El esfuerzo se recompensa con más responsabilidades.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de descansar.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de aprender.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de cambiar.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de divertirse.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de crecer.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de parar.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de diversificarse.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de concentrarse.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de dejar ir.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de quedarse.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de ser más abiertas.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de poner límites.
El esfuerzo se recompensa con esfuerzo.
Todas las personas nos esforzamos diariamente, de muchas maneras y en muchos campos. A veces son esfuerzos grandes que pasan desapercibidos, y a veces son esfuerzos pequeños que tienen un gran impacto. Pero al final del día, nos esforzamos; y esperamos recibir una recompensa por ese esfuerzo.
Esas recompensas pueden no ser las mismas que esperan otras personas, o incluso que las que nosotras esperaríamos en otras circunstancias. Lo importante es que sepamos identificarlas y aceptarlas como eso, como recompensas, y aprendamos a disfrutarlas y usarlas para lograr nuestra estabilidad y felicidad.
Hoy decidí ver una película de la que sólo había escuchado malos comentarios: Wish, el poder de los deseos; película con la que Disney festejó su aniversario número 100. Lamentablemente para el legendario estudio, la película no fue bien recibida por el público, empañando aún más una celebración que se había visto afectada por los recientes descalabros de la casa creativa fundada por Walt Disney.
Si bien hubo comentarios respecto a la calidad de la historia y el ritmo que llevaba (que concedo, no son los mejores); la queja principal se debía al mensaje que, según los espectadores, la película proponía. Sin dar muchos detalles, la historia se centra en un reino donde sus habitantes le entregan su mayor deseo a su rey (quien también es versado en la magia), para que lo salvaguarde de todo mal. Al entregarlo, la gente olvida su deseo, y con ello el peso que implica el no poder cumplirlo. Ocasionalmente, el rey decide concederle su deseo a una persona, pero lo hace basado en su decisión personal de lo que es bueno para el reino. Derivado de esto y otras situaciones, la heroína de la historia, Asha, decide liberar los deseos y devolverlos a sus dueños.
Y aquí es donde viene la parte interesante. Luego de ver la película, la gente concluyó que el mensaje de la misma era que todos los deseos debían ser concedidos; yendo en contra de lo que miles de historias (varias contadas por el mismo Disney) nos habían enseñado sobre los deseos y porque no todos pueden volverse realidad. Además, seguían las críticas, la película sugería que los deseos sólo se concedían, en lugar de ganarse.
Esto no podría estar más alejado de la realidad. Quiero decir, Asha literalmente dice que los deseos debían de devolverse a las personas para que estas pudieran trabajar en conseguirlos, en lugar de esperar a que alguien se los concediera. Esta historia es una muy buena alegoría de la realidad de muchas personas en nuestra sociedad, y de cómo deberían cambiar las cosas.
Así como los habitantes de este reino ficticio, muchas veces las personas ponen sus sueños y esperanzas en otras personas; esperando que, si cumplen con las reglas que les han impuestos, los mismos les serán eventualmente concedidos. Esto es particularmente notorio en relaciones afectivas abusivas, en las que la parte vulnerable piensa que si cumple con las exigencias de su pareja (sin importar lo denigrantes que sean), eventualmente esta notará su buen comportamiento y le concederá su anhelo de amor y felicidad. Pero esto nunca sucede, porque este tipo de personas solo piensan en su propio poder, y cualquier ataque al mismo (real o no) es contestado con fuerza desproporcionada; tal como hace el rey de esta historia.
De igual forma, la película es muy clara en mostrar cómo, cuando las personas entregan su deseo, su brillo interior disminuye; y el terrible sentimiento de pérdida cuando dicho deseo es destruido. Esto mismo sucede en nuestras vidas: cuando dejamos de lado nuestros sueños para cumplir con las expectativas o normas que nos han impuesto (casarnos antes de los 25 años en lugar de primero viajar, olvidar nuestro sueño de escribir para dedicarnos de lleno a un trabajo de oficina, no aprender a tocar la batería porque ya pasamos los 50 años), una parte de nosotras se apaga. Porque los sueños son los que nos permiten continuar, nos da una razón para levantarnos y seguir intentándolo. Y esto aplica no sólo a los sueños románticos o romantizados, sino también en sueños más prácticos; pues conozco a muchas personas que su motivación para seguir esforzándose en su trabajo es su deseo de poder enviar a sus hijas una buena universidad, o su deseo de comprar una casa en la que cada quien pueda tener su propia habitación.
Ahora bien, en cuanto al sentimiento doloroso de saber que tu sueño no se hará realidad; me parece que este es uno de los mensajes más importantes de la película. De acuerdo con la trama, uno de los “beneficios” que el rey ofrece al tomar los deseos de las personas, es que estas no tendrán que preocuparse por los mismos, y por ende no se sentirán mal si no se cumplen. Lo cual está muy bien si se quiere vivir una vida sin dolor, pero también sin ilusión. Porque sí, la vida muchas veces no es justa y no se puede evitar que la realidad trunque nuestros deseos, pero es mejor intentar cumplirlos a solo dejarlos de lado. Además, si un deseo no se vuelve realidad; siempre podemos desear otra cosa.
Para concluir, quisiera notar una escena que creo es lo que pueden usar los críticos como excusa para justificar sus opiniones sobre la película. En cierto momento, Asha le pide al rey que conceda el deseo de su abuelo, porque él es una buena persona y ella lo ama. Los detractores podrían usar esta escena para demostrar que la película sí promueve entonces que los deseos se cumplan sólo porque alguien es bueno; sin considerar otras cosas.
Pero yo les pregunto, si ustedes estuvieran frente al presidente de la compañía para la que su hermano siempre ha querido trabajar, y el mismo les concediera un deseo, ¿no le pedirían que contratará a su hermano? Claramente sí, porque sabemos que eso haría feliz a una persona que amamos. Así somos las personas, estamos conscientes de que debemos trabajar para lograr nuestros anhelos; pero no vamos a decirle que no a un poco de ayuda, sea humana o mágica. ¿O porqué entonces soplamos las velas de nuestro pastel de cumpleaños, o buscamos estrellas fugaces?
Así pues, es una verdadera lástima que una historia con tan buenos mensajes y alegorías haya sido tan incomprendida y desprestigiada. Los motivos de este descalabro son varios y variados; pero espero que el principal no sea que como sociedad estamos tan acostumbrados a entregar nuestros sueños sin más, que no veamos que existen otras alternativas de vivir. Verdaderamente deseo que no sea eso.
Muchas veces hemos escuchado el dicho, “la intención es lo que cuenta”, dando a entender que, aunque no hayamos realizado la acción como tal, o esta no haya tenido el resultado esperado; lo importante es que se tuvo el propósito de hacerla. Un poco como decir, bueno, al menos lo intentaste. Sin embargo, y esta es la pregunta interesante, ¿realmente lo intentamos?
Esta pregunta no va encaminada al resultado concreto de la acción, pues como dije, este puede o no darse; sino más bien pretende analizar nuestra voluntad para lograrlo. Por ejemplo, si a una persona no se le dan las matemáticas, pero estudia con ahínco antes de un examen para poderlo pasar, aún y cuando su calificación final sea de 6; podemos decir que realmente lo intentó. Por otra parte, si a una persona le mandan una dieta blanda para aliviar su gastritis, pero se la pasa poniendo excusas como “es en que en el trabajo iban a pedir hamburguesas y por educación acepté”, o “es que llegué muy tarde del trabajo y lo más sencillo era comprarme una pizza”; podemos ver claramente que su intención nunca fue seguir las indicaciones que tenía.
En los ejemplos anteriores resulta sencillo ver quién tuvo la razón; pues el resultado en un caso fue bueno (o tan bueno como pudo ser), y en el otro fue desfavorable. El problema estriba en los casos en que las cosas salen bien pese a la falta de intención de las personas. Por ejemplo, digamos que en un trabajo se está haciendo una colecta para apoyar a una compañera que tuvo algún percance, y una persona dice “contribuí solo para no quedar mal, pero realmente no me interesa su causa”. En esta situación, pese a que la persona contribuyó sólo por obligación, la compañera recibirá la aportación que haya hecho; y de una manera u otra le servirá para solventar sus problemas. Lo cual está muy bien claro, y es preferible a que no hubiera recibido tal contribución; pero, ¿qué pasa con la persona que contribuyó sin intención? Esa persona se privó de sentir la satisfacción de haber hecho algo bueno por una compañera; y en su momento, cuando la misma compañera cuente que pudo superar sus dificultades y agradezca por el apoyo, esta persona no podrá experimentar la alegría de otras que sí contribuyeron con entusiasmo y desde la intención genuina de ayudar.
De esta forma, podemos ver que, efectivamente, la intención es lo que cuenta. Más allá de un resultado visible, lo importante es que nos enfoquemos en hacer las cosas conscientemente, para poder sentirnos bien con nosotras mismas. Hago énfasis en la parte de la consciencia, pues se puede caer también en una falsa intención de decir “ok voy a hacerlo, aunque no estoy convencida, pero quiero sentir que hice lo correcto”. Esta idea no difiere del hacer las cosas solo por obligación o para no quedar mal; a la vez que tampoco se aleja mucho de hacer las cosas “a medias”. Por tanto, el sentimiento de bienestar que podamos obtener, también será solo pasajero y en mucha menor medida que el sentimiento genuino.
Lo ideal es poder decir “tengo la intención de hacer esto, daré el mejor esfuerzo en ello, y esperaré que el resultado sea positivo tanto para mí como para los demás”. Si aplicásemos esta idea en las diferentes esferas de nuestra vida, que diferencia veríamos no solo en nuestro nivel de bienestar por haber hecho el intento con propósito; sino que también con el tiempo veríamos como los resultados tangibles serían cada vez mejores para nosotras mismas y las personas que nos rodean. Así pues, les invito a que vayamos más allá de la intención o el intento, y en su lugar podamos conjugarlos para, efectivamente, lograr.