Renuncia.

Renuncia a vivir según las expectativas de los demás.

Renuncia a una versión de ti que ya no es tu favorita.

Renuncia a las relaciones que solo te desgastan.

Renuncia a conformarte.

Renuncia a dejarte en último lugar.

Renuncia a que otras personas definan las reglas de tu juego.

Renuncia a no pedir.

Renuncia a sentirte culpable por descansar.

Renuncia a las cosas que te atan.

Renuncia a que te encasillen.

Renuncia a limitarte.

Renuncia a auto sabotearte.

Renuncia a renunciarte a ti misma.

¿Tú a qué vas a renunciar hoy?

El esfuerzo se recompensa.

El esfuerzo se recompensa con más responsabilidades.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de descansar.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de aprender.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de cambiar.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de divertirse.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de crecer.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de parar.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de diversificarse.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de concentrarse.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de dejar ir.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de quedarse.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de ser más abiertas.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de poner límites.

El esfuerzo se recompensa con esfuerzo.

Todas las personas nos esforzamos diariamente, de muchas maneras y en muchos campos. A veces son esfuerzos grandes que pasan desapercibidos, y a veces son esfuerzos pequeños que tienen un gran impacto. Pero al final del día, nos esforzamos; y esperamos recibir una recompensa por ese esfuerzo.

Esas recompensas pueden no ser las mismas que esperan otras personas, o incluso que las que nosotras esperaríamos en otras circunstancias. Lo importante es que sepamos identificarlas y aceptarlas como eso, como recompensas, y aprendamos a disfrutarlas y usarlas para lograr nuestra estabilidad y felicidad.

¿Tú qué recompensa esperas hoy?

Retroceder para avanzar.

Cuando estudiaba la secundaria, tomé el taller optativo de mecanografía, el cual por supuesto es completamente arcaico hoy en día. Sin embargo, debo decir que el mismo me ha servido bastante con el pasar de los años; prueba de ello es que tengo una buena velocidad de escritura sin errores.

Supongo que esto último se debe a que, en aquel tiempo, cualquier error era difícil de enmendar. Pese a que a mí me tocaron ya aquellos cuadritos blancos correctores, la realidad es que si se notaba dónde te habías equivocado. Y si el error consistía en que habías omitido una palabra o algo similar, la verdad es que en ocasiones era mucho más sencillo empezar de cero.

Pero entonces, maravilla de maravillas, llegaron las computadoras. Si bien las primeras de su tipo, y sobre todo las primeras que fueron accesibles al público en general, tenían bastantes detalles que harían respingar a los jóvenes digitales de ahora; tenían una amplia gama de ventajas. Una de ellas era que, si te equivocabas al escribir un documento, con unos pocos clics a la tecla “retroceso” (que todo mundo le decimos borrador) la cosa quedaba resuelta. De esta forma, se eliminaron muchos re trabajos, y la gente pudo ocupar su tiempo en pensar sobre lo que estaba escribiendo, o bien dedicarlo a otras actividades.

Eso es lo que debemos buscar con las innovaciones que se van proponiendo en los diferentes campos: que los errores sean fáciles de corregir. Pero es que entonces a las personas ya no les va a importar hacer las cosas bien, dirán algunos; total hay soluciones fáciles para todo, continuarán.

Puede que esto sea cierto en alguna medida, pero lo que también es cierto es que las personas estamos más dispuestas a intentar algo nuevo si el costo de que no nos salga bien no es excesivamente elevado. Yo por ejemplo no sé si me hubiera animado a escribir este blog si no contará con una herramienta que me permitiera cambiar mis ideas de forma rápida y sencilla.

Pasando al plano industrial, que hoy en día se puedan usar impresoras 3D para crear prototipos de diversas piezas, y que si estas no sirven se pueden reciclar y empezar de nuevo, ahora con más conocimiento, a un costo mucho menor que el de hacer una pieza real con los materiales que se pretende usar; ha permitido a las ingenieras y desarrolladores encontrar muchas formas de mejor un proceso sin por ello incurrir en costos elevados. Naturalmente, esto ha llevado a importantes innovaciones en muy diversas formas.

En el ámbito de los negocios se han desarrollado iniciativas como los famosos hackatones, en los que los participantes pueden poner a prueba su idea de negocio sin poner en riesgo su capital. Así, los errores que comente se vuelven verdaderas oportunidades de aprendizaje que les permite refinar sus estrategias y modelos, dándoles mayor posibilidad de éxito cuando salgan al mundo real.

Entonces, se puede ver que el que los errores no se consideren como catastróficos, incita a las personas a experimentar. Y es de esta experimentación que salen después las innovaciones que nos hacen la vida más sencilla y llevadera. Así pues, promovamos no sólo una cultura donde se acepten los errores, sino que también nos brinden las herramientas necesarias para que estos puedan convertirse en la base de mejores resultados.

¿Tú qué error quieres cometer?

Un altar propio.

Martha Graham, una reconocida bailarina y coreógrafa que incluso creo su propio estilo de danza; dijo alguna vez que una bailarina experimenta dos muertes, y que la primera de ellas se da cuando ya no le es posible bailar. Esta frase puede ser abordada desde la perspectiva física, que invariablemente afecta a todos, pero en un caso más apremiante a los artistas y deportistas; o también desde una perspectiva emocional y psicológica. En este sentido, la cita de Graham se puede referir a cómo una artista muere cuando la pasión que les permitía crear su arte, desaparece.

Si bien para un artista esta primera muerte es mucho más dramática, quizás porque hasta cierto punto puede ser vista por más personas; pienso que esto es algo que puede sucederle a cualquier persona, independientemente de su actividad profesional. Existen muchos casos de personas que en algún punto pierden ese entusiasmo que las hacía levantarse por las mañanas y dedicar su tiempo y energía a una actividad particular. Si bien esta es una situación personal, la más de las veces tiene su origen (al igual que con los artistas) en una realidad y expectativa externa.

Ejemplo de esto son las historias recientes de varios maestros y maestras que han decidido dejar su profesión, porque diariamente usaban su energía para “pelear” contra un sistema (que incluye a los padres de familia) que no les permite ejercer su vocación. Además, en el contexto actual en el que la educación se trata no precisamente de enseñar, sino de alcanzar un cierto número (tanto porcentaje de alumnos graduados, tanto porcentaje de alumnas con un desempeño sobresaliente en los exámenes estandarizados, etc.), es comprensible que varios docentes vean su labor como algo trivial, en lugar de una tarea que efectivamente sirva para mejorar la vida de las personas y las comunidades. Ante estas circunstancias, ciertamente es difícil mantener la pasión que los motivó a ser docentes.

Entonces, si perdemos este entusiasmo, eso que en el contexto japonés se conoce como nuestro ikigai, ¿estamos acabados? Me gusta pensar que no necesariamente, que existen algunas formas en que podemos regresar de la muerte. Es decir, existen varios casos de escritoras o pintores o cantantes que sufren un bloqueo creativo, a veces por un período largo de tiempo; y aun así encuentran una forma de volver. No es un camino fácil, implica un trabajo interno intenso; y es muy posible que el resultado de ese esfuerzo no nos devuelva al mismo lugar del que caímos. Por ejemplo, si una compositora decide volver a su esencia y hacer música que le guste, aunque no sea precisamente lo que el mercado demanda en ese momento; es poco probable que alcance el reconocimiento que tenía cuando se dedicaba a componer música que complacía a otros en lugar de a sí misma. Sin embargo, si su pasión es realmente la música, entonces su vida será plena.

Ahora bien, también puede darse el caso en que podremos no volver a encontrar esa pasión que nos permitía escribir, o pintar, o enseñar, o diseñar casas; y entonces sí efectivamente una parte de nosotras habrá muerto ese día. Será doloroso claro, e implicará también un gran trabajo interno encontrar una nueva razón para levantarnos y seguir disfrutando nuestra vida y contribuyendo a nuestra comunidad. Quién sabe, quizás si tenemos un poco de suerte encontremos una pasión que sea incluso más poderosa que la anterior, o que nos llene de mayores satisfacciones. Pero eso no eliminará el dolor que sentimos por aquella otra pasión, por aquella otra versión de nosotras mismas, que alguna vez tuvimos.

Ahora que la celebración en el centro y sur de México del Día de Muertos está tan cercana, y que esto también da oportunidad da conocer como otras culturas recuerdan y conmemoran a sus difuntos, sería un buen momento para recordar y honrar a esas versiones de nosotras mismas que ya no están más. Recordemos las alegrías que vivimos cuando una motivación diferente nos guiaba, reflexionemos sobre las enseñanzas aprendidas, sintámonos orgullosas de los obstáculos que en su momento superamos, y compartamos todo esto para que pueda servir de inspiración o apoyo a otras personas que están pasando por una situación similar. Y luego de esto, sigamos adelante con la versión apasionada que somos hoy en día.

 ¿Tú has tenido diferentes pasiones?

Ya casi.

¿Alguna vez se han cambiado de casa? ¿O hecho alguna remodelación en su hogar que ha implicado mover muebles y otras cosas? Yo he hecho ambas cosas; justo ahora me encuentro en medio de una remodelación, y estoy a punto de volverme loca. Además de las incomodidades propias de la situación (¡odio el polvo!), estamos en un punto en el que todo está a la mitad. Una parte de mis cosas está en el cuarto de mi hermano, otras están por lo pronto semi-acomodadas en mi clóset en lo que terminan de pintar una pared para poder ponerlas en su sitio, y otras tantas están en la pila de decisión sobre si las donamos o qué hacemos con ellas. Un pequeño caos sin duda.

A lo largo de estos días, los mantras que hemos adoptado son “Ya casi lo logramos” y “El resultado valdrá la pena”; y de alguna manera nos ha ayudado a sobrellevar la situación. Al decirlas tantas veces, no puede evitar reflexionar sobre ellas, y como se aplican a más de un tipo de mudanza.

Por ejemplo, las primeras semanas en un trabajo son caóticas; pues es absorber demasiada información en un muy poco tiempo, más la presión de querer demostrar que puedes con el puesto. Pero de alguna manera continúas, quizás tengas una o dos situaciones de frustración en las que quieras aventar la computadora por la ventana; pero en el fondo sabes que llegará el día que te sentirás cómoda en tu trabajo y podrás ver el resultado de los proyectos en los que estás trabajando. Y entonces vendrá un nuevo reto y habrá que iniciar una nueva mudanza; porque al final del día la vida es cíclica.

De esta forma seguimos avanzando, con buenas y malas mudanzas, aprendiendo un poco de cada una.  Algunas mudanzas serán más largas o nos costarán más trabajo de lo que habíamos planeado, e incluso talvez a la mitad del proceso nos demos cuenta que no fue la mejor decisión y haya que revirar en ciertas cosas. Lo que necesitamos es entender lo que comenté en el párrafo anterior, respecto a que esos cambios (en cualquier ámbito) son necesarios para poder acceder a nuevas experiencias y conocimientos, para poder adaptar nuestros espacios a las personas en las que nos vamos convirtiendo. Dejar algunas cosas para poder tomar otras, darle un nuevo propósito a las que ya tenemos, compartir otras tantas, y algunas simplemente ponerlas de nuevo en una caja y lidiar con ellas cuando tengamos la capacidad de hacerlo. Al fin y al cabo, no tenemos que mudar todo de golpe.

Pero lo más importante de cualquier mudanza es que, cuando ya por fin hayamos puesto todo en su sitio y limpiado el polvo que invariablemente llega al mover cosas; nos demos el tiempo de servirnos un vaso de té, sentarnos en nuestra silla favorita, y observar el resultado de nuestro trabajo. Si, mañana habrá que pensar en la mudanza que sigue, pero al menos hoy, ya lo logramos.

¿Tu tienes alguna mudanza en puerta?