Tengo algo que confesar: esta semana no preparé la entrada del blog.
Usualmente durante la semana me hago una idea de qué quiero escribir, y el sábado hago el documento final para poder tenerlo listo para el domingo en la mañana. Si por cualquier cosa el sábado no pude terminar, el domingo me levanto temprano a ello. Pero esta semana, no lo hice.
Por una parte, la semana fue más pesada que lo usual, por diferentes motivos. El sábado no fue la excepción, de hecho, creo que fue el día más pesado de todos. Afortunadamente, pude terminar los pendientes y en la tarde tener un momento de convivencia familiar. Ese momento terminó extendiéndose más de lo que había considerado; así que aparte de acostarme tarde, no tuve la energía para levantarme temprano a escribir el blog. Estuve un rato intentándolo, pero una parte de mi sabía que, aunque llegara a levantarme, no iba a poder escribir una entrada con la que me sintiera satisfecha.
Así que aquí estoy, escribiendo la entrada mucho más tarde que de costumbre, pero sintiéndome bien respecto a ello.
Esto me hizo recordar un post que he visto algunas veces, el cual, parafraseando, dice que si estás llegando a un punto en el que estás sufriendo para dar “lo mejor de ti”; entonces simplemente eso ya no es lo mejor de ti. Mi interpretación de esto es que, aunque es comprensible que en ocasiones tengamos que hacer algunos “sacrificios” para lograr el resultado que queremos, debemos evitar llegar a un punto de quiebre. Quizás una desvelada o dos a la semana para terminar un trabajo está bien, pero no puedes vivir desvelándote. Faltar a un compromiso social por estudiar para un examen está bien, pero no puede vivir solo estudiando. Porque en algún punto, tu cuerpo y tu mente llegan a un sobre calentamiento en el que simplemente ya no puedes hacer las cosas como a ti te gustaría, lo cuál por supuesto hace que te sientas culpable y decides que lo que falta es que pongas más empeño. Y así entras a un círculo vicioso del cual es muy difícil salir; y lamentablemente en algunas ocasiones es imposible.
Todas estas son ideas que he internalizado y comprendido no hace mucho tiempo; y la verdad es que en muchas instancias aún no las pongo en práctica de manera cabal. Pero al menos ya voy empezando, y tomo pequeñas acciones para cuidarme. Porque al fin y al cabo, si la mejor versión de mi no es mi versión favorita, entonces realmente no es la mejor.
¿A ti te gusta tu versión actual?