Yo soy una adulta, y por tanto hago cosas de adulta. Tengo un trabajo que procuro hacer bien, y tengo un plan para el retiro. Tengo algunas plantas que cuido y riego con cariño; y una gatita a la que consiento. Me hago mis análisis médicos anuales, y procuro que mis trámites y documentos estén al día; aunque las instituciones de gobierno se empeñen en lo contrario (sí, estoy hablando de ti, SAT).
Sin embargo, también hago cosas que la sociedad podría considerar como “juveniles”, con son ver anime o escuchar k-pop. También me gusta experimentar con mi cabello y con mis uñas, y uno de mis géneros favoritos de literatura es la fantasía. Además, me gusta usar calcomanías en mi agenda.
Por otro lado, a veces hago actividades que se consideran de niñas; como ver películas de estudio Ghibli cuando quiero relajarme. También me gusta tomar chocomilk y jugar juegos de mesa. Y la verdad es que lo que más me consuela cuando mi vida está desacomodada, es un abrazo de mi mamá.
¿A que conclusión llego entonces? Pues a que no soy una adulta que en veces hace cosas de adolescente o infantiles. Simplemente soy una persona que hace cosas que le gustan o que la hacen sentir bien, independientemente de la etiqueta de edad (o cualquier otra) que la sociedad les ha puesto.
Quizás si dejáramos de separar y clasificar todo en casillas estrechas, las personas podríamos hacer aquello que nos gustan sin sentirnos juzgadas, y así la vida sería más agradable. Después de todo, las cosas solo son cosas, y las personas solo somos personas.
¿Tú qué cosas haces?
