En estos días he estado leyendo la saga del Blasón del Círculo, de Alex F. Wong; una historia de fantasía contada desde la perspectiva de diferentes personajes. En uno de los CAPÍTULOS, Samantha, la protagonista, le pregunta a su tía si tal persona es mala, a lo cual la tía le contesta que debe recordar que todas las personas son el hijo, el hermano, el amigo, etc. de alguien; dándole a entender que las personas no son ni totalmente malas ni totalmente buenas. Un poco más adelante, otro de los personajes del libro, el periodista Carut Efrén, está hablando sobre sus estrategias para recolectar y presentar información que vincula al villano de la historia con varios crímenes aparentemente aislados. En esta plática, el periodista hace énfasis en querer dejar en claro que el sujeto en cuestión es malo, a manera de que con el paso de los años la gente no quiera perdonarlo o justificarlo diciendo que tenía sus motivos para hacer lo que hizo.
En unas cuántas páginas, la autora nos ha presentado uno de los dilemas éticos y filosóficos más grandes de la historia: ¿la naturaleza del ser humano, es buena o mala? Mucho se ha debatido sobre la cuestión, siendo quizás la conclusión más aceptada la que considera que tenemos tanto bondad como maldad en nuestra esencia. Lo cual estaría muy bien, si eso no nos llevara después a una ambigüedad e hipocresía que pueden resultar peligrosas. Con esto quiero decir que, tal como temía el periodista creado por Wong; con el paso del tiempo la gente tiende a minimizar las malas acciones de una persona e incluso llega a justificarlas. Esto va desde la esfera privada, en la que se excusa al bisabuelo misógino que golpeaba a su esposa sin motivo, porque “así era antes”; hasta la esfera pública en la que se acepta que un presidente se “brinque” las reglas y permita el uso desmedido de la fuerza durante las redadas, pues al fin y al cabo lo que el país necesita es mano dura para salir adelante.
El problema en ambos casos radica en que, muy raras veces, las cosas terminan ahí. En el caso del bisabuelo, si durante las reuniones familiares escuchamos como se le alaba por haber sido un hombre que siempre trabajó para que su familia tuviera comida en la mesa y para que sus hijos pudieran estudiar, pero nunca se discute abiertamente la violencia que a la vez ejercía contra su esposa y cómo esto afectó a la familia; entonces los niños crecerán pensado que ese tipo de cosas pueden excusarse, verse como un pequeño defecto de carácter, y continuar repitiendo los mismos patrones de comportamiento. Después de todo, por lo que se les va a recordar es por lo bueno que hicieron, y lo demás se dirá que fue “producto del pensamiento de ese tiempo”; que sin embargo sigue siendo el nuestro.
En el caso del gobernante, el que la sociedad le permita desestimar las leyes como medio para lograr el bien común, es el camino más fácil para que se convierta en un dictador. Si las leyes son solo un estorbo para lograr el cambio que la sociedad necesita, entonces deshagámonos de ellas y en su lugar dictemos unas que vayan más acorde al pensamiento del líder; o mejor aún, dejemos que el decida sobre todos los aspectos. Todavía no conozco un caso en el que, al tener semejante poder y nadie a quien rendir cuentas, la persona en cuestión no se corrompa.
¿A dónde quiero llegar con esto? La ambigüedad es parte misma de la esencia humana, ninguna persona puede ser catalogada como totalmente buena o totalmente mala; pero sí puede ser o mayormente buena o mayormente mala. Sin importar cuánta prosperidad económica fomente un gobernante, si lo hace a costa de permitir el racismo, la discriminación o la explotación; entonces esa persona debe ser catalogada como mayormente mala. La excusa de que el fin justifica los medios ni siquiera debe considerarse; siempre habrá una manera más humana de conseguir las cosas, aunque quizás eso implique un mayor esfuerzo.
Por otra parte, aunque una persona sea mayormente buena, no debemos cegarnos al hecho de que algunas de sus acciones fueron/son incorrectas. Esto es particularmente importante en la escena personal y familiar, en donde nos cuesta mucho aceptar que las personas que amamos no son heroínas o héroes sin mancha. Volviendo al caso del bisabuelo, el admitir que su compartimento hacia la bisabuela fue incorrecto y reprobable, no demerita sus otras acciones en favor de su familia. El poder hablar de ello sin apologías nos permitirá entenderle mejor, incluso perdonarle en caso de ser necesario; pero también dar un paso hacia adelante para evitar que los patrones de violencia sigan repitiéndose, y así ampliar el bien que hizo a su familia, ya que su historia servirá como punto de partida hacia relaciones más sanas.
Así pues, como ya he dicho en otras ocasiones y sobre otros temas, lo importante es encontrar un punto medio que nos permita reconocer tanto lo bueno como lo malo de las personas, y actuar en consecuencia. Quizás en este caso, y siguiendo con el tema literario, el punto sea reconocer que la mayoría de las personas encajamos más en el arquetipo de antihéroe; en donde la bondad sigue siendo nuestra parte medular, pero que aun así cometemos errores y malas acciones. Y por último, reconocer que aunque haya también anti villanos en la vida real, esto no debe ser un atenuante para el daño intencional que han causado. Parafraseando a Isaac Asimov en su novela “La Fundación”, no permitamos que un falso sentido de la moral nos impida hacer aquello que es lo correcto.
¿Tu consideras tus acciones como correctas?
