Hoy llevamos a mi gatita a bañar, y creo que le dieron más tranquilizante del necesario. Así que, para evitar que se cayera, y para que se pudiera sentir segura; estuve acostada con ella un rato.
Mientras estaba con ella, pensaba en todas las cosas que aún tenía que hacer, entre ellas preparar este post. Fue entonces que recordé un artículo que leí hace tiempo, me parece que en el periódico The Guardian, sobre cómo se había perdido el arte de la convalecencia. Un resumen del mismo sería que, con el advenimiento de varios avances médicos, ahora se esperaba que las personas se tomen una pastilla y mágicamente estén bien; sobre todo para poder continuar con su trabajo y ser “productivas”. El artículo luego desarrolla como esta circunstancia nos está afectando como comunidad.
Pero, y volviendo al tema de mi gatita, otro arte que se ha ido perdiendo es el de acompañar a una persona convaleciente. Y no solo por lo que digo en el párrafo anterior respecto a que necesitamos que la otra persona vuelva a ser productiva, sino que también nosotras necesitamos mantener nuestro nivel de productividad. Para muchas personas, es impensable usar una hora en preparar comida de dieta blanda para alguien que se recupera de una operación, pues usualmente solo toman algún alimento congelado, lo meten al microondas, y listo.
En muchas ocasiones esta situación no es por falta de amor o de compensación, sino que sencillamente no es posible compaginar esa labor de cuidado con las demás actividades que se nos exige cumplir día tras día; y un gran número de personas no puede darse la oportunidad de tomar tiempo libre en su trabajo porque entonces ya no lo alcanzará para cubrir sus necesidades básicas. ¿Porqué si no hay mamás que llegan con 2 horas de sueño a sus trabajos, porque tuvieron que pasar la noche en vela vigilando a sus hijos para garantizar que no les volviera a subir la temperatura?
Lo más alarmante de todo es que, incluso en instituciones de salud, cuyo objetivo principal debería ser precisamente que una persona recupere su salud; se está dando este mismo fenómeno. El personal tiene que atender tantos casos que ya ven a sus pacientes sólo como números, no como personas que en muchos casos están asustadas y necesitan un acompañamiento para poder sanar adecuadamente. Vamos, en algunas ocasiones estas mismas instituciones buscan dar de alta a los pacientes lo más rápido posible porque necesitan esa cama, o ese medicamento, o simplemente porque hay una larga fila de personas esperando ser atendidas.
Hay un post que circula cada cierto tiempo que dice que, cuando le preguntaron a una antropóloga cuál podría considerarse como el primer símbolo de la civilización; ella contesta que es la existencia de un fémur que se quebró y posteriormente fue curado. Explica que esto es un símbolo de compasión, de ayudar a una persona en tiempos difíciles. Ignoro si el post es cierto, o solo es de esas bonitas ideas que circulan por la red; pero coincido en que la compasión y la empatía son dos de las mejores y más distintivas cualidades de la humanidad. No podría decir que las mismas marcan el inicio de civilización, pero si creo que su falta llevará, invariablemente, a la caída de la misma.
¿Tienes a alguien que te haya ayudado durante una convalecencia?