Desconexión sin consecuencias.

De seguro te ha tocado escuchar que una de las maneras actuales de medir la riqueza o el lujo, es la desconexión. Esto se entiende como la posibilidad de las personas de “alejarse” del mundo y poder tomar un tiempo para descansar y recargar energías. Algunos ejemplos de esto son cuando puedes dejar tu teléfono en no molestar cuando pides la tarde del viernes libre, o bien cuando puedes evitar leer tu correo electrónico laboral durante las vacaciones.

Si bien todo lo anterior es un lujo en estos tiempos, creo que la definición se ha quedado algo obsoleta. A mi parecer, ahora el verdadero lujo es una desconexión sin consecuencias.

Porque, ¿de qué sirve que puedas no leer tu correo durante tu día libre, si al siguiente tendrás al menos 120 correos sin leer? Claro, a varios de ellos solo tendrás que contestar “enterada”, y algunos otros solo serán confirmaciones de cosas que dejaste hechas antes de irte. Pero muchos otros sí requerirán de tu atención, y para poder dar una respuesta tendrás que leer al menos 5 correos con las respuestas de las demás personas involucradas. Todo ello sin mencionar que durante el día irán llegando más y más correos; más aparte todas las actividades que tendrás que realizar durante el día.

Ciertamente, esto es una carga mental de considerar; sobre todo si eres un poco como yo y te causa cierta ansiedad el tener tu bandeja de entrada tan llena.

Pero quizás lo más preocupante de todo es que, si tu intención durante ese momento de tranquilidad era acomodarte internamente y llegar al día siguiente con una mejor actitud y una lista de cosas para mejorar; la mayoría de las veces se queda solo en eso, en una intención. En la novela “Venganza de Fuego”, se describe una escena en la que un detective acaba de enterarse de que su esposa sufre una enfermedad terminal; y durante el trayecto en ascensor no deja de darle vueltas al asunto. Pero en cuanto llega a su destino, su monólogo interior se hace añicos al ver el caos que impera en la oficina por tratar de atrapar a un asesino serial.

Esa novela la leí siendo estudiante; pero creo que tal escena es una buena representación de cómo se siente en ocasiones volver a trabajar luego de tomarte un descanso. Hay tantas cosas con las que ponerse al corriente, reuniones que coordinar, problemas que resolver, temas por analizar; que al poco tiempo de llegar tus vacaciones se ven como algo lejano, y los beneficios de las mismas se diluyen de forma impresionante. Si a esto agregamos que, en muchas ocasiones, las vacaciones laborales son para atender asuntos personales, la cosa se pone peor.

Por supuesto, existen muchas formas de mejorar estas situaciones. Por un lado, está el desarrollo de los equipos de trabajo para que la ausencia de una persona no cause estragos en los procesos, el implementar técnicas de administración del tiempo para que tu día rinda más, entre otras. Pero al final del día, por mucho que tengas en quién apoyarte para ciertas cosas; siempre habrá algo que forzosamente tengas que hacerlo tú misma, y como ya vas con días de retraso pues no queda de otra que dar un esfuerzo extra, que como ya dije se consume buena parte de aquello que recargas te durante las vacaciones.

¿Qué hacer, entonces? Honestamente, no tengo una respuesta. El mundo va demasiado rápido, e incluso intenta ir aún más deprisa; así que no se detendrá por nadie. Quizás entonces lo único que nos queda es hacer lo que los filósofos, gurús, guías espirituales y demás han venido diciendo a lo largo de los años: entrenemos a nuestra mente, a nuestra alma y a nuestro cuerpo para templares y poder aprovechar al máximo nuestros tiempos de descanso, para así poder enfrentar mejor al mundo a nuestro regreso. Solo espero que recordemos que, en algún momento, eso no será suficiente.

¿Tú cuando sales de vacaciones?

Memoria musical.

¿Qué si las canciones me traen recuerdos? ¡Claro!

El musical de Hamilton me recuerda a un viaje con una amiga de la preparatoria.

Y el disco homenaje de Pedro Fernández a José Alfredo Jiménez me recuerda todos los viajes por carretera que hice con mi familia, cuando aún estaba en la escuela.

Durante el funeral de mi abuelo fue que entendí la letra de la canción “En la arena he dejado mi barca”; y aunque a él no le gustaba, la canción “Si tu no vuelves” de Miguel Bosé, fue una de las primeras con las que lo recordé luego de su partida.

A mi abuela la recuerdo con muchas canciones, algunas de las cuales ni siquiera me sé el nombre; pero la primera que viene a mi mente es “Rosa… rosa” de Sandro de América.

“La calle de las sirenas” me recuerda a la primaria, y la canción principal de las primeras temporadas de los Power Rangers me recuerda a las tardes de la misma.

“Pobre Cristina”, interpretada por Joaquín Sabina, me recuerda a una amiga de un trabajo anterior; simplemente porque la descubrí gracias a ella.

En una ocasión que fui con mis primos a la feria, en el teatro del pueblo estaban cantando “Amor Eterno”; así que esa canción estará por siempre ligada a esa memoria, aunque no tengan nada que ver.

“Promise” de Jimin y “Zero o’clock” de BTS me recuerdan a un momento complicado de mi vida, y como me ayudaron a llevarlo. Pero, curiosamente, las canciones de BTS también me hacen pensar en los momentos bonitos que he compartido con una amiga de mi vida, y con mi sobrina, gracias a la afición que nos une.

“Digital Love” del grupo Daft Punkk me hacen pensar en la pareja romántica de una historia que quizás nunca escriba, aunque nunca digas nunca.

Desiderata me hace pensar en mi mamá, y en lo que ella sentía cuando yo aún no nacía, o cuando yo todavía era muy pequeña.

Y es otra canción de Miguel Bosé, “El hijo del capitán trueo”, con la que a veces pienso en mí.

¡Ah! ¿Tú te referías a recuerdos de alguna pareja romántica? Creo que de esos no tengo. Pero bueno, eso es lo fascinante de la música, en ella caben todos los sentimientos y todos los recuerdos.

¿Tú qué canción recuerdas?

Un llugar especial.

A mi gatita, como a todos los felinos domésticos, le gusta dormir en casi cualquier lugar. En las sillas del comedor, en una maceta del patio, ocasionalmente en su cama, y las más de las veces en las nuestras. Es verdaderamente interesante descubrir en todos los lugares que puede acurrucarse.

Eso sí, cuando ya es “hora de dormir”, ella tiene un lugar preestablecido para esto. Ese lugar no es mi recámara. Les mentiría si les digo que eso no me duele en veces, pero a la vez la entiendo. Ella prefiere dormir en el primer piso, donde tiene su fuente de agua y su arenero cerca. Logísticamente, es mejor para ella; y sabe que mi mamá también duerme abajo así que sabe que está a salvo.

Pero, ¿sabes? Cuando por cualquier cosa sus rutinas cambian, o mi mamá no está, o tenemos visitas, o cualquier otra cosa que la perturbe; mi gatita viene a dormir a mi recámara, a mi cama. Ella sabe que cuando su pequeño mundo está desacomodado, puede ir conmigo y yo la cuidaré.

¡Ajá!, he aquí otra prueba de lo desafanados que son los gatos, te trata como su segunda opción; dirán los detractores de la familia Felidae. Yo no lo veo así, muy al contrario. Ella ya tiene una rutina y unas preferencias establecidas, que yo respeto y entiendo. Pero, yo soy su primera opción cuando ella necesita sentirse un poco más protegida y amada que de costumbre; y confía en que yo estaré ahí para cuando ella necesite. Soy un lugar seguro al cual acudir.

Ser eso, un lugar seguro para ella y para mis personas especiales, es algo que me da mucha felicidad. Porque al final del día, de eso se trata esto; de tener lugares a los que puedas acudir cuando ya no te sientas tu misma, y reencontrarte. Y también en los días que te sientas más tú, y poder compartir la dicha de tu vida.

Por supuesto, para que esos lugares existan debes cultivarlos en el día a día. Por eso yo juego con mi gatita a diario, y me aseguro que su fuente esté llena. También por eso me platico platico con mi hermano y mi hermana; y con mis amigas mantengo comunicación sobre cómo están sus vidas. Por supuesto, también esto implica días en que hacemos cosas fuera de la rutina, para crear memorias especiales. Y ciertamente hay días en que pasamos un poco de largo los unos con las otras. Así es la vida, no siempre se puede el plan A.

Pero lo importante es saber que, cuando realmente lo necesitamos, tenemos un lugar al cual dirigirnos; aunque no sea nuestra residencia habitual. Tal vez eso es lo que debamos aprender e internalizar, que ocupar un lugar especial en la vida de alguien no siempre significa ocupar el primer lugar.

¿Tú eres un lugar seguro?

Economía Comparativa.

Invariablemente, en algún punto de mis clases de economía; terminábamos hablando de Adam Smith y David Ricardo, quienes acuñaron, respectivamente, los términos de ventaja absoluta y ventaja comparativa (relacionada al costo de oportunidad); los cuales en buena medida han dado forma a esa curiosa ciencia que muchas veces ni los mismos economistas entienden. Es mediante estos  términos que se explica la necesidad de la especialización, de las relaciones comerciales a nivel micro y macro, y claro también la importancia de la toma de decisiones basada en datos duros.

Dichos conceptos se explican de la siguiente forma (todos los ejemplos monetarios son ficticios). Pongamos por caso a una contadora que se dedica a presentar la declaración fiscal de sus clientes, servicio por el cual cobra $500. Supongamos que puede hacer un total de 2 declaraciones por hora, es decir, por cada hora de trabajo ella genera $1000. Ahora bien, esta misma contadora tiene un jardín que requiere mantenimiento, el cual tomará una hora realizar. El trabajo puede realizarlo ella misma, o bien contratar a un jardinero que le cobrará $500 por el servicio.

Veamos las opciones. Si la contadora decide hacer el trabajo por sí misma, estará dejando de ganar $1000, pues es una hora que no podrá dedicar a su trabajo principal. Por otro lado, al ser esta una actividad que no es su fuerte, el mantenimiento no será el mejor; y puede incluso tomarle más tiempo realizarlo, con la consiguiente pérdida de ingreso. Por otro lado, si contrata al jardinero, sabe que tendrá un trabajo de calidad; y aun pagándolo ella habrá generado $500 en el tiempo que tomó hacerlo.

La respuesta parece simple, ¿no? Ese Smith y ese Ricardo sabían de lo que hablaban. Pero entonces, si todo parece tan claro, ¿por qué insistimos en menospreciar y regatear el trabajo de la gente? Sobretodo el de aquellas personas que realizan lo que, muchas veces, denominamos despectivamente como artesanías u oficios.

Muchos argumentan que esto se da justo por la naturaleza misma del trabajo, pues por ejemplo se requieren mucho más conocimiento y habilidades para presentar una declaración fiscal que para arreglar un jardín. Como ya dije en otra ocasión, este argumento no es válido puesto que falla en ver que ambas actividades requieren un conocimiento detallado, solo que se presentan de manera diferente. Por ejemplo, el jardinero no te va a decir que en su último curso de botánica aprendió que no puedes poner filodendros cerca de las rosas; ese es un conocimiento que él ha aprendido de manera empírica, o bien que ha adquirido de manera informal mediante su relación con otras personas de su mismo oficio.

Pero aún si insistieras, erróneamente, en señalar que estos conocimientos no tienen el mismo valor; lo que no se puede negar es la ventaja comparativa (e incluso absoluta) que las personas que realizan oficios o trabajos de “nivel básico”, tienen en ciertas actividades sobre aquellas personas que hacemos trabajos de escritorio. Si no, ¿porqué han tenido tanto auge las entregas a domicilio? Una muy buena parte de la población sabe conducir, y al menos en una ciudad como la mía las distancias no son tan insufribles; pero aun así los repartidores de comida se ven a todas horas en las calles. La respuesta es sencilla: el coste de oportunidad de ir nosotros mismos por la comida es más alto que si la pedimos a domicilio. Y no solo en términos del dinero que dejamos de producir o en el desgaste de nuestro vehículo, sino también en términos de inversión en tiempo; que dicho sea de paso, es el recurso más preciado y de cierta forma escaso.

Y bueno si está bien, vale la ventaja comparativa y esto y aquello, pero aun así se me hace excesivo pagar $500 por el arreglo de un jardín dirás, considerando que yo a la semana gano $5000; agregarás. Visto así quizás tengas razón, es un 10% de lo que tu percibes, y ciertamente (como dice el chiste) todo está más caro y ya no alcanza como antes. Pero, ¿sabes? Al jardinero ya tampoco le alcanza como antes, ni a la florista, ni al repartidor de comida, ni a la chica que vende pasteles, ni a la contadora. Que colectivamente ya no alcance como antes es resultado de muchas decisiones económicas y políticas que se han venido tomando a nivel macro, y que lamentablemente es difícil corregir en el nivel micro.

Así pues, antes de tomarla contra la persona equivocada y ofenderte por el costo de sus servicios, que total según tu “no son para tanto”, mejor tomate un tiempo para analizar tus costos de oportunidad y las ventajas comparativas y absolutas que ellas tienen en comparación a ti. Si, estos son conceptos sobre los que se ha construido la ciencia económica moderna; pero no por eso están fuera de nuestro alcance. Al igual que el jardinero, los conoces de manera empírica; esa es otra cosa que tienen en común.

¿Tú qué comparaciones haces?

Decisiones en conjunto.

Es verdad, el primer y más importante criterio que debes considerar para tomar una decisión, es el tuyo propio. Qué carrera estudiar, si quieres casarte o no, y en su caso con quién; mudarte a otra ciudad, estado o país; y muchas otras más decisiones que la vida nos va presentando, debes de tomarlas con tu presente y futuro en mente. Al final del día, quien va a tener que vivir con los resultados de las mismas, eres tú.

Pero, tampoco puedes fingir que esas decisiones no tendrán repercusiones en la vida de otras personas. ¿Debería esto ser un impedimento para que aun así tomes la decisión que a tu criterio es la mejor? En general, no, no debería serlo. Sin embargo, y dependiendo de la magnitud de la decisión, es algo que debes considerar en tu tabla de pros y contras; y que definitivamente debes compartir con tu círculo inmediato o de interés.

Por ejemplo, si decides estudiar un curso y compartes casa con otras personas (tu familia nuclear, compañeros de casa, tu esposo, etc), tendrás que comunicar que ciertos días a la semana no estarás disponible. Eso implica que ese día tu red de apoyo tendrá que “cubrirte” en actividades que usualmente haces; o en su defecto apoyarte en cosas que tú haces para ti misma (como preparar tu comida para el día siguiente). Si la relación que tienen es buena y estable, no debería significar un mayor problema; pero aun así es tu responsabilidad comunicarlo y comentar el apoyo que podrías necesitar.

Así mismo, y creo que esto es fundamental, debes aceptar que, pese a que tu red de apoyo esté dispuesta a, justamente, apoyarte; habrá ocasiones en que no será posible. Siguiendo con el ejemplo anterior, si tu hermana te está apoyando con lavar los trastes el día que tomas clases, pero en alguna ocasión ella tiene que atender un compromiso personal; será tu responsabilidad encontrar el tiempo para atender tus clases y lavar los trastes.

De igual forma, pese a que puedas argumentar que ahora tienes más actividades que cumplir, debes buscar la manera de compensar tu “ausencia” a las personas con quienes compartes tu vida. Si tu compañera de casa accedió a hacer más parte de los quehaceres cuando asistes a clases; cuando tú estés de vacaciones lo apropiado sería que durante esos días te encargues de más responsabilidades de la casa. Después de todo, así como ella es parte de tu red de apoyo; tu eres parte de la de ella.

En fin, lo que trato de decir es que independientemente de quienes lo conformen, todas formamos parte de un sistema que nos permite avanzar. Si tomamos consciencia de esto y permitimos que cada parte se sienta respaldada a tomar las decisiones apropiadas para sí mismas, el sistema irá mejorando en su conjunto para beneficio de todas. Porque sí, tú eres quien finalmente tendrá que vivir con las consecuencias buenas y malas de tus actos, pero en ambos casos es mejor tener con quien compartirlas.

¿Tu tomarás alguna decisión pronto?

Este ees mi deseo.

Hoy decidí ver una película de la que sólo había escuchado malos comentarios: Wish, el poder de los deseos; película con la que Disney festejó su aniversario número 100. Lamentablemente para el legendario estudio, la película no fue bien recibida por el público, empañando aún más una celebración que se había visto afectada por los recientes descalabros de la casa creativa fundada por Walt Disney.

Si bien hubo comentarios respecto a la calidad de la historia y el ritmo que llevaba (que concedo, no son los mejores); la queja principal se debía al mensaje que, según los espectadores, la película proponía. Sin dar muchos detalles, la historia se centra en un reino donde sus habitantes le entregan su mayor deseo a su rey (quien también es versado en la magia), para que lo salvaguarde de todo mal. Al entregarlo, la gente olvida su deseo, y con ello el peso que implica el no poder cumplirlo. Ocasionalmente, el rey decide concederle su deseo a una persona, pero lo hace basado en su decisión personal de lo que es bueno para el reino. Derivado de esto y otras situaciones, la heroína de la historia, Asha, decide liberar los deseos y devolverlos a sus dueños.

Y aquí es donde viene la parte interesante. Luego de ver la película, la gente concluyó que el mensaje de la misma era que todos los deseos debían ser concedidos; yendo en contra de lo que miles de historias (varias contadas por el mismo Disney) nos habían enseñado sobre los deseos y porque no todos pueden volverse realidad. Además, seguían las críticas, la película sugería que los deseos sólo se concedían, en lugar de ganarse.

Esto no podría estar más alejado de la realidad. Quiero decir, Asha literalmente dice que los deseos debían de devolverse a las personas para que estas pudieran trabajar en conseguirlos, en lugar de esperar a que alguien se los concediera. Esta historia es una muy buena alegoría de la realidad de muchas personas en nuestra sociedad, y de cómo deberían cambiar las cosas.

Así como los habitantes de este reino ficticio, muchas veces las personas ponen sus sueños y esperanzas en otras personas; esperando que, si cumplen con las reglas que les han impuestos, los mismos les serán eventualmente concedidos. Esto es particularmente notorio en relaciones afectivas abusivas, en las que la parte vulnerable piensa que si cumple con las exigencias de su pareja (sin importar lo denigrantes que sean), eventualmente esta notará su buen comportamiento y le concederá su anhelo de amor y felicidad. Pero esto nunca sucede, porque este tipo de personas solo piensan en su propio poder, y cualquier ataque al mismo (real o no) es contestado con fuerza desproporcionada; tal como hace el rey de esta historia.

De igual forma, la película es muy clara en mostrar cómo, cuando las personas entregan su deseo, su brillo interior disminuye; y el terrible sentimiento de pérdida cuando dicho deseo es destruido. Esto mismo sucede en nuestras vidas: cuando dejamos de lado nuestros sueños para cumplir con las expectativas o normas que nos han impuesto (casarnos antes de los 25 años en lugar de primero viajar, olvidar nuestro sueño de escribir para dedicarnos de lleno a un trabajo de oficina, no aprender a tocar la batería porque ya pasamos los 50 años), una parte de nosotras se apaga. Porque los sueños son los que nos permiten continuar, nos da una razón para levantarnos y seguir intentándolo. Y esto aplica no sólo a los sueños románticos o romantizados, sino también en sueños más prácticos; pues conozco a muchas personas que su motivación para seguir esforzándose en su trabajo es su deseo de poder enviar a sus hijas una buena universidad, o su deseo de comprar una casa en la que cada quien pueda tener su propia habitación.

Ahora bien, en cuanto al sentimiento doloroso de saber que tu sueño no se hará realidad; me parece que este es uno de los mensajes más importantes de la película. De acuerdo con la trama, uno de los “beneficios” que el rey ofrece al tomar los deseos de las personas, es que estas no tendrán que preocuparse por los mismos, y por ende no se sentirán mal si no se cumplen. Lo cual está muy bien si se quiere vivir una vida sin dolor, pero también sin ilusión. Porque sí, la vida muchas veces no es justa y no se puede evitar que la realidad trunque nuestros deseos, pero es mejor intentar cumplirlos a solo dejarlos de lado. Además, si un deseo no se vuelve realidad; siempre podemos desear otra cosa.

Para concluir, quisiera notar una escena que creo es lo que pueden usar los críticos como excusa para justificar sus opiniones sobre la película. En cierto momento, Asha le pide al rey que conceda el deseo de su abuelo, porque él es una buena persona y ella lo ama. Los detractores podrían usar esta escena para demostrar que la película sí promueve entonces que los deseos se cumplan sólo porque alguien es bueno; sin considerar otras cosas.

 Pero yo les pregunto, si ustedes estuvieran frente al presidente de la compañía para la que su hermano siempre ha querido trabajar, y el mismo les concediera un deseo, ¿no le pedirían que contratará a su hermano? Claramente sí, porque sabemos que eso haría feliz a una persona que amamos. Así somos las personas, estamos conscientes de que debemos trabajar para lograr nuestros anhelos; pero no vamos a decirle que no a un poco de ayuda, sea humana o mágica. ¿O porqué entonces soplamos las velas de nuestro pastel de cumpleaños, o buscamos estrellas fugaces?

Así pues, es una verdadera lástima que una historia con tan buenos mensajes y alegorías haya sido tan incomprendida y desprestigiada. Los motivos de este descalabro son varios y variados; pero espero que el principal no sea que como sociedad estamos tan acostumbrados a entregar nuestros sueños sin más, que no veamos que existen otras alternativas de vivir. Verdaderamente deseo que no sea eso.

¿Cuál es tu deseo?

Publicando en miércoles.

Creo que esta es la primera vez que publico un miércoles. Verán, cuando yo inicié este proyecto, me hice el propósito de publicar siempre los domingos, e incluso de hacerlo en un cierto horario. La verdad es que yo funciono mejor con rutinas, porque así puedo administrar mi tiempo y evito esa molesta situación de que no he hecho algo y que el tiempo se me acaba.

Sin embargo, también cuando inicié este proyecto me prometí a mí misma que era algo que iba a disfrutar, algo que hago con una intención creativa y de esparcimiento. Entonces, me he dado algunas libertades con el mismo; iniciando por darme un horario más amplio para publicar, y después dándome permiso de publicar quizás un lunes para poder disfrutar de una salida en domingo, y ahora llegando al punto de publicar en miércoles para poder escribir una entrada de calidad en lugar de una hecha al vapor.

Esta flexibilidad ha evitado que este blog se convierta en una obligación, y a la vez ha preservado el placer que tengo al escribirlo. Esto es parte de una mentalidad que he tratado de instaurar en otros aspectos de mi vida cuando es posible, tanto para disfrutarlos como para evitar auto flagelarme por no cumplir con ciertos estándares arbitrarios; algunos auto impuestos. Así, ya no me siento mal por no pagar un servicio el día que lo tengo marcado en mi calendario, pues entiendo que habrá días en que tenga otros pendientes que atender; únicamente me aseguraré de hacer el pago antes del corte. Igualmente, ya no me siento mal si tuve que faltar un día a hacer ejercicio, pues entiendo que en ocasiones la semana ha sido más pesada y necesito descansar.

Habrá personas que al leer lo anterior dirán que esa es una actitud poco responsable de mi parte, pero yo no lo veo así. Al contrario, lo veo como un ejercicio de priorización. Sí, mantener una rutina de ejercicio es importante para la salud; pero en ocasiones es mejor tomar un día de descanso para regresar más fuerte al día siguiente. De igual forma, el mundo no va a colapsar si no hago un pago justo el día que me envían el cobro, pero quizás si lo haga si no envío un documento antes de cierta hora.

En este mismo sentido, habrá actividades o cosas que sí me cobren un precio por no hacerlas en un momento o plazo determinado. Pero aquí nuevamente ejerzo la priorización al realizar primero aquellas que impliquen un costo más alto si las dejo para después. Tal vez el no pagar un servicio durante los primeros 7 días de emitida la factura implica que no accederé al descuento por pronto pago, pero es un costo que puedo afrontar. Pero la desilusión de una persona cuando no estoy en un evento importante para ella, solo por aferrarme a tomar una clase virtual el día que la transmitían (aún y cuando posteriormente se iba a subir la grabación de la misma); es un precio que no esto dispuesta a pagar.

En la vida siempre habrá cosas urgentes y cosas importantes; y cosas que sean urgentes e importantes. Definamos nuestra propia matriz de Eisenhower, ajustémosla cuando sea necesario, y llevemos una vida en la que las obligaciones no nos aplaste.

¿Tú cómo priorizas?

Y la vida comenzó a sonar así,… pero también así.

De seguro te ha tocado ver la video tendencia en la que las personas dicen que iniciaron a hacer algo, y de pronto su vida comenzó a sonar así; que es cuando se oye el coro de la canción “Burning Love” con Elvis Presley, acompañado por la Real Orquesta Filarmónica. Las imágenes que se presentan con la canción son de las cosas positivas que las personas han conseguido con su decisión; como puede ser la transformación física luego de iniciar a hacer ejercicio, o las experiencias y ventas que han tenido con su emprendimiento, o las citas y momentos bonitos que han compartido con su pareja. En pocas palabras, todo son sonrisas y alegrías.

Pero, como solo suceder con las redes sociales, aquí solo nos muestran la cara bonita de la moneda. Y es que, por más que una decisión sea la correcta y que nos traiga cosas positivas en el corto y largo plazo; siempre vendrá acompañada de cosas no tan positivas. Por ejemplo, en el caso del emprendimiento, habrá muchas ocasiones en que las cosas no resultarán como esperábamos, en que saldremos en números rojos, o que tendremos que trabajar días que parecieran ser de más de 24 horas. De igual forma, la decisión de poner límites para cuidar nuestra salud mental y física, vendrá acompañada de comentarios como que ya no eres una buena amiga, o que antes eras divertida (o quizás nunca lo fuiste), o que te has vuelto egoísta.

En la mayoría de los casos seremos suficientemente conscientes de nuestras decisiones para saber que son las correctas, y que debemos aferrarnos a ellas pese a que el camino no sea siempre fácil; pero no por eso deja de dolernos. Más aún, habrá días en que la negatividad sea tanta que estaremos tentadas a tirar todo por la borda y regresar al proverbial malo por conocido. En momentos como esos es cuando más debemos recordarnos que, tal como pasa con las estaciones de radio, la canción eventualmente cambiará.

Así pues, por supuesto que habrá días que suenen como “Burning Love”; pero también habrá días que suenen como “Lonely” de RM de BTS, otros como “Happy” de Pharrel Williams, y otros más que sonarán como “Ain’t it Fun” de Paramore, con toda su animada ironía. Y claro, habrá días que sonarán como todas estas canciones juntas.  Y luego también vendrán días que sonarán como canciones que jamás habíamos escuchado, pero que en cuanto lo hagamos, sabremos que es nuestra canción. Solo hace falta que sigamos escuchando.

¿A ti cómo te suena la vida?

Un día cualquiera.

De seguro alguna vez has dicho que vas a empezar un nuevo reto de ejercicios hasta el primero del mes, para que así puedas completarlo dentro del mismo. O bien, que te vas a pintar el cabello el día de tu cumpleaños, para que así sea un nuevo inicio en ambos sentidos.  O quizás hayas aplicado el viejo truco de decir que vas a empezar a estudiar a las 6.45; y en eso te descuidas y ya son las 6.47 así que no queda de otra que esperar a las 7.00 para iniciar con el estudio.

A lo que trato de llegar es que usualmente posponemos el iniciar algún proyecto o actividad para que cuadre con alguna fecha o tiempo que nosotras consideramos como propicia o cabalística, pero que al final del día es aleatoria y (en la mayoría de los casos), no afecta el resultado final. Quiero decir, a tu cuerpo no le importa si inicias a ejercitarte un miércoles 12 del mes, lo que es importante es que lo hagas. Y ciertamente, si inicias el 12 de ese mes en lugar de esperar al día 1º del siguiente, podrás tener resultados al menos 18 días antes.

Por supuesto, hay ocasiones o eventos que es especial que sucedan en cierta fecha, y tampoco tiene nada de malo que hayamos decidido una fecha específica para iniciar proyectos importantes y busquemos aferrarnos a ella. Isabel Allende ha mencionado en varias ocasiones que para ella iniciar una novela cada 8 de enero no es sólo un tema emotivo o de superstición, sino porque esa fecha ha pasado a ser también un tema de disciplina que la ayuda en su trabajo.

Lo que sí es que no debemos permitir que nuestros proyectos se retrasen por querer forzosamente que encajen dentro de una fecha; más aún si los mismos pueden proporcionarnos paz y bienestar. Además, para las personas que lidiamos con temas como el burn out o con algunas dificultades del funcionamiento ejecutivo, a veces un luego puede convertirse en un largo tiempo; o incluso en un nunca. Por ello, si encontramos la fortaleza para retomar nuestro hábito de llevar un diario, debemos aprovecharlo e iniciarlo; dando lo mismo si eso ocurre un viernes o un miércoles.

Además, en mi experiencia, si nos enfocamos en ir avanzando y dando lo mejor en nuestras actividades y proyectos; estos tienden a acomodarse por sí mismos en uno u otro sentido. Por un lado, puede que el destino coopere y las fechas de inicio y/o culminación caigan en un día que para nosotras tenga un significado especial. O puedo que no, y caigan en un día cualquiera. Pero, a partir de ese momento, ya no será sólo un día más, sino un día que podemos atesorar y recordar.

Entonces, en lugar de forzar a que las cosas sucedan en la fecha que nosotras queremos, avancemos con la vida y vayamos agregando más fechas a nuestro calendario personal de días especiales. ¿Tú qué fecha agregarás?

Felicidad, yo te recibo.

Sobre la felicidad, tanto como concepto como sentimiento; se han desarrollado un sinfín de documentos, doctrinas y estudios. Desde Aristóteles, quien veía a la felicidad como el fin último que debían perseguir las personas; hasta Maslow que jerarquizó los tipos de felicidades que podía sentir y necesitar el ser humano. En tiempos más recientes se ha hablado sobre la adición a la dopamina, la molécula de la felicidad, en el sentido de que se ha llegado a un punto en que lo que se busca es la “felicidad inmediata”, en lugar de procurarla a largo plazo.

En este último punto, y siguiendo con una discusión que llevaba ya algo de tiempo; se puede argumentar que realmente lo que se tiene es una adicción al placer, pues en general la felicidad es un estado de ánimo más sosegado y duradero. Pero en un mundo en el que la mayoría de las personas pasan días grises y estresantes, sumado a los años de publicidad que nos han vendido la felicidad como tener en lugar de ser, es comprensible que se busque un detonante placentero que nos permita “sentir” algo.

Con lo anterior, podemos llegar ya a algunas conclusiones. La primera sería que la felicidad es algo que todas las personas buscamos. Así mismo, existen diversos tipos de felicidad; y una clasificación posible es de acuerdo a su duración e intensidad. Por ejemplo, una felicidad momentánea e intensa puede ser cuando nos reunimos con una amiga que hacía tiempo no veíamos, o cuando terminamos un proyecto, o incluso cuando nos compramos un automóvil nuevo. Importante aquí señalar que este tipo de felicidad no debe confundirse con el placer, y en el caso del último ejemplo; tampoco debe entenderse solo como una cuestión de poseer bienes materiales. Por otro lado, una felicidad quizás menos eufórica pero más estable es la que experimentan las personas que tienen una relación de pareja satisfactoria, o la que se encuentra en actividades cotidianas como la jardinería.

Ahora bien, ya que tenemos un poco más de definición, vienen la pregunta importante: ¿cómo hacemos esa búsqueda? Como en tantas cosas de la vida, no existe una respuesta concreta a esta pregunta, pues dicha búsqueda no es un procedimiento sino más bien un proceso que puede ir cambiando conforme a la persona y sus experiencias de vida. Claro, volviendo con Maslow, existen ciertas cosas básicas que una persona debe tener (seguridad, vivienda, alimento, etc) para poder entonces concentrarse en la búsqueda de una felicidad más completa y digamos, humana.

Así mismo, y esto me parece crucial, debemos comprender que está búsqueda no es un proceso individualista. Con esto me refiero a que la felicidad que experimentamos no tiene que surgir solo de nuestras acciones. Nuestras familias, amistades e incluso desconocidos pueden darnos muchos motivos de felicidad, siempre y cuando estemos dispuestas a recibirla.

Este es el otro punto que considero esencial en esta búsqueda-proceso: tenemos que aceptar la felicidad o felicidades que se nos vayan presentando. Si quizás nuestra felicidad máxima va a ser cuando terminemos de escribir un libro, pero mientras gocemos el terminar un capítulo. Detengámonos a escuchar la risa de un niño, a ver el cielo, a escuchar el agua, a disfrutar una comida. Incluso, y quizás más importante, disfrutemos haber llegado en segundo lugar; aunque anheláramos el primero. Dejemos de lado el vivir de acuerdo a expectativas ajenas, y hagámoslo mejo en nuestros propios términos.

Entonces, sin importar cuál sea el origen de nuestra felicidad, nosotras debemos estar abiertas a recibirla y experimentarla en toda su brevedad y en toda su extensión; compartiéndola siempre que sea posible, pero también aprendiendo a disfrutarla por nosotras y con nosotras mismas.

¿Tú recibirás a la felicidad?