Líneas convergentes.

Ayer domingo 12 de agosto fue el Día Internacional de la Juventud, un día señalado por la ONU como una oportunidad para reconocer los desafíos que afrontan las personas jóvenes, así como para buscar acompañarles en su camino de crecimiento y maduración. De acuerdo con el mismo organismo, se considera como jóvenes a aquellas personas entre los 15 y 24 años de edad. Sin embargo, dicho rango de edad difiere en cada país, por ejemplo, el Instituto Mexicano de la Juventud lo establece entre los 12 y 29 años de edad; aunque también es cierto que en el acontecer diario se usan expresiones como adultos jóvenes para identificar al grupo de personas entre los 25 y 30 años. Además, un poco mucho en broma, las personas de más edad suelen decir que aquellas de 30 y tantos años aún son unos jovencitos; para dar a entender que ellas mismas son jóvenes aún.

Esto último es parte de una serie de estereotipos y prejuicios que se conocen como edadismo, que en este caso se manifiesta como una aversión a envejecer, puesto que se considera que las personas mayores ya no pueden aportar nada a su familia ni a la sociedad; al contrario, se les llega a considerar una carga, lo que por supuesto tienen graves consecuencias en temas de salud y seguridad financiera, entre otros. Sin embargo, el edadismo también se manifiesta en acciones y actitudes discriminatorias hacia las personas jóvenes, centradas mayormente minimizar o ignorar sus opiniones en temas generales y aquéllos que les conciernen propiamente; esto contradiciendo el discurso político de “la juventud es el futuro”, pues desde un inicio se les ponen trabas para poder generar condiciones que les sean favorables en su desarrollo.

Cómo podemos observar, dos grupos sociales que por lo general tienden a ubicarse en sentidos opuestos de la línea temporal, realmente cuentan con muchas similitudes. Ambos grupos experimentan cambios físicos y mentales relacionados con su edad, lo que muchas veces provoca angustia y desazón. Por otro lado, a esa edad las personas también se enfrentan a cambios sociales importantes, las jóvenes porque están iniciando su camino hacia el mundo real, en el que eventualmente tendrán que tomar decisiones que impactarán su futuro personal y colectivo; mientras que las personas mayores deben ver como el mundo al que estaban acostumbradas va cambiando como producto de los nuevos avances científicos y tecnológicos, y deben encontrar la manera de adaptarse a dichos cambios. Ambos casos requieren bastante resiliencia, algo en lo que los adultos mayores tienen más experiencia en la mayoría de las ocasiones.

Las comunidades de antaño sabían esto mismo, y por lo mismo procuraban una interacción constante y beneficiosa entre ambos grupos. Los maestros artesanos acogían como aprendices a las personas jóvenes para que pudieran aprender los oficios necesarios para la continuidad de la comunidad. Antes, el ser enseñado por los ancianos y ancianas del grupo era todo un honor, pues se respetaba la experiencia y conocimientos que habían adquirido durante su vida. De igual forma, se ponía especial empeño en preparar a los y las jóvenes del grupo para que llegado el momento pudieran guiar a la comunidad en momentos difíciles. La reestructuración social que trajo el individualismo y la familia nuclear, significó un sesgo a esta convivencia; y las consecuencias son evidentes. Quizás la mayor tragedia derivada de esto es que actualmente contamos con dos grupos que experimentan una alta ansiedad respecto al futuro, pero están tan apartados el uno del otro que no pueden apoyarse mutuamente.

De manera curiosa, en México el Día de los Abuelos se celebra el 28 de agosto, una quincena después de que el mundo celebra a la juventud. Me parece que sería pertinente que, aprovechando esta coincidencia, como comunidad busquemos fomentar espacios de interacción entre las personas jóvenes y las personas mayores; en lugar de hacerlo en días separados que las más de las veces caen en estereotipos que en nada favorecen a ninguno de los grupos ni a la sociedad en general. Quizá algún evento en el que se combinen pruebas físicas con preguntas relacionadas con la historia de la ciudad, o conversatorios sobre temas que afecten a ambos grupos (la inclusión laboral, por ejemplo), o cualquier otra modalidad que fomenten el intercambio de ideas y convivencias. Después de todo, el mundo es bastante complicado de por sí; así que lo mejor que podemos hacer es crear y fortalecer tantas redes de apoyo como sea posible.

¿Tú que tipo de interacción tienes con las personas mayores y las personas jóvenes?