Publicando en miércoles.

Creo que esta es la primera vez que publico un miércoles. Verán, cuando yo inicié este proyecto, me hice el propósito de publicar siempre los domingos, e incluso de hacerlo en un cierto horario. La verdad es que yo funciono mejor con rutinas, porque así puedo administrar mi tiempo y evito esa molesta situación de que no he hecho algo y que el tiempo se me acaba.

Sin embargo, también cuando inicié este proyecto me prometí a mí misma que era algo que iba a disfrutar, algo que hago con una intención creativa y de esparcimiento. Entonces, me he dado algunas libertades con el mismo; iniciando por darme un horario más amplio para publicar, y después dándome permiso de publicar quizás un lunes para poder disfrutar de una salida en domingo, y ahora llegando al punto de publicar en miércoles para poder escribir una entrada de calidad en lugar de una hecha al vapor.

Esta flexibilidad ha evitado que este blog se convierta en una obligación, y a la vez ha preservado el placer que tengo al escribirlo. Esto es parte de una mentalidad que he tratado de instaurar en otros aspectos de mi vida cuando es posible, tanto para disfrutarlos como para evitar auto flagelarme por no cumplir con ciertos estándares arbitrarios; algunos auto impuestos. Así, ya no me siento mal por no pagar un servicio el día que lo tengo marcado en mi calendario, pues entiendo que habrá días en que tenga otros pendientes que atender; únicamente me aseguraré de hacer el pago antes del corte. Igualmente, ya no me siento mal si tuve que faltar un día a hacer ejercicio, pues entiendo que en ocasiones la semana ha sido más pesada y necesito descansar.

Habrá personas que al leer lo anterior dirán que esa es una actitud poco responsable de mi parte, pero yo no lo veo así. Al contrario, lo veo como un ejercicio de priorización. Sí, mantener una rutina de ejercicio es importante para la salud; pero en ocasiones es mejor tomar un día de descanso para regresar más fuerte al día siguiente. De igual forma, el mundo no va a colapsar si no hago un pago justo el día que me envían el cobro, pero quizás si lo haga si no envío un documento antes de cierta hora.

En este mismo sentido, habrá actividades o cosas que sí me cobren un precio por no hacerlas en un momento o plazo determinado. Pero aquí nuevamente ejerzo la priorización al realizar primero aquellas que impliquen un costo más alto si las dejo para después. Tal vez el no pagar un servicio durante los primeros 7 días de emitida la factura implica que no accederé al descuento por pronto pago, pero es un costo que puedo afrontar. Pero la desilusión de una persona cuando no estoy en un evento importante para ella, solo por aferrarme a tomar una clase virtual el día que la transmitían (aún y cuando posteriormente se iba a subir la grabación de la misma); es un precio que no esto dispuesta a pagar.

En la vida siempre habrá cosas urgentes y cosas importantes; y cosas que sean urgentes e importantes. Definamos nuestra propia matriz de Eisenhower, ajustémosla cuando sea necesario, y llevemos una vida en la que las obligaciones no nos aplaste.

¿Tú cómo priorizas?

Eclipse personal.

Este próximo 8 de abril habrá un eclipse total de Sol, el cual será visible en buena parte de Norteamérica. Debido a que este tipo de eclipses son bastante raros (de acuerdo con la Nasa el siguiente eclipse total visible desde todos los estados de Estados Unidos ocurrirá en 2044); se ha levantado bastante expectativa y barullo sobre el mismo. Desde noticias señalando la venta de lentes protectores apócrifos, opiniones respecto a si las vacaciones de Semana Santa deberían extenderse un día más para disfrutar de este evento astronómico, hasta otras señalando la importancia de los eclipses para las civilizaciones antiguas.

En este último contexto, pese a la distancia geográfica y en algunos casos temporal entre diferentes civilizaciones, un tema común es que las mismas asociaban estos fenómenos con un estado de incertidumbre, pues se creía que el Sol era atacado por fuerzas malignas y oscuras, poniendo en peligro la continuidad de la vida. Es por eso que los mayas llamaban a este fenómeno “Sol Roto”, y había que hacer una serie de rituales para fortalecer a Kinich Ahau (deidad solar) durante su lucha,lucha, y así garantizar su triunfo.

Una ventaja de los mayas es que sus observaciones astronómicas les permitían predecir este tipo de fenómenos con gran exactitud, como se comprueba en el Códice de Dresde, por lo que podían planear con antelación lo necesario para dichos rituales y sacrificios; e incluso los iniciaban poco antes del eclipse para mayor seguridad. Lamentablemente, a diferencia de ellos, nosotras no contamos con las herramientas que nos permitan predecir cuándo tendremos nuestros eclipses personales. Podemos analizar patrones para decir si las cosas están siendo más difíciles que de costumbre, pero es complicado definir qué será aquello que nos quebrará; sobre todo porque podría ser algo incluso intrascendente en el momento.

¿Qué hacer entonces? Aprender de dichas civilizaciones y poner en práctica rituales con antelación. Cosas tan aparentemente sencillas como procurar mantener una rutina de sueño, comer adecuadamente y en horarios regulares, y activarnos físicamente en nuestro día a día son fundamentales para fortalecernos y estar preparadas ante alguna crisis. Si a eso le sumamos dedicarnos tiempo para apreciar las pequeñas cosas de la vida, tener conexiones de calidad con nuestros seres queridos, practicar algún pasatiempo que fomente nuestra creatividad, llevar un diario de gratitud y felicitaciones, entre otras actividades de auto-cuidado; entonces estaremos en mejor posición de afrontar esos momentos de oscuridad e incertidumbre.

Finalmente, pero no menos importante, debemos también tener la humildad y valor para reconocer que requerimos ayuda para poder prepararnos. Como ya he dicho en ocasiones anteriores, que nuestras redes de apoyo tengan un profesionista de la salud  y la espiritualidad (llámese psicóloga, coach, guía espiritual, etc), las vuelve más fuertes. Después de todo, en los tiempos antiguos, eran los sacerdotes, personas sabias y preparadas, quienes apoyaban al pueblo tanto en la preparación de los ritos como durante el momento del eclipse. No veo porque nosotras no podamos buscar a sus equivalentes modernos.

Tal como se comentó en párrafos anteriores, los eclipses totales de Sol son bastante raros; pero no así los eclipses personales. Aprovechemos la oportunidad que este fenómeno astronómico nos brinda para tener un momento de introspección, y así estar preparados para cuando nuestro sol se rompa. Pero también, y eso es lo más importante, para prepararnos para el nacimiento de un nuevo Sol.

¿Cómo será tu nuevo Sol?

Me doy 5 minutos.

Voy a hacerles una confesión: yo pongo mi alarma 5 minutos antes de la hora que realmente necesito levantarme, por el mero placer de poder darle click al botón de “posponer”. Esos 5 minutos extras los disfruto mucho, ya sea con un pequeño estiramiento o aprovechando para dormir un poquitín más; o si época de frío los aprovecho para disfrutar un poco más el calor de mi cama. Pero, además de lo anterior, me da un enorme gusto darme ese pequeño acto de libertad.

Y es que, tan pronto me levanto, mi día está regido por una serie de horarios. Tengo que salir de mi casa a cierta hora para llegar en tiempo a mi trabajo, una vez en la oficina tengo diferentes citas o juntas programadas; así como fechas de entrega que cumplir. En el ámbito personal, también me rijo por diferentes agendas: salir de casa a una hora para alcanzar a llegar a clase de zumba, procurar llegar a recoger la ropa de plancha antes de que cierren, hacer una cita con mi dentista; y así un sinfín de cosas.  

No me mal interpreten, a mí me gusta la rutina y me da cierta paz tener mis días estructurados; pero también es cierto que en veces eso se vuelve demasiado. En ocasiones lo que se necesita es tener días en el que el tiempo se sienta infinito, en el que no tengamos la presión de estar corriendo de un lado para otro, y podamos dedicarle tiempo a las cosas, situaciones y personas. Una amiga y yo hemos comentado que ese es un problema de cuando viajas a lugares que no puedes ir muy seguido, pues en tu afán de abarcar lo más posible, terminas muy cansada y saturada.

Eso mismo pasa en la vida diaria; en nuestro afán de sacarle el mayor provecho a cada hora del día, olvidamos sacarle el mejor provecho. Dependiendo de la situación de cada persona puede ser diferente, pero al menos lo que yo he notado (tanto en mi como en otras personas), es que usualmente nos dejamos a nosotras mismas como la última prioridad en esa carrera contra un reloj invisible y omnipresente. Hacemos todas las obligaciones que tenemos, ya sea autoimpuestas o no, y al final del día ya no tenemos ni energía ni tiempo para dedicarnos a nosotras mismas.

Es por eso que fenómenos como “la venganza del desvelo” han cobrado mayor notoriedad en fechas recientes. En este caso, las personas evitan a propósito irse a dormir a una hora conveniente, y usan ese espacio para ellas mismas. Esto les da la sensación de tener nuevamente el control de su vida y su tiempo en medio de la vorágine que es el día a día; aunque esto no sea del todo saludable.

Yo alguna vez he caído en esta práctica; pero realmente nunca me ha dado esa sensación de haber ganado algo. Quizá sea por mi tipo de personalidad, además de factores biológicos, o porque ese tiempo lo pierdo viendo cosas sin sentido en el internet; pero en mi caso siento justamente eso: que fue un tiempo perdido puesto que no lo disfruté, y además al día siguiente me cobra factura el desvelo. Caso contrario a esto es cuando, de una manera consciente, estoy disfrutando tanto una actividad, que decido seguir disfrutando, aunque eso implique develarme. Algunos de mis mejores recuerdos es justo cuando me he desvelado para terminar un muy buen libro.

Tal vez la diferencia radica también en que, en esos casos, no pienso que el develarme sea una venganza contra algo o alguien; sino que es una decisión propia que viene desde la consciencia de querer hacer algo que me hace feliz y que no tendrá malas consecuencias. Eso mismo pasa cuando pongo la alarma 5 minutos antes para luego posponerla; para mí es un regalo que me doy al inicio del día que me hace feliz.  No digo que no, si puede ser también un pequeño acto de desafío contra tener que seguir una agenda rigurosa durante el resto del día; pero nace desde una fuente positiva (darme un regalo) en lugar de una negativa (vengarme).

Quizás si buscáramos darnos un pequeño regalo diario, aunque sea solo por 5 minutos, nuestros días se volverían más agradables, y nos sentiríamos menos perdidos en medio de la acelerada vida que nos hemos creado. Quién sabe, con el tiempo incluso podríamos desacelerar un poco.

¿Tu cuántos minutos te das en el día?

Tiempo de floración.

Por diversos motivos, no había podido ocuparme de mis plantas de la manera en que usualmente lo hago, pues incluso me había saltado uno o dos días en su ciclo de riego. Las había visto un poco al pasar y se veían bien, considerando el clima que habíamos tenido en la semana y demás. Sin embargo, hoy que pude dedicarles un poco más de tiempo, me di cuenta de que realmente no estaban bien.

Aparte de que les faltaba más agua de lo que parecía, una tenía algunos tallos dañados (no sé si por mi gatita o por el viento), otra tenía su maceta sucia, y una más había derramado agua y se había formado un poco de sarro en el piso. Mientras las atendía, recordé que un psicólogo me había dejado alguna vez la tarea de adoptar una planta, y tratarla como una representación de mi bienestar y felicidad, esto para lograr la moraleja de que tienes que dedicar tiempo a atenderte y cuidarte para poder florecer. Creo que esta vez entendí más cosas, y de manera más profunda, de ese ejercicio.

Por un lado, entendí que muchas veces las personas nos vemos como mis plantas: aparentemente todo está bien, nos vemos saludables y pareciera que tenemos lo necesario. Pero si miramos más de cerca, nos damos cuenta de que realmente tenemos algunas hojas marchitas, y que nos falta un poquitín más de agua. En otras palabras, no estamos floreciendo, solo estamos manteniéndonos; y si la situación continúa, es posible que enfermemos.

Lo mismo sucede con las personas: avanzamos en nuestro día a día, cumpliendo con nuestras obligaciones, tomando las vitaminas de la mañana y haciendo un esfuerzo por, ahora sí, agendar la cita con la dentista en la semana. Pero en realidad nos sentimos cansadas, y no solo físicamente, sino también en lo emocional y mental. Buscamos dormir una hora más el fin de semana con la esperanza de que eso nos ayude, cuando en realidad sabemos que se requiere un cambio más profundo para sanar y crecer. Pero en eso suena la alarma del reloj y volvemos a distraernos con llevar la ropa a la tintorería, terminar el reporte semanal, ver el nuevo capítulo de la serie que medio vemos, y demás cosas. En resumen, solo existimos, pero no florecemos.

Otra cuestión sobre la que estuve reflexionando fue que, usualmente, mi madre y yo nos apoyamos con el cuidado de las plantas. Si yo tuve un día acelerado y olvidé regar las plantas que son mías; ella se ocupa de hacerlo. De igual forma, cuando ella tiene algún contratiempo, yo procuro que el jardín esté regado y sin basura que pueda caer de la calle. Pero ahora, por diversas causass, mi mamá tampoco ha podido estar al pendiente de mis plantas; lo que ocasionó que llegáramos a la situación que describí en un principio.

Esto me lleva a pensar que, si bien nuestra felicidad y bienestar son asuntos propiamente personales, no por eso tienen que ser individualistas. Con esto me refiero a que debemos permitir que otras personas nos apoyen, pues puede ser que ya estemos tan acostumbradas a vivir en “automático”, que no veamos los signos de que nos estamos marchitando. Si bien, idealmente, esas personas deberían ser nuestra familia y amistades en primera instancia; también es bueno reconocer que ellas también sus problemas y necesidades, por lo que debemos estar abiertas a recurrir a un profesional de la salud para que nos apoye a mejorar antes de que la situación empeore. Como he dicho antes, lo importante es formar redes de apoyo que nos den seguridad, y también nos atrapen si llegamos a caer.

Mis plantas ya están mejor, pero será necesaria constancia y disciplina de mi parte para que vuelvan a estar saludables. Lo mismo pasa conmigo, lo mismo pasa contigo. Quizás algunas necesidades si tengan una solución rápida (si tienes hambre, come); pero si no analizamos y afrontamos la causa de esa necesidad (¿Por qué no me doy el tiempo para comer?), entonces nos la pasaremos haciendo arreglos rápidos pero que ocultan un problema mayor que puede complicarse con el tiempo. Pero, si estamos dispuestas a ir al meollo del asunto, y corregir en el largo plazo, los beneficios serán duraderos.

En fin, sería bueno que nos demos el tiempo y espacio para atender nuestro proceso de floración, y descubrir cómo luciremos al lograrlo.

¿Cómo están tus plantas hoy?

Confesión.

Tengo algo que confesar: esta semana no preparé la entrada del blog.

Usualmente durante la semana me hago una idea de qué quiero escribir, y el sábado hago el documento final para poder tenerlo listo para el domingo en la mañana. Si por cualquier cosa el sábado no pude terminar, el domingo me levanto temprano a ello. Pero esta semana, no lo hice.

Por una parte, la semana fue más pesada que lo usual, por diferentes motivos. El sábado no fue la excepción, de hecho, creo que fue el día más pesado de todos. Afortunadamente, pude terminar los pendientes y en la tarde tener un momento de convivencia familiar. Ese momento terminó extendiéndose más de lo que había considerado; así que aparte de acostarme tarde, no tuve la energía para levantarme temprano a escribir el blog. Estuve un rato intentándolo, pero una parte de mi sabía que, aunque  llegara a levantarme, no iba a poder escribir una entrada con la que me sintiera satisfecha.

Así que aquí estoy, escribiendo la entrada mucho más tarde que de costumbre, pero sintiéndome bien respecto a ello.

Esto me hizo recordar un post que he visto algunas veces, el cual, parafraseando, dice que si estás llegando a un punto en el que estás sufriendo para dar “lo mejor de ti”; entonces simplemente eso ya no es lo mejor de ti. Mi interpretación de esto es que, aunque es comprensible que en ocasiones tengamos que hacer algunos “sacrificios” para lograr el resultado que queremos, debemos evitar llegar a un punto de quiebre. Quizás una desvelada o dos a la semana para terminar un trabajo está bien, pero no puedes vivir desvelándote. Faltar a un compromiso social por estudiar para un examen está bien, pero no puede vivir solo estudiando. Porque en algún punto, tu cuerpo y tu mente llegan a un sobre calentamiento en el que simplemente ya no puedes hacer las cosas como a ti te gustaría, lo cuál por supuesto hace que te sientas culpable y decides que lo que falta es que pongas más empeño.  Y así entras a un círculo vicioso del cual es muy difícil salir; y lamentablemente en algunas ocasiones es imposible.

Todas estas son ideas que he internalizado y comprendido no hace mucho tiempo; y la verdad es que en muchas instancias aún no las pongo en práctica de manera cabal. Pero al menos ya voy empezando, y tomo pequeñas acciones para cuidarme. Porque al fin  y al cabo, si la mejor versión de mi no es mi versión favorita, entonces realmente no es la mejor.

¿A ti te gusta tu versión actual?