¿Y si mi prudencia, es solo miedo disfrazado?
¿Y si mi tendencia a priorizar los resultados a largo plazo, es una incapacidad de disfrutar el presente?
¿Y si mi tendencia a dar surge de no saber pedir?
¿Y si mi capacidad de disfrutar mi soledad, es resultado de no saber socializar?
¿Y si mi idealismo, es una falta de conexión con la realidad?
¿Y si mi búsqueda de ser mejor cada día, es signo de una insatisfacción conmigo misma?
¿Y si mis fortalezas, son en realidad debilidades?
¿Y si no importa si son lo uno o lo otro?
¿Y si lo que importa, es cómo las voy usando?
Todas somos una amalgama de las cosas buenas y malas que nos han ido sucediendo a lo largo de nuestras vidas. Las cosas buenas nos han dado resultados positivos, pero también negativos. Y consecuentemente, las cosas malas nos han dado resultados negativos, pero también positivos.
Por tanto, quizás lo mejor sea enfocarnos en cómo tomamos y transformamos las cosas que nos van aconteciendo; en lugar de etiquetarlas en buenas o malas.
¿Tú qué resignificar hoy?
