sentirnos menos agobiadas por el montón de cosas que están ocurriendo siempre.

Claro, habrá días en que no podamos darnos esos escapismos; principalmente debido a las famosas cosas que de alguna forma siempre están ahí. Pero, si sabemos que quizás mañana o en un par de días podremos tener un pequeño descanso, entonces podremos aguantar mejor el día de hoy. Al fin y al cabo, la espera de algo es una buena fuente de motivación y felicidad.

Si como yo, mientras lees/escribo estas líneas pensaste en otra frase que dice que el objetivo debería ser conseguirnos una vida de la que no tengamos que escapar constantemente; recuerda que incluso la gente que parece que lo tiene todo, de vez en cuando también se siente agobiada, y necesita hacer algo para poder volver a sentirse mejor. Mientras los escapismos sean eso, un espacio para relajarnos para poder seguir adelante, y no un lugar para escondernos de una realidad que ya es insostenible; entonces no veo porque no podamos comernos una rebanada de pastel en lunes. Y más si es un lunes azul.

¿Cuáles son tus escapismos?

La sombra de la información.

De seguro has escuchado el mito de la caverna de Platón, aquél que nos cuenta como unos hombres, debido a las circunstancias de su nacimiento y su vida; toman como “realidad” las sombras que se proyectan en la pared de su caverna. Así mismo, Platón nos cuenta como uno de estos hombres logra escapar de sus cadenas y ver la realidad del mundo; pero cuando vuelve a contarles a sus compañeros de esta verdad, y trata de liberarlos para que ellos puedan también contemplarla, se enfrenta a risas y amenazas de parte de su antiguo grupo. De esta manera, Platón nos expresa sus ideas sobre el conocimiento y la forma de llegar a él; una falible que es la de la mera observación y las creencias, contra la más fiable de la ciencia y el pensamiento crítico.

Recordé esta historia en días pasados, por dos hechos muy puntuales. El primero fue una encuesta en línea en la que una revista preguntaba cuánto están dispuestos los usuarios a pagar por contenido informativo especial, supongo se referían a tener acceso a ciertos artículos. Pese a que nunca me ha molestado pagar por la información (que al final de cuentas es conocimiento), en esa encuesta contesté que no estaba dispuesta a pagar nada por ese tipo de contenido. El motivo va de la mano del segundo hecho que les comento: en una red social sigo a distintos periódicos, tanto nacionales como internacionales, y en alguno de ellos encontré un artículo que me interesó. Sin embargo, sólo pude leer quizás los primeros 2 párrafos del mismo, pues para continuar leyendo tenía que tener una membresía.

Cómo ya les dije, no me molesta pagar por contenido de calidad; y entiendo que el trabajo de las personas que generan ese contenido es valioso y por tanto debe ser remunerado adecuadamente. Pero también sé que no todas las personas tienen ese privilegio, pues al igual que los personajes del mito de Platón, sus circunstancias sociales les obligan a decidir entre el conocimiento y poder tener comida en su mesa. Pero esas circunstancias no las hacen menos ciudadanas y ciudadanos de nuestra sociedad (tanto local como global), y por tanto deberían tener acceso al mismo conocimiento que yo, para que así puedan formar su propio criterio y a la vez contribuir a la mejora de la sociedad.

Por eso es que me niego a pagar por contenido exclusivo de ciertas revistas, periódicos y otros medios de información, porque considero que ese conocimiento debería estar al alcance de todas las personas. Una cosa muy diferente es tener una membresía para evitarme los anuncios cuando escucho un podcast; o el aceptar que como no voy a pagar por una membresía, solo podré tener acceso al contenido mediante la plataforma y no podré descargarlo en mis dispositivos. En ambos casos sigo teniendo acceso al conocimiento, simplemente mi disfrute al mismo puede ser más o menos conveniente (que también es una distinción problemática, pero eso es tema de otra entrada).

A lo que quiero llegar es que, mientras sigamos tratando el conocimiento como un privilegio en lugar de cómo un derecho, va a ser muy difícil que podamos mejorar de manera integral y equitativa. Si una gran parte de la sociedad tiene acceso solo a una parte de la información, o la obtiene sólo mediante la opinión de otras personas (que, dicho sea de paso, tampoco era una fuente de conocimiento muy confiable según Platón), será imposible que los temas trascendentes puedan afrontarse de manera adecuada. De hecho, ya nos está causando problemas.

Hace un tiempo se publicó un artículo que relacionaba la polarización y radicalización de la población estadounidense con el tipo de noticias que consumían, señalando en su caso a Fox News, la cual ha sido señalada en repetidas ocasiones por los sesgos y segundas intenciones con las que presentan la información. El punto interesante es que está cadena y otras similares no ponen trabas para que las personas accedan a su información, por lo que se vuelva muchas veces la única fuente de noticias para un importante número de personas. Si a esto sumamos otros factores, como el hecho de la renuencia a las personas a escuchar ideas u opiniones distintas a las que están acostumbradas (tal como en la caverna de Platón), es fácil ver la relación causa-efecto entre disponibilidad y criterio.

No tengo conocimiento de un estudio similar en México o América Latina, pero imagino que la situación debe ser similar.

El punto es que, como sociedad estamos actuando justo a la inversa de lo que Platón proponía. Por un lado, no tomamos acciones para que las personas que están atadas en la caverna puedan liberarse; pero lo peor es que a aquellas personas que logran liberarse por sus propios medios, les impedimos ver la realidad, cuando mucho les mostramos solo la parte de la realidad que le conviene a unos pocos. Lo más lamentable es que no nos damos cuenta que, al mantenerles en las sombras, como sociedad en general perdemos luz también.

¿Tú que piensas de las restricciones a la información y el conocimiento en los medios?

Un propósito, varios caminos.

Hace unas semanas leí esta frase de Arianna Huffington: “Puedes completar un proyecto, dejándolo”. Raras veces me encuentro con frases como esta, en las que en cierta forma se les dice a las personas que está bien dejar algo “a la mitad”, sobre todo si ese algo no te está haciendo bien. En una época en que la mayoría de las personas nos trazamos metas para el próximo año, creo que esto es una buena idea para tener en mente.

Con esto quiero decir que debemos entender esas metas o propósitos como nuestra guía de qué queremos lograr; mientras que las formas de lograrlo serán los proyectos que emprendamos en el año. Estos últimos son los que debemos ver como flexibles, para que se vayan adaptando a la realidad de nuestro día a día, y que incluso puede ser que con el paso del tiempo ya no sean viables o favorables para nuestras metas. Pero los propósitos deben de seguir ahí, porque al final del día representen lo que es importante para nosotras.

Por ejemplo, hace unos años uno de mis propósitos fue tener una más balanceada, y decidí acercarme a una profesionista de la salud mental para ello. La realidad es que nunca conectamos, y debido a esa falta de conexión no podíamos abordar apropiadamente aquellos temas que a mí me interesaban; así que decidí dejar la consulta luego de un tiempo, puesto que la misma no estaba sirviendo para mi propósito. Sin embargo, como para mí seguía siendo importante el tener una mejor vida, recurrí a otras instancias para lograrlo; incluido ir con otra psicóloga con la que sí pude entablar una relación armoniosa. Como por supuesto la meta que me tracé es muy amplia, a lo largo de los años he ido tomando más proyectos que me permitan alcanzara, y varios de esos se han quedado un poco en los estados iniciales porque al llevarlos a cabo me di cuenta que no era particularmente algo que yo quisiera continuar.

¿Estuvo mal que haya iniciado esos proyectos, aunque no los haya terminado? No, por el contrario, creo que tuvo beneficios. Por un lado, como ya dije, me permitió darme cuenta de ciertas cosas que no van conmigo, por lo que pude emplear mi energía en buscar cosas que sí me hagan sentir bien. Pero, además, el poco o mucho tiempo que les dediqué, me permitió aprender conceptos, ideas, habilidades, y muchas otras cosas que me siguen sirviendo en mi vida diaria. Por ejemplo, en un curso de religión que quedó inconcluso aprendí algunas ideas sobre cómo ser mejor profesionista; y en el primer y único curso de Reiki que he tomado aprendí sobre la necesidad de no quedarnos con los problemas de la gente a la que ayudamos.

Cómo estos tengo varios ejemplos de proyectos que han ido quedando en diferentes etapas de desarrollo, como también tengo otros varios que he concluido satisfactoriamente como luego dicen; y cada uno de ellos me ha ayudado a lograr mis propósitos a corto y largo plazo. Así pues, en este año que empieza, espero poder emprender más proyectos que me acerquen a las mismas; e igualmente ser capaz de identificar cuáles ya no sirven a estas, y tener la capacidad de aceptarlo y dejarlos ir. Al fin y al cabo, siempre puedo iniciar otro proyecto, ahora con más experiencia; pero el tiempo dedicado a un mal proyecto no lo puedo recuperar.

¿Qué proyectos planeas dejar este año?

Edición limitada (por ahora).

Las noticias han estado anunciando una fuerte tormenta que tendrá lugar en los primeros días del inverno del 2022. Algunas ciudades del norte de Estados Unidos ya han sido afectadas, sobre todo en temas de falta de electricidad. Según algunos medios, esta tormenta es algo que ocurre “una vez en una generación”, lo cual supongo debería impactarme, pero la verdad es que anuncios como esos ya tiene muy poco efecto en mí; y supongo lo mismo debe pasarle a muchas personas de mi rango de edad.

Al fin y al cabo, hemos sobrevivido a por los menos 3 fines del mundo, una pandemia, una crisis económica “sin precedentes” pero que al parecer puede pasar de nuevo; sin mencionar que pasamos de los discos de 3 ½ a tener almacenamiento casi ilimitado en la nube. De hecho, en este caso particular del clima, yo ya he pasado en 2 ocasiones por congelamientos importantes que han detenido no sólo a mi ciudad si no a varias. Por eso, cuando veo noticias que anuncian con bombo y platillo que algo es una ocasión única, me cuesta un poco de trabajo creerlo.

Una causa de esto como dije es que ya hemos pasado por bastante; pero creo que otra razón es que algunas palabras como asombroso, único, irrepetible, épico; se usan con demasiada frecuencia en el lenguaje cotidiano, y por tanto pierden su significado o su fuerza. Es tanto el afán de los medios de que estemos enganchados en lo que nos están diciendo, y solamente en lo que ellos nos están diciendo, que tiene que buscar la manera de atraer nuestra atención a cualquier costo, pues de eso dependen sus ingresos. Por eso se ven cada vez más noticias del tipo clickbait, que presentan la información de forma maliciosa para que vayamos a ella; o noticias que toman 10 párrafos en explicar algo que cabía en 3, pero así hacen que veas más anuncios.

Afortunadamente ya hay algunas iniciativas a nivel internacional para mejorar la forma en que los medios nos informan, tanto de fondo como de forma. Pero creo que cada quien puede contribuir también en lo personal al usar las palabras de una mejor manera. Por ejemplo, mi último viaje a un pueblo mágico no tuvo que ser necesariamente épico; pero si pudo ser agradable, enriquecedor, incluso inolvidable. Quizás de esta manera podamos volver a poner todo en perspectiva, y podamos apreciar mejor los acontecimientos, tanto los cotidianos como los transcendentes.

Por lo pronto, yo espero no pasar demasiado frío en esta época de fiestas, y que muchas personas podamos agregar esta tormenta a nuestra lista de cosas inimaginables que hemos sobrevivido.

¿Cuál palabra crees que ha perdido su significado?