Si, podría estar haciendo fila para subir a la torre de la catedral.
O podría correr en sentido contrario y visitar el Museo del Chocolate.
O bien podría tomar un tren de poco más de una hora y visitar el pueblo de Coblenza.
E incluso podría haber madrugado y tomado un tren de 6 horas a Berlín, y volver a visitar su magnífica catedral, conocer otro de sus museos, o hacer el recorrido para conocer lo que fue un terrible campo de concentración.
Pero en lugar de eso, estoy aquí sentada en el parque frente al río Rin. Estoy viendo como cambia la tonalidad de sus aguas cuando el sol sale o se oculta, o cuando pasa algún barco. Estoy viendo los diferentes tipos de trenes ir y venir de la estación central. Estoy escuchando las campanas de la catedral que ha llegado a significar tanto para mí.
En otras palabras, estoy disfrutando el momento, y dándole oportunidad a mi mente de ir despacio o incluso detenerse un momento.
Más tarde me volveré a preocupar por horarios, documentos, tipos de cambio, y demás.
Una zona de confort puede ser descrita como aquella situación en la que una persona se siente cómoda; en la que ha comprobado que un nivel determinado de esfuerzo le dará el resultado justo para mantener dicha comodidad. Por tanto, su nivel de estrés y/o ansiedad, podría considerarse como neutro. Sin embargo, esta misma comodidad puede llevar a la persona a evitar cualquier tipo de riesgo que altere dicho equilibrio, por lo que prefiere quedarse dentro de sus límites conocidos.
Es por esto último que la gente considera como conformistas a las personas que se encuentran en dicha zona, y por lo que es muy común que se aliente a salir de la zona de confort, ya sea personal o profesional. Si bien es cierto que no es prudente ni sostenible el querer mantenernos siempre dentro de la misma caja; creo que la forma en que se ha abordado este tema no es la ideal. Pareciera ser como si debieramos evitar ese tipo de zonas a toda costa, que no podemos descansar ni un momento y debemos estar siempre retándonos a hacer cosas diferentes en todos los ámbitos al mismo tiempo.
Y, sinceramente, eso es muy agotador.
¿Qué hacer, entonces? Quizás serviría apreciar esta situación no como una dualidad de confort vs retos; sino más bien una visión integral de remodelación. Imaginamos que la zona de confort es nuestra casa; misma que funciona bien y sirve a nuestras necesidades actuales. Sabemos que si le damos un mantenimiento mínimo y constante, la casa seguirá funcionando y podremos vivir como hasta ahora. Sin embargo, llegará un punto en el que, por más mantenimiento que hagamos; se tendrán que hacer remodelaciones. Después de todo, los electrodomésticos y muebles tienen una vida útil, o nuestros gustos pueden cambiar; o incluso puede ser que veamos que, aunque las cosas funcionan bien ahora, hacer algunos cambios permitirían que nuestro día a día y vida en general fueran mejor.
Digamos entonces, por ejemplo, que nuestra cocina ya no encaja con nuestras necesidades actuales; pero el resto de la casa está bien. ¿Vamos a mudarnos entonces? No, claro que no; pero si tendremos que pasar por un proceso de reestructuración en la cocina. No será algo que quede listo de un día para otro, e implicará ciertos sacrificios como aguantar el polvo y tener que cocinar en una parrilla un tiempo; pero sabemos que todo es para mejor, y entre tanto podemos seguir disfrutando de otras zonas de la casa. E incluso cuando quede terminada la remodelación, nos tomará algo de tiempo adaptarnos a los nuevos espacios, y tendremos que modificar la forma en que hacíamos ciertas cosas (tanto de la cocina como de otras áreas relacionadas, como el comedor). Pero al final del día, todo habrá valido la pena y podremos disfrutar de un espacio que se adapta mejor a nuestras necesidades, y que además nos produce bienestar.
De esta forma, comenzamos con una casa que era confortable y que disfrutábamos, hicimos algunos cambios, y ahora tenemos una casa más confortable que podemos seguir disfrutando. Lo mismo pasa en otras áreas de nuestra vida, como nuestra profesión o el cuidado de nuestra salud. De momento estamos bien, las cosas funcionan, pero podemos hacer cosas distintas que nos permitirán obtener mejores resultados; sin tener que dejar de disfrutar los buenos resultados que ya teníamos.
Lo anterior es mucho mejor a seguir eternamente en una situación que solo está bien, en lugar de estar fantástica. O peor aún, el seguir en una misma situación solo por no querer afrontar los restos iniciales que significarían mejorar; para al final llegar a un punto insostenible en el que ya ni siquiera tenemos los beneficios del principio, y que para poder recuperarnos tendremos que hacer un esfuerzo doble o triple.
Así pues, no debemos ver a nuestra zona de confort como algo inherentemente malo y que debemos evitar. Es necesario que tengamos un espacio/situación al que podamos ir para descansar y recargar energías; lo importante es trabajar constantemente no solo en mantenerla, sino también en expandirla. Después de todo, yo prefiero sentirme cómoda en varios lugares, así tengo más opciones para disfrutar.
Voy a hacerles una confesión: yo pongo mi alarma 5 minutos antes de la hora que realmente necesito levantarme, por el mero placer de poder darle click al botón de “posponer”. Esos 5 minutos extras los disfruto mucho, ya sea con un pequeño estiramiento o aprovechando para dormir un poquitín más; o si época de frío los aprovecho para disfrutar un poco más el calor de mi cama. Pero, además de lo anterior, me da un enorme gusto darme ese pequeño acto de libertad.
Y es que, tan pronto me levanto, mi día está regido por una serie de horarios. Tengo que salir de mi casa a cierta hora para llegar en tiempo a mi trabajo, una vez en la oficina tengo diferentes citas o juntas programadas; así como fechas de entrega que cumplir. En el ámbito personal, también me rijo por diferentes agendas: salir de casa a una hora para alcanzar a llegar a clase de zumba, procurar llegar a recoger la ropa de plancha antes de que cierren, hacer una cita con mi dentista; y así un sinfín de cosas.
No me mal interpreten, a mí me gusta la rutina y me da cierta paz tener mis días estructurados; pero también es cierto que en veces eso se vuelve demasiado. En ocasiones lo que se necesita es tener días en el que el tiempo se sienta infinito, en el que no tengamos la presión de estar corriendo de un lado para otro, y podamos dedicarle tiempo a las cosas, situaciones y personas. Una amiga y yo hemos comentado que ese es un problema de cuando viajas a lugares que no puedes ir muy seguido, pues en tu afán de abarcar lo más posible, terminas muy cansada y saturada.
Eso mismo pasa en la vida diaria; en nuestro afán de sacarle el mayor provecho a cada hora del día, olvidamos sacarle el mejor provecho. Dependiendo de la situación de cada persona puede ser diferente, pero al menos lo que yo he notado (tanto en mi como en otras personas), es que usualmente nos dejamos a nosotras mismas como la última prioridad en esa carrera contra un reloj invisible y omnipresente. Hacemos todas las obligaciones que tenemos, ya sea autoimpuestas o no, y al final del día ya no tenemos ni energía ni tiempo para dedicarnos a nosotras mismas.
Es por eso que fenómenos como “la venganza del desvelo” han cobrado mayor notoriedad en fechas recientes. En este caso, las personas evitan a propósito irse a dormir a una hora conveniente, y usan ese espacio para ellas mismas. Esto les da la sensación de tener nuevamente el control de su vida y su tiempo en medio de la vorágine que es el día a día; aunque esto no sea del todo saludable.
Yo alguna vez he caído en esta práctica; pero realmente nunca me ha dado esa sensación de haber ganado algo. Quizá sea por mi tipo de personalidad, además de factores biológicos, o porque ese tiempo lo pierdo viendo cosas sin sentido en el internet; pero en mi caso siento justamente eso: que fue un tiempo perdido puesto que no lo disfruté, y además al día siguiente me cobra factura el desvelo. Caso contrario a esto es cuando, de una manera consciente, estoy disfrutando tanto una actividad, que decido seguir disfrutando, aunque eso implique develarme. Algunos de mis mejores recuerdos es justo cuando me he desvelado para terminar un muy buen libro.
Tal vez la diferencia radica también en que, en esos casos, no pienso que el develarme sea una venganza contra algo o alguien; sino que es una decisión propia que viene desde la consciencia de querer hacer algo que me hace feliz y que no tendrá malas consecuencias. Eso mismo pasa cuando pongo la alarma 5 minutos antes para luego posponerla; para mí es un regalo que me doy al inicio del día que me hace feliz. No digo que no, si puede ser también un pequeño acto de desafío contra tener que seguir una agenda rigurosa durante el resto del día; pero nace desde una fuente positiva (darme un regalo) en lugar de una negativa (vengarme).
Quizás si buscáramos darnos un pequeño regalo diario, aunque sea solo por 5 minutos, nuestros días se volverían más agradables, y nos sentiríamos menos perdidos en medio de la acelerada vida que nos hemos creado. Quién sabe, con el tiempo incluso podríamos desacelerar un poco.
Primero que todo, un aviso: mi conocimiento sobre el juego de Calabozos & Dragones se limita a lo que he aprendido viendo Critical Role (una serie ampliamente recomendable, la pueden encontrar en YouTube), y lo que he leído en Wikipedia sobre aspectos particulares que han llamado mi atención durante la serie. Dicho esto, comienzo. Cómo quizás ustedes sepan, el juego de Calabozos & Dragones es un juego de roles, en el que los jugadores escogen un personaje de entre diversas clases; algunas de ellas son paladines, clérigos, magos, entre otras. Dependiendo de la clase y otros detalles, algunos personajes pueden conjurar diversos hechizos, los cuales a su vez se dividen en diferentes tipos dependiendo de la naturaleza e intención del mismo; además de que presentan ciertas limitantes y requerimientos. Por ejemplo, algunos hechizos requieren que la persona se concentre en ellos para que los mismos se mantengan activos, y una de sus limitantes es que el personaje sólo puede concentrarse en un hechizo a la vez. Entonces, he aquí un juego basado en la fantasía, que permite a sus jugadores crear mundos enteros y personajes únicos, que viven aventuras tan grandes como su imaginación; pero que a la vez tiene como regla que las personas solo pueden concentrarse en un hechizo particularmente especial y/o poderoso a la vez, y que dicho hechizo puede perderse si el personaje sufre un daño considerable o si las condiciones del ambiente se vuelven demasiado hostiles. Mientras tanto, en la vida real, hemos creado una cultura multitareas en la que no sólo se espera que la gente pueda realizar varias tareas importantes a la vez; sino que además lo haga baja una presión prácticamente constante. Puesto así, parece como que no tiene mucha lógica, ¿verdad? Por cuenta propia he comprobado que este tipo de exigencia no es sostenible en un largo plazo. En más de una ocasión he tratado de escribir un correo mientras hablo por teléfono, solo para terminar escribiendo lo que digo o viceversa. En otras tantas oportunidades, he cometido errores de cálculo o de juicio porque siento la presión de que tengo que hacer otra actividad casi al mismo tiempo; o estar pendiente de ciertos eventos para tomar decisiones, a la vez que intento analizar un archivo con diversos datos estadísticos. Finalmente, ha habido muchas ocasiones de aparente calma en las que simplemente no puedo concentrarme en la tarea presente, pues me siento agotada por toda la energía que he dedicado a hacer todo y nada al mismo tiempo. Pero lo peor es que cuando eso ha ocurrido, mi primer pensamiento no es que necesito relajarme o tomarme un descanso; sino que siento que estoy fallando o haciendo algo mal, pues me han inculcado que así es la vida de la gente adulta exitosa: siempre corriendo. Lo cual es tan irreal que incluso es otra de las reglas del juego Calabozos & Dragones, en el sentido de que hay un límite de actividades/hechizos que los personajes pueden hacer hasta tomar un descanso, ya sea breve o largo. Tomando esto en cuenta, a veces me pregunto si mi vida sería más sencilla si me dedicará a corregir entuertos, como decía Miguel de Cervantes Saavedra; en lugar de trabajar en el sector industrial. Ahora que la pandemia por el COVID-19 parece estar llegando a su fin, varios estudios están analizando cómo la misma cambió y cambiará la forma de vida y la cultura laboral en el corto, mediano y largo plazo. Espero sinceramente que uno de esos cambios sea el darnos cuenta que necesitamos vivir en un mundo más calmado, en el que podamos dedicarle a cada actividad el tiempo y concentración que la misma requiere. Así mismo, espero que esta nueva realidad sea una en la que nos permitamos descansar verdaderamente y con la frecuencia necesaria; en la que el descanso signifique una desconexión de la rutina y hacer cosas que nos nutran en un sentido integral, y estar conscientes que eso incluye también el no hacer nada de tanto en tanto. En lo que llegamos a esa realidad, hay otra buena lección que podemos aprender de Calabozos & Dragones: una persona puede estar concentrada en un hechizo, y a la vez realizar ciertas actividades de sanación o curación. Así que la próxima vez que tengas que hacer mil cosas para ya, recuerda que siempre puedes poner algo de música o comerte un chocolate para mantener tu energía. Quizás no sea lo óptimo, pero es mejor estar con unas pocas líneas de batería que llegar a cero o números negativos, ¿no crees?