Retira el sartén.

Muchas veces me ha pasado que, mientras estoy haciendo el desayuno, decido que bien puedo poner a calentar el agua para el café, partir las verduras, y dejar el huevo tipo omelette en el sartén para que se vaya cocinando de un lado en lo que acabo de hacer lo demás. Todo lo anterior según  yo para ahorrar tiempo. Claro, la mayoría de esas veces sucede que el huevo está listo antes de que todo lo demás, y casualmente también es cuando más llenas tengo las manos de las cáscaras y restos de las verduras. Entonces, entro un poco en desesperación, porque por un lado quiero lavarme pero por el otro sé que si no me apresuro, el huevo se va a quemar. Y por si fuera poco, justo en ese momento comienza a sonar el hervidor de agua; que afortunadamente se apaga solo pero el sonido agrega un efecto aún más apremiante a la situación.

Luego de algunos huevos quemados, o de ensuciar la espátula, el sartén y la estufa por tratar de voltear el huevo, he aprendido que lo más sencillo que puedo hacer es retirar el sartén del fuego; ya sea apagando la llama o bien cambiándolo de hornilla. Ciertamente eso me deja o con un sartén o con una perilla de estufa que limpiar, pero no con ambos; y esto me da los minutos justos para ir, lavarme las manos, vaciar el agua caliente si es preciso, y posteriormente regresar al sartén para acomodar el huevo y los demás condimentos. Así, evito un desastre que aparte de ponerme de malas, al final me dejaría con un embrollo más grande que limpiar.

¿A dónde quiero llegar con esta historia de mis habilidades culinarias en desarrollo? A que esto mismo nos pasa no solo en la cocina, sino también en nuestro trabajo, o en otras actividades cotidianas. Pretendemos ganarle tiempo al tiempo haciendo multitareas, que como ya dije en otra ocasión es una estrategia que muy rara vez funciona; y que en la mayoría de los casos nos deja con un embrollo más grande. Aunque somos conscientes de esto, siempre pensamos que ahora si nos va a salir bien, como a mí en el caso del desayuno; o simplemente la vida nos obliga a intentarlo porque después de todo el tiempo es dinero y de seguro hay algún millonario por ahí diciendo que la vida es de quien hace más en menos tiempo y tonterías como esas.

Entonces, si no podemos escapar de esa locura, entonces lo mejor es encontrar formas de lidiar con ella. Lo ideal por supuesto es dedicarle un tiempo a fortalecer nuestra estabilidad mental, encontrar maneras de organizarnos, de aprender a delegar cuando es posible, de priorizar, entre muchas otras cosas. Pero siendo sinceras, incluso las personas más capacitadas tienen momentos en que simplemente no pueden, en que quizás ha habido muchas pequeñas cosas amontonándose y de repente se dan cuenta (y nos damos cuenta) que nuestras reservas de energías se han agotado. Es en ese momento en que debemos sacar fuerzas de flaqueza, identificar la situación más apremiante, y evitar que se convierta en un desastre. Y en ocasiones eso implica alejarla un poco, como yo con el sartén.

No, no estamos resolviendo el problema de raíz, y quizás hayamos agregado un poquito más de complicación con nuestra solución temporal (vamos a tener que limpiar la perilla); pero hemos logrado el objetivo inmediato: evitar un percance y conseguirnos unos precioso momentos para controlar las otras pequeñas cosas que están dando vueltas por ahí, apagar los ruidos que nos están estresando innecesariamente, y tomar un momento para respirar. Con esto resuelto, podemos volver al problema, verlo de frente, y resolverlo haciendo uso de todas las técnicas y estrategias que hemos aprendido con anterioridad. Sin contradecir al teórico Chris Argyris, a veces un poco de pensamiento de bucle simple es necesario, para que posteriormente podamos llegar al de bucle doble

Esta última parte es sumamente importante. No podemos quedarnos solo en la etapa en que atendemos solo cosas pequeñas y las grandes las hacemos a un lado indefinidamente. El objetivo de poner una solución temporal a los problemas importantes es para darnos tiempo de solucionar los problemas pequeños y recomponernos, para ahora sí enfocarnos en la situación principal. Si nos quedamos en la etapa de la solución temporal, nosotras mismas nos estamos creando una situación más problemática en el futuro, además de que nos generamos un estrés innecesario en el proceso. Después de todo, el motivo por el que nos pusimos a hacer el desayuno, es porque teníamos hambre; y dudo mucho que la misma vaya a desaparecer si solo nos enfocamos en lavar los platos.

¿Tu has aprendido a retirar los sartenes?

El momento perfecto.

Quienes han leído “El Conde de Montecristo”, quizás recuerden una escena en la que el Conde se prepara, mental y emocionalmente, para entrar en los aposentos de Haydée. Dumas nos explica que, al contrario de las personas ordinarias, el Conde requería prepararse para los momentos felices. Esto por supuesto es un elemento para demostrar como la tragedia ha dejado su marca en Edmundo Dantes; pero creo que muchas personas podemos identificarnos con esa necesidad de no querer o poder hacer algo, hasta que las condiciones sean las ideales.

Por ejemplo, en más de una ocasión he pospuesto el ver algún video o leer un libro que he esperado con ansias y que sé que voy a disfrutar; pero para el que en ese momento particular no me encuentro en el estado mental correcto. Con esto no quiero decir que esté triste o enojada, o alguna otra emoción catalogada como negativa; sino que tal vez ha sido un día muy ajetreado o aún quedan muchos pendientes por hacer, y eso no me dejará disfrutar la actividad de la mejor manera. O bien, sé que el resultado obtenido de la misma no me dejará satisfecha; pues ese mismo cansancio mental me impedirá dar lo mejor de mí.

Hubo un tiempo en que esto me frustraba, pues sentía que dejaba pasar oportunidades, que me estaba perdiendo de “vivir el momento” pues no veía algo en tiempo real o al menos en un tiempo considerable luego de que se hubiera estrenado. Como si alguien me estuviera llevando la cuenta. Llegué incluso a pensar si esto no sería una manifestación de disfunción ejecutiva; pero luego de analizarlo he llegado a dos grandes conclusiones, un tanto opuestas entre sí.

La primera de ellas tiene que ver con el perfeccionismo, y como este sigue siendo una característica constante en mi vida; y en la de muchas personas. Hemos escuchado tantas veces que las cosas tienen que salir bien y a la primera, que vivimos en un estado constante de aprehensión de no cumplir con las expectativas, reales o imaginarias, que alguien ha trazado para todas nuestras actividades. Lo que es peor, creemos que, si fallamos la primera vez, ya no tendremos oportunidad de corregirlo; algo que raramente es real para el grueso de las actividades o situaciones cotidianas. Así pues, hemos de aprender a dejar ese miedo atrás, a ver la vida no como una competencia de clavados en la que nos califican cada uno, sino como una ida a la playa a la que vamos a divertirnos; independientemente de si nuestros saltos son buenos o no.

Pero, por otra parte, también está bien reconocer cuando no es el mejor momento para hacer algo, y simplemente esperar. Hay momentos que queremos disfrutar con todos nuestros sentidos, y el apresurarlos nos robará esa oportunidad. Lo importante entonces es recordarnos que requerimos esos momentos para nutrirnos anímica, espiritual y mentalmente; y por tanto ir propiciando momentos de calma en nuestro día a día que nos permitan “cargar” nuestras energías para disfrutar esos momentos. El ser capaces de tomar una pausa para poder ser nosotras mismas de nuevo, y disfrutar las cosas que amamos, posiblemente sea una de las habilidades más importantes en los tiempos que vivimos.

Al unir ambas conclusiones, que como dije podrían parecer opuestas entre sí, creo que podemos llegar al centro de este asunto. No se trata simplemente de vivir el presente o de tomarse las cosas con calma, sino de conocernos a nosotras mismas. Saber para qué estamos listas y para qué no, qué es importante y qué no lo es tanto; para de ahí tomar las mejores decisiones para nuestra vida.

Habrá veces en que no tendremos opción y deberemos aventarnos al vacío sin saber muy bien cómo aterrizar; pero en las que podamos, démonos la oportunidad de gozar el momento como nosotras queramos, independientemente de cómo sea.

¿Cuál es tu momento ideal?