Tiempo de enseñanza.

La vuelta a clases para los estudiantes de nivel elemental es inminente, y por supuesto una buena parte de las conversaciones gira en torno al tema. Desde cómo volverá a haber más tráfico en la ciudad, lo caros que son los útiles escolares; y el tema más reciente relacionado con el contenido y formato de los libros de texto gratuitos repartidos por el gobierno. Justo hablaba de esto último con un par de amigas, una de ellas maestra a nivel primaria, quien nos hizo el comentario adicional de que el programa de cada curso era demasiado extenso para ser cubierto durante el ciclo escolar. Por lo tanto, los maestros y maestras tendrán que enseñar algunos (si no es que todos) temas “por encimita”, y esperar que en la casa se refuercen los mismos con las actividades fuera de clase.

Dejando de lado la poca probabilidad de que esto último suceda, pues es bien sabido que la realidad de la mayoría de las familias impide que se le dé un seguimiento apropiado a la educación de las niñas y niños; lo que a mí me pareció más relevante del comentario es que, independientemente de lo bien o mal que estén diseñados los libros de texto, al final todo va a depender de la persona que esté al frente del aula. Esto no es nada nuevo por supuesto, las más de las veces la diferencia entre un buen y un mal aprendizaje depende de la maestra y su capacidad para transmitir esa emoción por el conocimiento a sus estudiantes. Sin embargo, el tema se vuelve más relevante en el contexto de falta de tiempo para tratar todos los temas marcados en el temario del curso.

Tomemos por caso un maestro que es negacionista del cambio climático, quien es muy probable que prefiera no otorgar tiempo clase a ese tema, y en su lugar lo dedique a cubrir algún tema de otra asignatura. Al hacer esto, no sólo le está negando a sus alumnos la oportunidad de aprender del tema; sino que también les está impidiendo formarse una opinión del mismo. Al contrario, es probable que sus acciones afecten directamente sobre su sentir sobre el tema; pues si para su maestro no fue importante, ¿por qué debería serlo para ellos?

Cómo este puede haber muchos otros casos en los que una decisión personal del docente afecte en el proceso de aprendizaje de los y las estudiantes, y que además puede tener efectos negativos en su desarrollo como miembros de la sociedad. De acuerdo con datos del INEGI, en 2020 en promedio el grado de escolaridad en México era de 9.7 años; lo que equivale a tener al menos la secundaria concluida. Imagino que este dato debe haber cambiado y no precisamente para mejor luego de la pandemia del COVID-19, además de que en algunas entidades del país el nivel de escolaridad es significativamente menor al promedio. Si a esto sumamos que durante esos años de formación los estudiantes no pudieron estudiar los temas necesarios a profundidad, y que incluso algunos de ellos ni siquiera les fueron presentados; es poco probable entonces que se cuente con ciudadanos y ciudadanas que puedan hacer frente apropiadamente a los diferentes retos que nuestra sociedad enfrenta y enfrentará.

Ahora que se habla tanto del nearshoring y de cómo México debe aprovechar esta coyuntura para potenciar su desarrollo, sería un buen momento para replantearnos cómo es que se está preparando a las generaciones que habrá consolidar dicho desarrollo. Desde que puedo recordar se habla sobre la necesidad de replantear el modelo de educación en el país, para poder eliminar acciones y actitudes que juegan en contra del propósito del mismo. Quizás sería prudente que también revisaremos la manera en que se pudieran cubrir todos los temas necesarios para cada curso, en lugar de dejar a criterio de maestros y maestras (que, dicho sea de paso, también están cansados de soportar la ineficiencia del sistema) qué es importante de enseñar y que no. Después de todo, es ilusorio pensar en un futuro mejor si no nos ocupamos de mejorar el presente.

¿Para ti qué es importante que aprendan las niñas y los niños?

La sombra de la información.

De seguro has escuchado el mito de la caverna de Platón, aquél que nos cuenta como unos hombres, debido a las circunstancias de su nacimiento y su vida; toman como “realidad” las sombras que se proyectan en la pared de su caverna. Así mismo, Platón nos cuenta como uno de estos hombres logra escapar de sus cadenas y ver la realidad del mundo; pero cuando vuelve a contarles a sus compañeros de esta verdad, y trata de liberarlos para que ellos puedan también contemplarla, se enfrenta a risas y amenazas de parte de su antiguo grupo. De esta manera, Platón nos expresa sus ideas sobre el conocimiento y la forma de llegar a él; una falible que es la de la mera observación y las creencias, contra la más fiable de la ciencia y el pensamiento crítico.

Recordé esta historia en días pasados, por dos hechos muy puntuales. El primero fue una encuesta en línea en la que una revista preguntaba cuánto están dispuestos los usuarios a pagar por contenido informativo especial, supongo se referían a tener acceso a ciertos artículos. Pese a que nunca me ha molestado pagar por la información (que al final de cuentas es conocimiento), en esa encuesta contesté que no estaba dispuesta a pagar nada por ese tipo de contenido. El motivo va de la mano del segundo hecho que les comento: en una red social sigo a distintos periódicos, tanto nacionales como internacionales, y en alguno de ellos encontré un artículo que me interesó. Sin embargo, sólo pude leer quizás los primeros 2 párrafos del mismo, pues para continuar leyendo tenía que tener una membresía.

Cómo ya les dije, no me molesta pagar por contenido de calidad; y entiendo que el trabajo de las personas que generan ese contenido es valioso y por tanto debe ser remunerado adecuadamente. Pero también sé que no todas las personas tienen ese privilegio, pues al igual que los personajes del mito de Platón, sus circunstancias sociales les obligan a decidir entre el conocimiento y poder tener comida en su mesa. Pero esas circunstancias no las hacen menos ciudadanas y ciudadanos de nuestra sociedad (tanto local como global), y por tanto deberían tener acceso al mismo conocimiento que yo, para que así puedan formar su propio criterio y a la vez contribuir a la mejora de la sociedad.

Por eso es que me niego a pagar por contenido exclusivo de ciertas revistas, periódicos y otros medios de información, porque considero que ese conocimiento debería estar al alcance de todas las personas. Una cosa muy diferente es tener una membresía para evitarme los anuncios cuando escucho un podcast; o el aceptar que como no voy a pagar por una membresía, solo podré tener acceso al contenido mediante la plataforma y no podré descargarlo en mis dispositivos. En ambos casos sigo teniendo acceso al conocimiento, simplemente mi disfrute al mismo puede ser más o menos conveniente (que también es una distinción problemática, pero eso es tema de otra entrada).

A lo que quiero llegar es que, mientras sigamos tratando el conocimiento como un privilegio en lugar de cómo un derecho, va a ser muy difícil que podamos mejorar de manera integral y equitativa. Si una gran parte de la sociedad tiene acceso solo a una parte de la información, o la obtiene sólo mediante la opinión de otras personas (que, dicho sea de paso, tampoco era una fuente de conocimiento muy confiable según Platón), será imposible que los temas trascendentes puedan afrontarse de manera adecuada. De hecho, ya nos está causando problemas.

Hace un tiempo se publicó un artículo que relacionaba la polarización y radicalización de la población estadounidense con el tipo de noticias que consumían, señalando en su caso a Fox News, la cual ha sido señalada en repetidas ocasiones por los sesgos y segundas intenciones con las que presentan la información. El punto interesante es que está cadena y otras similares no ponen trabas para que las personas accedan a su información, por lo que se vuelva muchas veces la única fuente de noticias para un importante número de personas. Si a esto sumamos otros factores, como el hecho de la renuencia a las personas a escuchar ideas u opiniones distintas a las que están acostumbradas (tal como en la caverna de Platón), es fácil ver la relación causa-efecto entre disponibilidad y criterio.

No tengo conocimiento de un estudio similar en México o América Latina, pero imagino que la situación debe ser similar.

El punto es que, como sociedad estamos actuando justo a la inversa de lo que Platón proponía. Por un lado, no tomamos acciones para que las personas que están atadas en la caverna puedan liberarse; pero lo peor es que a aquellas personas que logran liberarse por sus propios medios, les impedimos ver la realidad, cuando mucho les mostramos solo la parte de la realidad que le conviene a unos pocos. Lo más lamentable es que no nos damos cuenta que, al mantenerles en las sombras, como sociedad en general perdemos luz también.

¿Tú que piensas de las restricciones a la información y el conocimiento en los medios?