Prioridades

Me puse como prioridad, y mi cuenta bancaria bajó 30 mil pesos.


Pero, ¿cómo es que pasó?


Fui a mi visita semestral con la dentista. Ahí fueron $800.


Fui a hacerme el examen de la vista y cambiar mis lentes. Ahí fueron $5,000.


Me hice mi examen médico anual, incluido el examen de senos y el cervicouterino. Ahí fueron $3,000.


Renové mis plantillas, para corregir mi pisada. Ahí fueron $2,000.


Abrí una cuenta de inversión para mi retiro. Ahí fueron $10,000.


Cambié el filtro del  agua en mi casa. Ahí fueron $700.


Me inscribí a un curso de administración de proyectos. Ahí fueron $1,500.


Renové mi colchón, pues ya tenía varios años encima y ya no me permitía descansar bien. Ahí fueron $6,500.


Y fui a cortarme el cabello. Ahí fueron los últimos $500.


¡Ah! ¿cómo? ¿Tú pensabas que me había gastado ese dinero en lattes, tintes y mascarillas coreanas?


Cariño, te dije que me había puesto como prioridad, y eso significa que invertí en mí misma, que tomé la responsabilidad de mi bienestar presente y futuro. ¿Por qué sería eso algo malo?


¿Tú eres tu propia prioridad?

Sentí, siento, sentiré.

Que fantástico que este año hayas descubierto más libros para leer, aunque no hayas tenido oportunidad de leerlos.


Que increíble que este año hayas conocido a tantas personas con las que conectaste, aunque no hayas tenido oportunidad para conocerlas mejor.


Que bendición que este año conserves a todas tus amistades, aunque no a todas las hayas visto con la frecuencia con la que hubieras querido.


Que felicidad que este año tu familia haya permanecido unidad, aunque no siempre se llevaron de la mejor manera.


Que emocionante que este año hayas descubierto nuevos lugares que te gustaría conocer, aunque no hayas tenido la oportunidad de visitarlos todos.


Que divertido que este año te hayas encontrado con más juegos de mesa, aunque no hayas podido jugarlos todos.


Que orgullo que este año hayas podido alcanzar varias de tus metas profesionales, aunque algunas otras no se concretaron del todo.


Que privilegio que este año hayas podido ayudar a varias personas y causas sociales, aunque te hubiera gustado apoyar a muchas más.


Que importante que este año hayas tomado acción para cuidarte más, aunque te hayan faltado aspectos por atender.


Que esperanzador que este año hayas logrado varios de tus sueños, y que aún te queden tantos por cumplir.


Todas estas experiencias son maravillosas no lo sólo porque dan testimonio de que tienes ilusiones para los años venideros; sino porque son prueba también de que este año que termina, te diste la libertad de emocionarte.


¿Qué cosas maravillosas descubriste este año?

Orgullo y realización.

A lo largo de los años he recibido varios y diversos reconocimientos. Excelencia académica; primeros lugares y reconocimientos de participación en concursos de oratoria y de la materia de español; constancias de seminarios y cursos de actualización; cumplimiento de los famosos KPIs; entre otros. Algunos de ellos están colgados en una pared, otros forman parte de mi currículum, y otros más está guardados en su carpeta correspondiente.

Si bien todos esos reconocimientos me causan satisfacción y orgullo, con el paso del tiempo ha habido otros, de diferente naturaleza, que me llenan más el corazón cuando los recuerdo o cuando los vivo. Las cartas que me escribieron mis alumnos del servicio social, en las que me decían que era buena maestra, aunque no lo fuera de profesión. El libro que me dedicaron mis alumnos cuando di clases en la universidad, donde me agradecían el haber sido mi primero grupo.

Las cartas que en su momento me han escrito mis amigas y familia, donde mencionan como una palabra o acto mío les hizo ser más felices. Y también cuando esas mismas personas especiales me han hecho partícipe de sus sueños alcanzados, y por los que aún están trabajando.

Cuando compañeros de trabajo se han convertido en buenas amistades; y cuando tanto unos como otros expresan su aprecio no solo por trabajar, sino por convivir conmigo. Y cuando ves que tu trabajo genera satisfacciones e ilusiones más allá de lo material.

Por supuesto, también mencionar la alegría que, desde hace ya más de 2 años, me produce que las ideas contenidas en este blog conecten con otras personas. Que estas ideas las hagan recordar cosas que quizás habían olvidado, o bien que se encuentren con nuevas posibilidades. Y claro, también la satisfacción que siento al cumplir, si bien de una manera diferente; uno de los sueños que siempre tuve, que es el de compartir las ideas que antes solo vivían encerradas en mi cabeza.

Ahora que se acerca la época en la que se empieza con el recuento de lo obtenido a lo largo del año, y que se trata de resumir 12 meses en unas cuentas viñetas; es bueno que tomemos un momento para ver todas aquellas cosas que no se pueden medir o comparar de manera cuantitativa. La vida es mucho más que eso, y nos da muchas oportunidades para sentirnos no solo orgullosas, sino lo más importante, realizadas.

¿Tú qué quieres resaltar hoy?

Felicidad, yo te recibo.

Sobre la felicidad, tanto como concepto como sentimiento; se han desarrollado un sinfín de documentos, doctrinas y estudios. Desde Aristóteles, quien veía a la felicidad como el fin último que debían perseguir las personas; hasta Maslow que jerarquizó los tipos de felicidades que podía sentir y necesitar el ser humano. En tiempos más recientes se ha hablado sobre la adición a la dopamina, la molécula de la felicidad, en el sentido de que se ha llegado a un punto en que lo que se busca es la “felicidad inmediata”, en lugar de procurarla a largo plazo.

En este último punto, y siguiendo con una discusión que llevaba ya algo de tiempo; se puede argumentar que realmente lo que se tiene es una adicción al placer, pues en general la felicidad es un estado de ánimo más sosegado y duradero. Pero en un mundo en el que la mayoría de las personas pasan días grises y estresantes, sumado a los años de publicidad que nos han vendido la felicidad como tener en lugar de ser, es comprensible que se busque un detonante placentero que nos permita “sentir” algo.

Con lo anterior, podemos llegar ya a algunas conclusiones. La primera sería que la felicidad es algo que todas las personas buscamos. Así mismo, existen diversos tipos de felicidad; y una clasificación posible es de acuerdo a su duración e intensidad. Por ejemplo, una felicidad momentánea e intensa puede ser cuando nos reunimos con una amiga que hacía tiempo no veíamos, o cuando terminamos un proyecto, o incluso cuando nos compramos un automóvil nuevo. Importante aquí señalar que este tipo de felicidad no debe confundirse con el placer, y en el caso del último ejemplo; tampoco debe entenderse solo como una cuestión de poseer bienes materiales. Por otro lado, una felicidad quizás menos eufórica pero más estable es la que experimentan las personas que tienen una relación de pareja satisfactoria, o la que se encuentra en actividades cotidianas como la jardinería.

Ahora bien, ya que tenemos un poco más de definición, vienen la pregunta importante: ¿cómo hacemos esa búsqueda? Como en tantas cosas de la vida, no existe una respuesta concreta a esta pregunta, pues dicha búsqueda no es un procedimiento sino más bien un proceso que puede ir cambiando conforme a la persona y sus experiencias de vida. Claro, volviendo con Maslow, existen ciertas cosas básicas que una persona debe tener (seguridad, vivienda, alimento, etc) para poder entonces concentrarse en la búsqueda de una felicidad más completa y digamos, humana.

Así mismo, y esto me parece crucial, debemos comprender que está búsqueda no es un proceso individualista. Con esto me refiero a que la felicidad que experimentamos no tiene que surgir solo de nuestras acciones. Nuestras familias, amistades e incluso desconocidos pueden darnos muchos motivos de felicidad, siempre y cuando estemos dispuestas a recibirla.

Este es el otro punto que considero esencial en esta búsqueda-proceso: tenemos que aceptar la felicidad o felicidades que se nos vayan presentando. Si quizás nuestra felicidad máxima va a ser cuando terminemos de escribir un libro, pero mientras gocemos el terminar un capítulo. Detengámonos a escuchar la risa de un niño, a ver el cielo, a escuchar el agua, a disfrutar una comida. Incluso, y quizás más importante, disfrutemos haber llegado en segundo lugar; aunque anheláramos el primero. Dejemos de lado el vivir de acuerdo a expectativas ajenas, y hagámoslo mejo en nuestros propios términos.

Entonces, sin importar cuál sea el origen de nuestra felicidad, nosotras debemos estar abiertas a recibirla y experimentarla en toda su brevedad y en toda su extensión; compartiéndola siempre que sea posible, pero también aprendiendo a disfrutarla por nosotras y con nosotras mismas.

¿Tú recibirás a la felicidad?

El ratón de chocolate.

Hay días malos. Días en los que te sientes mal física y anímicamente, que dudas de ti misma y del esfuerzo que haces diariamente. Tratas de racionalizarlo, de decir que sólo es un mal día y que encontrarás la manera de salir avante; en parte porque siempre lo has hecho y en parte porque no tienes muchas opciones. Pero esto no quita que te sientas mal durante ese día, o días.

Y en medio de toda esa tristeza, encuentras un ratón de chocolate. En mi caso fue algo literal: mi mamá había comprado un panecito en una panadería local, que había sido decorado para parecer un ratoncito. Se veía muy bonito, además de original, y me sacó una sonrisa.

Pero aquí va la cosa: mi mamá no sabía que ese día me había ido mal. Es decir, no lo compró con el objetivo ex profeso de hacerme sentir bien luego de un mal día. Ella solo lo vio en la panadería, se le hizo muy bonito y decidió comprarlo para poder compartir un momento feliz juntas.

Si bien es muy especial cuando la gente que te ama hace algo extra para alegrarte en tus días malos, creo que es igualmente especial que haga algo solo porque sí. Que siempre ocupes un espacio en su mente y en su corazón, y que al ver algo, piensen en ti. Y que después compartan eso contigo, de cualquier forma, es realmente reconfortante. Te hace sentir acompañada, valorada, amada.

Por supuesto, en los días en que el mundo te ha hecho sentir que no eres importante; esos pequeños gestos llegan un poquito más directo. Pero es igual de importante que los mismos se repitan frecuentemente, pues de esa forma tu nivel de amor estará en números positivos y los golpes del día a día serán más fáciles de afrontar.

Espero de corazón que tú también tengas a alguien en tu vida que, sean días buenos o días malos, quiera compartir un ratón de chocolate contigo.

¿Qué forma te gustaría que tuviera tu ratón de chocolate?

¿Sabes qué es realmente diveritdo?

Jugar un juego de mesa con tu familia.

Arreglarse para una fiesta.

Ver un episodio de 3 horas de un juego de Calabozos y Dragones.

Pintarte las uñas con diseños y/o colores nuevos.

Leer un libro.

Tomar unos tragos con tus amigas.

Arreglar fotos que tenías sin guardar.

Sentarte en la plaza a platicar con tu amiga, mientras comen un helado.

Escuchar música mientras haces tus actividades diarias.

Jugar con tu gatita.

Ver una serie sola.

Ver una serie acompañada.

Colorear.

Ir a un parque de diversiones.

Regar tus plantas.

Salir de viaje.

Quedarse en casa.

La diversión puede darse de muchas maneras para cada persona; y por supuesto también depende de las circunstancias. Lo importante es recordar que la diversión es vital para las personas, en lo individual y en lo colectivo; así como en el área física, mental y espiritual. Por eso debemos procurar encontrar maneras de divertirnos en medio, o más bien durante, nuestras rutinas diarias; y respetar la forma en que cada quién encuentra esos momentos de risa y satisfacciones sin los que la vida, simplemente no sería la misma.

¿Tú cómo te diviertes?

Bailemos.

Hoy he constatado lo que innumerables chistes, memes y similares han dicho durante algún tiempo: conforme creces, las desveladas son más difíciles de superar. Estos días me he dormido mucho más tarde de lo habitual, uno de ellos incluso me dormí a la hora que usualmente me levanto; así que hoy ha sido un día un tanto difícil de sobrellevar, sobre todo porque, aunque he querido dormir, la noción de que tengo pendientes no me permite descansar.

Uno de esos pendientes consistía en ir a comprar algunos víveres al supermercado. Así que ahí estaba yo, comprando de pasada una bebida vitaminada, cuando empezó a sonar una canción, creo que de los años 80s aunque no podría asegurarlo; la cual ciertamente se oía como una de esas canciones con las que la gente baila en las películas. Y entonces, en el pasillo de enseguida, vi a una pareja que estaba haciendo justamente eso: bailando en medio del pasillo del supermercado, con sonrisas en sus rostros. Al verles, no pude evitar sonreír también; tanto por su felicidad como por constatar que las cosas buenas que salen en las historias de internet, también pasan en la cotidianidad de la vida.

Además de sentir por un momento que estaba en la escena de una película, ese gesto de una pareja desconocida me hizo cambiar un poco la actitud que tenía. Sigo sintiéndome cansada, y desearía tener otro día libre para reponerme por completo; pero también agradezco que ese cansancio proviene de haber disfrutado experiencias especiales durante el fin de semana. Ya en otras ocasiones he dicho aquí mismo que a veces la vida se vuelve una repetición de días en las que haces un poco de lo mismo; y que el fin de semana solo es un período para hacer pendientes de otra naturaleza. Pero estos dos últimos fines de semana han sido diferentes en el mejor sentido de la palabra; con actividades que, si bien han implicado que durante la semana quizás haya que hacer un esfuerzo extra, sobretodo esta que viene, realmente lo han valido, sobretodo por que han sido experiencias que pude disfrutar con gente que quiero. Parafraseando a la actriz Jessica Segura, este cansancio es pagar el precio de algo extraordinario.

Desconozco como hayan sido los días previos de la pareja que vi bailar en el supermercado, pero creo que deben haber sido buenos si tuvieron la motivación y valentía para demostrar su felicidad sin ambages. Espero yo también, no solo durante esta semana si no todos los días, poder demostrar mi alegría por medio de mis acciones; aunque las haga con un poco más de sueño de lo habitual.

¿Tu cómo demuestras tu felicidad?

Gustos sin culpa.

¿No les ha pasado que, por azares del destino, empiezan a ver publicidad de algún programa, y que malamente sin conocerlo; lo juzgan como “ese no es mi estilo” y pasan de largo? Pero, como el algoritmo de internet trabaja de formas misteriosas, sigue saliendo publicidad de este contenido; y en una ocasión quizás por no ponerle saltar o similar, terminas viendo el anuncio o el corto del programa. Sigues pensando que no es tu estilo, pero en el video te dejan a la mitad de algo que te interesó; luego de mucho pensarlo decides buscar el video original para enterarte del contenido completo y pasar el rato. Lo empiezas a ver desde tu posición de ese no es mi estilo sólo lo estoy viendo para no quedarme con la duda, etc. Pero, empiezas a disfrutarlo; las ideas que comentan se te hacen interesantes, e incluso te empiezas a identificar con alguna de las conductoras. Y así, sin más, pese a que a primera vista no es algo que tu misma u otras personas pudieran señalar como “tu estilo”, te das cuenta que te gusta y quieres seguirlo viendo.

Comúnmente a este tipo de gustos les ponemos el mote de “culposos”, pues nos da cierta pena decir que los disfrutamos; precisamente porque no es algo que vaya con la imagen que nosotras u otras personas tenemos/tienen de nosotras. Entonces, por guardar las apariencias, prefieres no hacer muy público que te gusta tal o cual cosa, y la disfrutas digamos a escondidas. Pero, sinceramente, esto le quita sabor a ese disfrutar; principalmente porque cuando pasa algo interesante o emocionante en ese nicho de tus gustos, no puedes compartirlo con tus amistades o familia por miedo a que te juzguen. Ese, creo, es realmente el motivo por el que le se les dice gustos culposos: porque la culpa nos impide disfrutarlos completamente.

Pero, hablando con la verdad, si algo te produce felicidad, ¿porqué tendrías que sentirte culpable por ello?, o más aún ¿porqué tendrías que avergonzarte de ese gusto? Mientras sea algo que no atente contra la dignidad de nadie, y se disfrute de manera sana sin llegar a ser una obsesión; lo ideal sería poder disfrutar de ello abiertamente y también compartirlo con aquellas personas que disfrutan verte feliz. La vida ya nos presenta bastantes complicaciones a diario como para que encima de todo nos neguemos momentos de alegría solo por el qué dirán, o para conservar una imagen construida sobre nosotras que a lo mejor ya no es válida con la realidad que estamos viviendo.

Además, el permitirnos conocer o probar cosas nuevas amplia nuestra experiencia de vida, y nos permite crecer nuestra tolerancia y aceptación de aquellas cosas que son distintas a las que acostumbramos. No todo tiene que gustarnos, y tampoco tiene que gustarnos el todo de algo, pero ciertamente todo contribuye a nuestro crecimiento personal y a lo que podemos aportar a nuestras comunidades. Así pues, démonos el permiso de disfrutar nuestros gustos sin culpa, y demos ese mismo regalo a las personas que nos rodean.

¿Tú tienes algún gusto que te cueste compartir?

PD. Por si se quedaron con la duda, el programa que motivó esta entrada es el de Envinadas.

Escapismos.

Mañana 16 de enero será el que popularmente se conoce como “Blue Monday”, es decir, el día más triste del año. Según la publicación original, este día se considera el más triste del año puesto que para esa fecha ya se han acabado todas las festividades relacionadas con la Navidad, a la vez que la mayoría de las personas han vuelto a sus actividades cotidianas; por lo que se experimenta una vuelta a la cotidianidad. Esto es, tenemos de frente un largo año que en muchos sentidos se ve igual que el anterior, con pendientes y cosas por hacer.

Mi intención con esta entrada no es negar que luego de las fiestas se tiene un sentimiento de “otra vez lo mismo”, puesto que yo misma lo he sentido, aunque no creo que lo haya sentido más en un lunes determinado. Tampoco es pasarme del lado del positivismo y dar consejos hasta cierto punto trillados y un tanto vacíos. La tristeza es un sentimiento humano, y como tal debe de aceptarse, sentirse y entenderse; si no luego vamos por la vida con una sonrisa en la cara, pero sintiéndonos fatal por dentro.

Sin embargo, hace un tiempo leí un comentario que decía que una buena estrategia era buscar tener unas pequeñas “vacaciones” en el día a día; aquello que Libertad, personaje de la tira de Mafalda, llamaba “escapismos”. Creo que este último término es más apropiado, pues lo que se pretende es darnos un pequeño escape de la realidad que tenemos que afrontar día a día. Eso puede ser algo tan sencillo como comernos un helado, escuchar verdaderamente una canción, quizás caminar por un parque. En fin, nada del otro mundo, solo algo que nos permite hacer un pequeño espacio para sentirnos menos agobiadas por el montón de cosas que están ocurriendo siempre.

Claro, habrá días en que no podamos darnos esos escapismos; principalmente debido a las famosas cosas que de alguna forma siempre están ahí. Pero, si sabemos que quizás mañana o en un par de días podremos tener un pequeño descanso, entonces podremos aguantar mejor el día de hoy. Al fin y al cabo, la espera de algo es una buena fuente de motivación y felicidad.

Si como yo, mientras lees/escribo estas líneas pensaste en otra frase que dice que el objetivo debería ser conseguirnos una vida de la que no tengamos que escapar constantemente; recuerda que incluso la gente que parece que lo tiene todo, de vez en cuando también se siente agobiada, y necesita hacer algo para poder volver a sentirse mejor. Mientras los escapismos sean eso, un espacio para relajarnos para poder seguir adelante, y no un lugar para escondernos de una realidad que ya es insostenible; entonces no veo porque no podamos comernos una rebanada de pastel en lunes. Y más si es un lunes azul.

¿Cuáles son tus escapismos?