Recientemente me enteré de que en Colombia, el día del amor y la amistad se celebra en septiembre; el tercer sábado del mes para ser precisa. Esto llamó mucho mi atención, pues hasta donde sabía en la mayor parte del mundo la fecha oficial de tal celebración es el 14 de febrero, en remembranza del día en que San Valentín, patrono de los enamorados, fue decapitado en el lejano año de 270. Pensé que quizás en Colombia podría haber alguna historia nacional (muy posiblemente trágica), que diera lugar a que la fecha de la celebración fuera en dicho mes.
Pero resulta ser que no. Hace escasos 54 años, los colombianos celebraban el amor (y posteriormente la amistad) el mismo día que el resto del mundo. Sin embargo, debido a que la Navidad había pasado recientemente, y que la temporada escolar estaba comenzando; la gente no tenía mucho dinero de sobra, por lo que difícilmente gastaban en regalos y/o detalles relacionados con la fecha. Así pues, y como de pasada no había una celebración especial en septiembre, se decidió trasladar la celebración a la fecha actual. Es decir, el amor no tuvo nada que ver en la decisión; fue puro mercantilismo y mercadotecnia.
Quizás esta anécdota pueda sonar graciosa, pero la realidad es que es algo que se repite en muy diversos ámbitos. Las más de las veces, las personas tomadoras de decisiones en una situación determinada no tienen plena consciencia de cómo sus elecciones afectan a las personas que tiene que vivir con ellas en el día a día, o del significado de la causa por la que se trabaja. Por ejemplo, en el sector salud (de cualquier parte), quienes determinan el presupuesto y la manera de ejercerlo carecen de un conocimiento médico que les ayude a tomar mejores decisiones. Y así es como se termina decidiendo no adquirir un determinado medicamento puesto que la cantidad mínima de compra es más elevada de la óptima en temas de presupuesto; pero se deja a un grupo de personas sin la posibilidad de tener una salud completa por falta del mismo.
O incluso si esas personas cuentan con un conocimiento técnico sobre la situación a mano, el hecho de no experimentarla en carne propia impide que puedan ver todos los ángulos sobre la misma. Por ejemplo, un ingeniero diseñando un nuevo modelo de silla de ruedas podrá tener una idea clara sobre temas de materiales y tracción; pero podría pasar por alto la necesidad de los usuarios de tener un compartimiento en su silla para poder guardar cosas, en lugar de tener que cargar todo en una mochila colocada tras el asiento.
En los casos descritos, lo que se sucede es que las personas dejan de ser el centro de las decisiones, y son reemplazadas por intereses meramente económicos, políticos o técnicos. Por supuesto, es casi imposible que una decisión haga felices a todas las personas involucradas, las más de las veces habrá que hacer concesiones de algún tipo; pero lo importante es que esas decisiones sean tomadas siempre desde la genuina intención de ayudar a las personas que se verán más afectadas por tal decisión, y sin olvidar el propósito original de la causa por la que se está trabajando. En los casos del presupuesto médico y del diseño de la silla de ruedas, el motivo central de las personas trabajando en ellos debe de ser el de garantizar una salud y vida digna para los pacientes y usuarios.
En el caso del día del amor y la amistad en Colombia, se podría argumentar que se tomó una buena decisión puesto que la misma ayuda a los comercios y a la gente que vive de ellos; y que además les da más oportunidad a las personas para expresar su amor mediante regalos. Lo cual inherentemente no es malo, pero si consideramos que, según la tradición, San Valentín obtuvo su santidad por ayudar a las parejas jóvenes a casarse en un tiempo en el que lo tenían prohibido por causa de la guerra (que dicho sea de paso, es un motivo y una herramienta económica y política); resulta un tanto triste como su celebración ahora se centra sólo en lo material. Quizás, e irónicamente sonará muy romántico de mi parte, deberíamos procurar que esa celebración, sea en el día que fuera; realmente se centrará en valorar a nuestros seres queridos, y hacérselo saber con algo tan simple como decirlo en voz alta o darles un abrazo.
De nuevo, lo importante es no dejar que el motivo real de los días de remembranza y de las decisiones diarias sea vea sepultado por capas y capas de materialismo y pragmatismo. Antes bien, usemos esas mismas armas para que los ideales sean siempre recordados, y vividos de la mejor manera en los tiempos que corren, y que correrán.
¿Tu cómo tomas tus decisiones?
