Privilegios diarios.

Si tuviste un mal día y no quieres cocinar, y puedes comprar comida sin que eso te cause estrés financiero; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si estás enferma y puedes pedir el día, sin que tu trabajo corra peligro; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes ir a terapia a trabajar en aquello que aqueja a tu mente; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes ir con un médico para que trate tu afección, y puedes además comprar las medicinas o pagar el tratamiento requerido; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes hacer planes a futuro; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si el 90% del entretenimiento que consumes presenta a personas que se ven iguales a ti; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes hablar sobre temas que son política o socialmente complejos, y no temer por tu integridad; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes dedicar una parte de tu día al ocio; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes dedicar algunos de tus recursos a obras de caridad; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes ir al supermercado y no fijarte en los precios de las cosas que compras; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes ser indiferente a los grandes problemas que aquejan a la humanidad, y seguir con tu vida como si nada; eso es un privilegio que nadie deberíamos tener.

No todos los privilegios son evidentes; y quizás algunos ni siquiera los sientas como privilegios. No por eso dejan de serlo. No por eso debemos darlos por sentado. Y también es por eso que debemos trabajar en que dejen de serlo.

¿Tú qué tan privilegiado eres?