El 30 de abril se celebra en México el Día del Niño y la Niña, celebración instituida en 1924 y que pretendía (pretende) fomentar el bienestar de la niñez, reconociendo y protegiendo sus derechos. Esta ocasión también ha dado pie a diferentes festejos, tanto públicos como privados, para permitir a los niños y niñas, junto con sus familias, compartir un momento de esparcimiento; que después de todo es también uno de sus derechos. Por supuesto las escuelas son de las principales instituciones en donde se realizan actividades relacionadas con esta celebración, que desde hace algunos años abarcan una semana completa con diferentes temáticas, para culminar en una fiesta general.
Esta semana que pasó tuve diferentes conversaciones en las que el tema giraba hacia las actividades que menciono, y lo que diferentes personas tenían planeado hacer para cada una de ellas. Una persona comentó que quería que este año fuera especial, pues era el último en que su hija celebraba el día de la niñez; puesto que está por pasar a la educación secundaria, que en México comienza los 12-13 años de edad. A partir de esa etapa, lo que se celebra es el Día del Estudiante; que en comparación es una fiesta más desangelada y con menos variedad de actividades, al menos a lo que me acuerdo.
Si bien organizaciones como la OMS especifican que la niñez termina aproximadamente a los 10-11 años, por temas de desarrollo físico, emocional y mental; en la práctica siempre me ha parecido muy drástica esa división entre niñez y adolescencia, sobre todo por lo que se espera que las personas hagan o dejen de hacer una vez dejan la primera para iniciar la segunda. El día de la niñez es un buen ejemplo, pues como comento, esta es una celebración con mucho colorido, con diferentes actividades lúdicas que permiten a las niñas y niños crear buenos recuerdos que comparten con sus amistades y familiares. Vamos, hasta se hacen desfiles en alusión a este día. Pero de repente, de un año a otro, todo eso cambia. Ahora la celebración es un solo día, y al menos cuando yo estuve en esa etapa; la actividad principal (si no es que la única) era asistir a una fiesta tipo discoteca (que se conocían como tardeadas); porque después de todo ya éramos “niños grandes”, lo que sea que eso signifique. En el ámbito público, salvo alguna que otra estrategia de mercadotecnia como descuentos en el cine o similares, tampoco hay un despliegue significativo de celebración.
No sé si esto se haga con la intención de enseñarnos que a partir de ahora debemos tomarnos la vida más en serio, y que los momentos de diversión serán más espaciados y no tan increíbles como antes; lo cuál realmente es una situación triste y nada favorable para nuestro bienestar integral. Después de todo, si consideramos que la expectativa de vida en México es de 75 años promedio, menos del 20% de ese tiempo es que se nos permite disfrutar la vida con el entusiasmo de la niñez; que yo sé que esto mucho depende de la persona, pero ciertamente el sistema no nos la pone fácil. ¿No sería mejor que, en lugar de desanimar el juego a partir de cierta edad, se fueran sugiriendo actividades lúdicas que evolucionarán junto con nosotras? Y no hablo únicamente de deportes o actividades físicas, sino también de los juegos de mesa, o el dibujo, las manualidades o colorear; pero todas estas promovidas desde una perspectiva de esparcimiento más que de competición.
De esta manera, aunque ciertamente conforme crecemos la vida se vuelve un poco más complicada cada vez; tendremos mejores maneras de afrontarla. Lo que es más, tendremos mejores maneras de disfrutarla, pues sabremos que si bien las grandes celebraciones se irán espaciando, podemos seguir disfrutando de momentos divertidos diariamente; y así verla más allá de una rutina de estudio/trabajo. Tal vez así dejemos de llenar nuestra existencia con cosas materiales, y nos enfoquemos más en el ser que en el tener.
¿Tú qué recuerdas de tus días de la niñez?