Siempre me ha gustado leer, es uno de mis pasatiempos favoritos desde que tenía como 12 años. Con el correr del tiempo hice una cuenta en Goodreads, esa página donde puedes poner tu lista de libros por leer y leídos; así como tus opiniones sobre estos últimos, entre otras cosas. Un buen concepto que me permitió encontrar algunos libros, autores y autoras interesantes.
Otra de las actividades que ofrece Goodreads son los famosos retos de lectura, en el que elegías un número de libros que pretendías leer durante un año; y la página te llevaba la cuenta e incluso te enviaba correos cada cierto tiempo sobre tu avance y sugerencias para avanzar más rápido. Quiero pensar que uno de los objetivos de esta estrategia era ayudar a las personas a desarrollar el hábito de la lectura, incluso después empezaron a salir retos temáticos (un libro de un país diferente cada mes, un generó diferente mensual, etc.) en otras redes sociales, como una manera de hacer el desafío más emocionante supongo. Pero, al menos en mi experiencia, esos retos lo hacían por lo general personas que ya teníamos el hábito de la lectura; y quizás sólo buscábamos tener algo que mostrar, poder decirles a nuestras amistades en la reunión de fin de año que habíamos leído un cierto número de libros durante el año.
Yo hice el reto por algunos años, aunque nunca completé el número de libros que me ponía como meta; la vida solía alterar mis planes en ese sentido. Luego, en el 2020, ese año que fue un punto de quiebre en tantos sentidos; tuve un bloque de lectora. Simplemente había muchas cosas pasando en mi vida, tanto por los acontecimientos mundiales como por situaciones personales que no me dejaban realmente disfrutar los libros. Así que ese año, de alguna manera, bote el reto y leí solo un par de libros. Luego llegó 2021, y mi bloqueo persistió; así que ni siquiera me tomé la molestia de poner un reto para ese año. Apenas ahora siento que el bloqueo se está levantando; y he podido leer un libro que tenía muchas ganas de leer hace tiempo. Pero, de nuevo, no me puse un reto para el año; y luego de meditarlo un poco creo que ya no los haré más, al menos en lo que se refiere a ponerme la meta de cierto número de libros leídos al año.
La razón es muy simple: quiero que leer vuelva a ser algo divertido. Quiero leer porque que quiero, no porque si no lo hago voy a atrasarme en mi promedio anual. Además, quiero volver a darme la oportunidad de saborear la lectura, de poder tomarme tiempo para analizar un libro luego de leerlo, en lugar de pasar inmediatamente al siguiente. Recuerdo que hace un tiempo saqué un libro de la biblioteca, no recuerdo el título, pero trataba sobre la biblioteca de Alejandría. Era una novela histórica en la que un par de bibliotecarios le explicaban la historia de la biblioteca a la persona que venía a quemarla. Un libro muy interesante que al final no leí completo, no porque no me gustara; sino porque supe que era de esos libros que iba a tomarme mucho tiempo, y yo necesitaba leer no recuerdo cuántos libros al mes para poder llegar a mi meta de ese año.
Ahora que ha pasado el tiempo, me doy cuenta de lo triste que fue esa decisión. Ese fue uno de los momentos en los que dejé de ver la lectura y los libros como algo que me causaba placer, y en su lugar los vi como una obligación. Creo que esa una de las cosas más horribles que pueden pasarles a las personas, cuando ya no sienten emoción por algo que solían atesorar.
Lo más triste es que en muchas ocasiones esto pasa por la presión que la sociedad nos impone de que debemos ser “buenos” o “mejores” en todo lo que hagamos. Si el año pasado corriste una carrera de 20km, ahora debes correr una de 30km. Si eres buena dibujando, entonces debes buscar la manera de monetizarlo, ¿has pensado en dibujar por comisión? ¿Quedaste segunda en el concurso de oratoria? Este año debes practicar más para quedar en el primer lugar. Y así sigue y sigue la lista, y vamos por la vida convirtiendo en obligaciones lo que iniciamos como una manera de relajarnos o divertirnos.
No digo que esté mal que en ciertos momentos nos pongamos retos de seguimiento, ya sea como una manera de formar un hábito, o como una manera de ver los resultados de alguna actividad. Pero también creo que debemos darnos el permiso de tener actividades o tiempos en los que hacemos las cosas solo porque sí, porque nos gusta; sin la imperiosa necesidad de ser cada vez mejores o siempre estar buscando algo más. Es muy común que te digan que debes de salir de tus zonas de confort, y eso está bien en algunos aspectos; pero demonios, eso no significa que debes simplemente eliminar el confort de tu vida.
Alguna vez leí que la palabra amateur proviene del vocablo latino amator que significa “el que ama”, contrario a lo que usualmente se piensa que una persona amateur es principiante en tal o cual actividad, y eventualmente se convertirá en una persona experta o profesional. Quizás sea momento de recordarnos el verdadero significado de esta palabra, y permitirnos hacer actividades solo porque nos gustan. ¿Qué actividades haces en tu día a día, solo por amor?