Ideas en 5 minutos*

*Aplican términos y condiciones.

En veces las ideas para este blog me llegan de forma inesperada; ya sea mediante una canción, una noticia, o un recuerdo que hace clic en mi cerebro. En esos casos, la idea se desarrolla rápidamente en mi cabeza; e incluso pienso en los ejemplos e imágenes que usaré para ilustrarla. Como en ocasiones dichas ideas se dan en momentos en que no puedo ponerme a escribirlas como tal, escribo una nota rápida por aquí o por allá; a manera de guion para cuando pueda dedicarle tiempo.

 Casi sin darme cuenta, llega el día. Me siento en mi escritorio, veo las notas que tomé, tengo mi hoja en blanco lista y … la historia no fluye. Y yo estoy que no entiendo, porque en mi cabeza se veía ya completamente armada, con frases ingeniosas y todo. Pero cuando ya la estoy poniendo en palabras, me parece que el ritmo no es el adecuado, o que los ejemplos son muy similares entre sí, o que me pierdo sin poder exponer el punto central. En fin, simplemente no sé da como yo la había imaginado, y eso es frustrante.

Esto me pasa no solo con las historias que escribo, sino también en otros aspectos de la vida diaria. Una presentación del trabajo que tenía bien preparada, al momento de exponerla me complico y no acaba de tener el impacto que hubiera querido. O cuando asisto a algún evento que permite la participación del público, por mucho que pienso mi aportación, en ocasiones siento que hablo demasiado y no llego al punto que quiero. Vamos, incluso casos de estudio que me siento confiada al momento de prepararlos, cuando los leo por segunda vez o los comparto con el equipo; me suenan sosos.

¿Esto es frustrante? Sí, muchísimo. ¿Se puede mejorar con la práctica? Supongo que sí, pero tampoco creo que ninguna cantidad de horas practicadas te salve de ese bloqueo que todas hemos experimentado, ni de la frustración que el mismo conlleva.

Quizás más bien es que, conforme vas teniendo más experiencia, entiendes que la posibilidad de un bloqueo o una mala ejecución siempre existen; pero que debemos continuar pese a ellos. A veces eso implica dejar una historia por la paz y mejor empezar otra desde cero, aunque signifique más tiempo. O quizás implique aceptar que, de momento, la solución que tienes para un problema o situación es la mejor que vas a tener; porque en cierta forma es la única. ¿Alguien más podría tener una mejor idea? Muy posiblemente, pero quien está ejecutando eres tú, así que si no tomas acción, nada va a suceder. Como ya he dicho en otras entradas, “hecho es mejor que perfecto”.

Algo que también es importante mencionar sobre la práctica, es que conforme te vuelves más diestra en lo que haces, va a parecer que las cosas no te cuestan trabajo. Por ejemplo, si ves a una escritora experimentada desarrollar sus ideas; parecerá no sólo que la inspiración le llega de la nada, sino también que desarrolla sus ideas en 5 minutos. Sin embargo, la realidad es que detrás de esos 5 minutos hay incontables horas dándose de golpes contra la computadora porque la historia no se quiere escribir; y muy posiblemente haya otras tantas historias luego de la presentación en que la misma autora diga ¿cómo se me pudo olvidar esto, si era lo más importante?

Cómo dije, el riesgo de que las cosas no resulten como queríamos siempre está ahí, pero eso no nos debe quitar las ganas de hacerlas. Quizás hoy nos tome una hora conseguirlo, y quizás en un futuro nos tome 5 minutos. Y casi inmediatamente después, sucederá que nos tome dos horas lograrlo. Así es la vida, con muchas letras chiquitas; pero con buenos resultados también.

¿Tú qué bloqueo quieres vencer?

Con lo que me quedo.

El otro día estaba haciendo limpia de papeles, entre ellos algunos apuntes que tenía de la universidad y la maestría. Mientras los revisaba, me topé con varios conceptos que se han quedado conmigo, y que he seguido usando en mi vida académica y profesional; pero también vi otros tantos que había olvidado, pero que con darles una leída rápida dije “oye, eso podría servirme”. Con esto entré en la fase que más me cuesta cuando decido hacer limpia de cualquier cosa: ¿me lo quedo, o lo desecho?

Una parte de mí me dice siempre que lo conserve, que puede servirme en el futuro o que de seguro ahora sí me voy a dar el tiempo de usarlo/leerlo (cosa que raramente ocurre, si soy sincera). Pero hay otra parte que me dice que no, que no puedo conservar tantas cosas y que al final del día no le doy seguimiento a todo, simplemente porque la vida no me alcanza. Mientras contemplaba esta situación con los apuntes, me puse a pensar que esto pasa también con otras cosas de la vida, como son las relaciones personales.

Todas las personas hemos pasado por relaciones que nos cuesta trabajo dejar, y seguimos dándole vueltas sobre porqué no funcionaron, o preguntándonos si deberíamos hacer aún algo más para salvarlas. En pocas palabras, no queremos perder eso que tenemos, porque nos da un poco de miedo lo que eso significa tanto en nuestro presente como en nuestro futuro.  Pero al final del día, tenemos que adaptarnos a esa nueva realidad, tanto por nuestro bien como por el de la persona con la que compartimos esa relación; y que tal vez aún compartimos, solo que de manera distinta. Y es entonces cuanto tenemos que decidir con qué nos vamos a quedar.

Independientemente de cómo haya quedado la relación, siempre podemos conservar aquello que aún nos produce felicidad de la misma, parafraseando un poco a Marie Kondo. Quizás puedes seguir usando la técnica que una amiga te compartió para quitarte lo enchilado, o conserves la taza que te regaló porque tenía tus colores favoritos, o uno de tus recuerdos más preciados siempre será ese viaje que hicieron juntas. Y otras tantas cosas y experiencias las desecharás, no porque no fueron importantes en su momento, o porque sean “malas”; simplemente ya no tienen espacio en la nueva realidad de tu vida.

Incluso, las cosas con las que decidas quedarte deberán también ajustarse a ese nuevo espacio y tiempo. Así como me pasa a mi con algunos conceptos de algunas clases que si bien conozco, pero que no uso diario; talvez esa foto que tenían pueda pasar a un álbum en lugar de estar en tu buró. No han desaparecido, incluso puede que tu subconsciente sigue corriendo esa información en segundo plano; pero al menos ya te dejó capacidad libre para lo que viene.

Eso creo que es lo más importante, entender que el soltar algunas cosas te permite poder tomar otras nuevas; pero con la experiencia de las pasadas. Así como una clase de economía será más fácil gracias a los conocimientos previos que tienes de otras asignaturas, así también podrás tener relaciones más saludables con la experiencia de otras que ya has pasado; aunque en ninguno de los casos recuerdes todo lo que te enseñaron. Solo es cuestión de que te des la oportunidad de analizar con qué te quedas, y seguir adelante.

¿Tu has hecho limpia de alguna cosa últimamente?