Me puse como prioridad, y mi cuenta bancaria bajó 30 mil pesos.
Pero, ¿cómo es que pasó?
Fui a mi visita semestral con la dentista. Ahí fueron $800.
Fui a hacerme el examen de la vista y cambiar mis lentes. Ahí fueron $5,000.
Me hice mi examen médico anual, incluido el examen de senos y el cervicouterino. Ahí fueron $3,000.
Renové mis plantillas, para corregir mi pisada. Ahí fueron $2,000.
Abrí una cuenta de inversión para mi retiro. Ahí fueron $10,000.
Cambié el filtro del agua en mi casa. Ahí fueron $700.
Me inscribí a un curso de administración de proyectos. Ahí fueron $1,500.
Renové mi colchón, pues ya tenía varios años encima y ya no me permitía descansar bien. Ahí fueron $6,500.
Y fui a cortarme el cabello. Ahí fueron los últimos $500.
¡Ah! ¿cómo? ¿Tú pensabas que me había gastado ese dinero en lattes, tintes y mascarillas coreanas?
Cariño, te dije que me había puesto como prioridad, y eso significa que invertí en mí misma, que tomé la responsabilidad de mi bienestar presente y futuro. ¿Por qué sería eso algo malo?
La vuelta a clases para los estudiantes de nivel elemental es inminente, y por supuesto una buena parte de las conversaciones gira en torno al tema. Desde cómo volverá a haber más tráfico en la ciudad, lo caros que son los útiles escolares; y el tema más reciente relacionado con el contenido y formato de los libros de texto gratuitos repartidos por el gobierno. Justo hablaba de esto último con un par de amigas, una de ellas maestra a nivel primaria, quien nos hizo el comentario adicional de que el programa de cada curso era demasiado extenso para ser cubierto durante el ciclo escolar. Por lo tanto, los maestros y maestras tendrán que enseñar algunos (si no es que todos) temas “por encimita”, y esperar que en la casa se refuercen los mismos con las actividades fuera de clase.
Dejando de lado la poca probabilidad de que esto último suceda, pues es bien sabido que la realidad de la mayoría de las familias impide que se le dé un seguimiento apropiado a la educación de las niñas y niños; lo que a mí me pareció más relevante del comentario es que, independientemente de lo bien o mal que estén diseñados los libros de texto, al final todo va a depender de la persona que esté al frente del aula. Esto no es nada nuevo por supuesto, las más de las veces la diferencia entre un buen y un mal aprendizaje depende de la maestra y su capacidad para transmitir esa emoción por el conocimiento a sus estudiantes. Sin embargo, el tema se vuelve más relevante en el contexto de falta de tiempo para tratar todos los temas marcados en el temario del curso.
Tomemos por caso un maestro que es negacionista del cambio climático, quien es muy probable que prefiera no otorgar tiempo clase a ese tema, y en su lugar lo dedique a cubrir algún tema de otra asignatura. Al hacer esto, no sólo le está negando a sus alumnos la oportunidad de aprender del tema; sino que también les está impidiendo formarse una opinión del mismo. Al contrario, es probable que sus acciones afecten directamente sobre su sentir sobre el tema; pues si para su maestro no fue importante, ¿por qué debería serlo para ellos?
Cómo este puede haber muchos otros casos en los que una decisión personal del docente afecte en el proceso de aprendizaje de los y las estudiantes, y que además puede tener efectos negativos en su desarrollo como miembros de la sociedad. De acuerdo con datos del INEGI, en 2020 en promedio el grado de escolaridad en México era de 9.7 años; lo que equivale a tener al menos la secundaria concluida. Imagino que este dato debe haber cambiado y no precisamente para mejor luego de la pandemia del COVID-19, además de que en algunas entidades del país el nivel de escolaridad es significativamente menor al promedio. Si a esto sumamos que durante esos años de formación los estudiantes no pudieron estudiar los temas necesarios a profundidad, y que incluso algunos de ellos ni siquiera les fueron presentados; es poco probable entonces que se cuente con ciudadanos y ciudadanas que puedan hacer frente apropiadamente a los diferentes retos que nuestra sociedad enfrenta y enfrentará.
Ahora que se habla tanto del nearshoring y de cómo México debe aprovechar esta coyuntura para potenciar su desarrollo, sería un buen momento para replantearnos cómo es que se está preparando a las generaciones que habrá consolidar dicho desarrollo. Desde que puedo recordar se habla sobre la necesidad de replantear el modelo de educación en el país, para poder eliminar acciones y actitudes que juegan en contra del propósito del mismo. Quizás sería prudente que también revisaremos la manera en que se pudieran cubrir todos los temas necesarios para cada curso, en lugar de dejar a criterio de maestros y maestras (que, dicho sea de paso, también están cansados de soportar la ineficiencia del sistema) qué es importante de enseñar y que no. Después de todo, es ilusorio pensar en un futuro mejor si no nos ocupamos de mejorar el presente.
¿Para ti qué es importante que aprendan las niñas y los niños?