Hace poco empecé a leer el libro La chica de la máquina de escribir, de Desy Icardi. Todavía no la termino así que no puedo opinar completamente sobre ella, pero algo a su favor es que me hizo tener uno de esos momentos de realización que son en buena parte porque me gusta tanto leer. En este caso particular, la protagonista es una chica que vive en Turín durante los años de la Segunda Guerra Mundial (SGM); y en cierto momento nos cuenta como fue la experiencia del primer bombardeo en la ciudad. Por supuesto nos habla del miedo que se produce durante el bombardeo como tal; pero también de cómo ese sentimiento perdura durante el día siguiente, así como la desesperación general por saber qué ha pasado exactamente y si los seres queridos de cada quién se encuentran bien.
Fue en ese momento en que pensé que esas mismas emociones ya las había escuchado o leído en otras historias de la SGM; solo que usualmente son contadas por personas que pertenecían a alguno de los países aliados, los que posteriormente serán considerados los héroes del conflicto. Pero al final de cuentas, las personas “normales” de ambas partes sufrían igual, con el miedo de perder su vida en mitad de la noche por las locuras y ambiciones de un puñado de personas con poder. Creo que las historias que nos permiten recordar esto, el componente humano de las guerras y conflictos, son las mayores contribuyentes a los esfuerzos para evitar que se repitan estas tragedias.
Esto debido a que nos permiten empatizar con las personas que tuvieron que sufrir tales conflictos, y darnos cuenta que pese al tiempo y la distancia; son personas como nosotras, y que podríamos ser nosotras. Esto último me parece de vital importancia, puesto que la mayoría de las veces los conflictos armados o movimientos sociales tienden a enseñarse a partir de una visión académica muy simplista, enfocada en hechos y fechas claves. Así pues, se tiende a pensar en ellos como algo muy lejano (yo todavía me resisto a pensar que los años 80 fueron ya hace 40 años, imagínate ahora a una persona que nació en el 2002 leyendo sobre conflictos del siglo pasado), y por tanto ajeno a nuestra realidad.
Pero, si leemos las memorias de una persona que vivió la Masacre de Tlatelolco en 1968, y nos damos cuenta que tiene la misma edad que nuestros padres y madres; de pronto el conflicto se vuelve más real. O al leer las historias de desobediencia civil de la Alemania de la SGM, y entender el heroísmo y valor que las mimas requerían; podamos tener más simpatía por los movimientos encabezados por las familias de personas desaparecidas. O bien, si leemos el blog de una persona que narra como es su vida en la zona del conflicto en Palestina, podamos ver que lo único que nos separó de vivir lo mismo fue un azar.
Con esto quiero decir que, si bien es importante aprender las fechas y datos duros de los acontecimientos históricos para poder situarlos en el tiempo y aprender de ellos a gran escala; también es importante que entendamos el componente humano de los mismos. El entender que en ambos lados del conflicto hay personas normales que experimentan un sufrimiento real, haría mucho más por la paz que los grandes discursos que se dan durante las remembranzas de dichos acontecimientos. Al fin y al cabo, la historia está formada por las historias de todas las personas; y es nuestro momento de decidir cómo la nuestra propia encajará en ese conjunto.
¿Cuáles historias conoces tu?