Independencia impuesta.

Recientemente leí el libro “Este dolor no es mío” de Mark Wolynn; bastante recomendable, pero si es un libro al que se le tiene que dedicar tiempo. La premisa del mismo es muchos de los traumas o comportamientos que tenemos no son propiamente nuestros, sino que son patrones que han estado en nuestra familia por generaciones; y nosotras solo nos dedicamos a repetirlos. Dichos patrones se iniciaron al ocurrir un hecho importante o significativo en nuestra familia. El autor señala varios de estos incidentes, entre ellos el rompimiento del vínculo con la madre cuando el niño o la niña está aún en su primera infancia.

Dicha ruptura puede darse por diversos motivos, desde que la bebé nazca prematuramente y deba pasar un tiempo en una incubadora, que la madre sea quien debe hospitalizarse y por ende no pueda cuidar a su familia, e incluso que está salga de viaje y deje a la niña; la cual podrá sentirse abandonada aún y cuando alguien más la cuide en su ausencia. Mientras leía esta descripción, pensé en todas aquellas madres que deben volver a su trabajo luego de su periodo de incapacidad por maternidad (que en el caso de México es de 3 meses), y se ven precisadas a dejar a sus hijos en guarderías. Por muy capacitadas que estén las cuidadoras de esas guarderías, la realidad es que tienen que atender a varios niños a la vez; por lo que es imposible que le dediquen a cada uno la misma atención que les daría su madre.

¿Imaginas lo que sentirá el niño o la niña al ver que su mamá, quien hasta entonces había sido una presencia constante, de repente les deja en un lugar extraño, con personas extrañas?  Además, estas personas no solo no serán capaces de dedicarle la misma atención y cariño que su madre; sino que le obligarán a ceñirse a un horario y rutina que le resulta extraño y que no respeta sus necesidades individuales. No es de sorprender entonces que la niñez y juventud de las generaciones recientes sufran niveles de estrés tan altos; si desde tan temprana edad se les quita su principal fuente de amor y seguridad, y por tanto se les obliga a madurar a un ritmo acelerado. A la vez, se les enseña a ajustar sus necesidades a una rutina pensada en el grupo y no en el individuo.

De acuerdo con lo expresado con Wolynn, es posible reparar el vínculo tras una separación; pero esto implica dedicar una gran atención al niño o niña, para hacerle ver que su mamá ha vuelto y no tiene porque sentirse sola o desprotegido. Sin embargo, en el mundo actual, eso es casi imposible; pues como he dicho la madre ya ha vuelto a un trabajo en el que también debe de cumplir, más aparte las obligaciones domésticas (compartidas o no con su pareja) y sociales. Por otra parte, debido al mundo híper competitivo que hemos creado, los niños ahora deben de empezar a la brevedad posible a aprender aquellas habilidades que creemos les darán una ventaja en el futuro; por lo que ocupan sus tardes entre las tareas escolares, cursos de danza, inglés, matemáticas y un sinfín de cosas más. Entre tanta actividad, el tiempo para recuperar el vínculo del que hemos hablado, es prácticamente inexistente. Más bien ocurre lo opuesto, pues se siguen propiciando circunstancias en las que el niño o niña debe aprender a avanzar por sí mismo.

Con todo lo anterior no quiero decir que debamos dar un giro de 180º (como suele pasar en temas de cuidado infantil) y criar ahora a una generación que no sepa valerse por si  misma ya que sus padres están constantemente sobre ellos. Tampoco quiero sugerir que las mujeres deban sin más dejar el campo laborar, pues además de no ser justo para ellas, no resolvería el problema raíz de toda esta cuestión. Con esto quiero decir que el problema radica en que, como ya lo he dicho antes en este espacio, nos hemos empeñado en crear un mundo que no tiene en cuenta nuestra humanidad. En un afán de querer lograr más y más rápido, nos hemos olvidado de que nosotras también somos parte de la naturaleza, y que como tal tenemos ciertos ciclos que cumplen una función vital en nuestro desarrollo; por lo que alterarlos o pasarlos por alto sin más, irremediablemente nos limitarán al momento de tener una vida plena. Como señala el autor del libro que suscitó esta reflexión, el problema no se originó con nosotros; pero espero que si seamos quienes puedan iniciar a reparar el daño.

¿Cuáles otros vínculos crees que hemos roto?