¿Realmente lo estamos arreglando?

Durante la semana vi dos publicaciones que me hicieron reflexionar sobre el enfoque que le estamos dando a temas como el cambio climático, pero que en general hablan también de la mentalidad de la época. La primera publicación (del World Economic Forum) mostraba un robot en forma de pez, aún en fase de prototipo, que podía recolectar micro plástico del océano; mediante una reacción que tenía este con su cuerpo. La segunda era una noticia de The Guardian informando que una ciudad en Países Bajos había prohibido, en espacios públicos, los anuncios sobre carne; en un esfuerzo justo de reducir el consumo de la carne y en consecuencia las emisiones de gases de efecto invernadero que dicha industria provoca.

Ambas iniciativas son buenas, en particular la del robot pez me parece sumamente interesante; y por supuesto que debemos hacer todo lo posible por disminuir y revertir los terribles daños que le hemos hecho al planeta. Pero, como dije al principio, también es importante que reflexionemos sobre la mentalidad que las está impulsando. Tenemos un acercamiento a los problemas en donde nos resulta más “sencillo” encontrar una manera de corregir el impacto de los mismos, que de modificar o eliminar el comportamiento que los está causando. De nuevo, entiendo que en cuestiones como la del micro plástico en el océano, es necesario tomar acciones en paralelo en ambos sentidos; pero al menos a mí me ha tocado ver más “soluciones” a medias que no atacan el problema de raíz.

Esto me hace recordar otra noticia que leí ya hace algún tiempo, en la que se discutía el comportamiento observado en los cuervos de cierta ciudad; los cuales habían aprendido a recoger las colillas de cigarros de las banquetas de los parques y tirarlas en los depósitos de basura. En el artículo se discutía si podría ese comportamiento replicarse en cuervos de otras localidades; y uno de los expertos comentaba, palabras más palabras menos, que resultaba muy interesante que quizás sería más fácil enseñarle a un cuervo a recoger basura que a una persona a no tirarla en primer lugar.

Creo que esto resume bastante bien el enfoque que como sociedad le damos a problemas transcendentales, en el que abogamos más por encontrar maneras de minimizar el impacto de nuestras acciones, que en cambiar las mismas. Algo igualmente preocupante es que, en la mayoría de los casos, el motivo por el que no queremos modificar nuestro comportamiento es simplemente porque no queremos perder nuestra comodidad, tanto individual como colectiva. Porque claro, resulta mucho más sencillo que, al ir por mi café, me den un vaso desechable que cargar yo con un termo; que además de todo tengo que lavar. De igual forma, preferimos aceptar como status quo que una compañía deforeste los bosques o tenga prácticamente en condición de esclavitud a sus empleados, que el tomar parte en una protesta en forma que obligue a las empresas a cambiar dichas prácticas.

En este mismo sentido, también es importante mencionar que esta mentalidad de bucle simple (en términos del psicólogo Chris Argyris) es ampliamente fomentada por las empresas, pues en la mayoría de los casos su compromiso con temas de trascendencia es meramente superficial. De esa forma, crean campañas que se enfocan en soluciones simplistas y que de alguna manera les benefician económicamente (“ya no uses popotes de plástico, mejor usa mis popotes metálicos en 50 tonos diferentes”); en lugar de ellas también analizar su comportamiento y hacer un cambio consciente que permite una mejora a largo plazo.

De esta forma, vamos por la vida confiados en que hemos resuelto el problema; en lugar de darnos cuenta que sólo hemos hecho un hoyo para tapar otro. Porque al final del día, el implementar ideas como las del pez robot implica también el uso de recursos que deben obtenerse de alguna forma, y que queramos o no implican un costo ecológico; que quizás sí termine siendo menor que el de otras iniciativas o el de no hacer nada. Pero, a la larga, todo va sumando (o restando, según se quiera ver), y soluciones que deberían verse como temporales se convierten en permanentes; simplemente porque como sociedad nos negamos a ir un paso más allá y fomentar cambios verdaderamente conscientes.

¿Tú consideras que las soluciones que estamos dando a los problemas trascendentales, tienen el enfoque adecuado?