La forma del hilo.

En México existe una expresión bastante particular, “inventar el hilo negro”, que hace referencia a que una persona piensa que está haciendo un descubrimiento o aportación extraordinaria; cuando en realidad es algo tan sencillo y conocido como el mítico hilo. Me parece que el equivalente en España de esta frase es “descubriendo América”; lo cual también nos hace pensar sobre la propiedad de las ideas que son expresadas o, supuestamente, descubiertas.

Pero bueno, lo que pasa es que a menudo pienso en esta frase cuando estoy escribiendo este blog. Porque estoy segura de que otras personas, en otras latitudes y otros idiomas, ya han escrito sobre los temas que trato en mis entradas. Y también estoy segura de que muchas de ellas lo han hecho de forma más elocuente que yo.

Esto de alguna forma me hace pensar sobre el valor de que yo escriba estas líneas. Pero luego recuerdo la parábola del hijo pródigo; la cual he escuchado una y mil veces, las mismas que me la han explicado diferentes personas. Siendo sincera, esa era mi parábola menos preferida, pues pese a todas esas explicaciones, nunca había entendido su significado. Hasta que un buen día, alguien la explicó de una manera que conectó conmigo. No fue nada del otro mundo, y la verdad en cierta forma era lo mismo que yo ya había oído antes; pero la manera en que lo expresaron, me hizo ver la historia de una manera totalmente distinta, y ha repercutido en cómo analizo otras situaciones de mi vida.

¿A dónde quiero llegar con esto? A que, si bien las mismas ideas pueden ser expresadas por diferentes personas, estas no van a hacerlo de la misma manera; y por tanto van a impactar a diferentes personas de manera diferentes.

 Ya sea por el medio usado para expresarlas, por las palabras o símbolos usados, o incluso por la persona misma que las está diciendo; solo una o unas pocas de esas expresiones serán las que acaben recorriendo la última milla para tocar la sensibilidad de la persona receptora. Y es entonces cuando se dará el propósito real de la comunicación, pues el mensaje habrá sido comprendido e internalizado por su receptor; quien ahora podrá tomar una decisión de si responde de manera diferente al mismo, o bien si reafirma su creencia y sigue como antes.

He ahí la importancia de que todas las personas tengamos la capacidad y libertad de expresar nuestras ideas, pues esto a su vez da la libertad a otras personas a comprender o empatizar con ideas a que antes le eran ajenas; no por las ideas mismas, sino por la forma en que se las habían presentado. Así, vamos sumando más voces a las conversaciones, lo que en definitiva lleva a una mejora más integral de las situaciones que nos atañen a todas.

Así pues, tu sigue compartiendo tus/las ideas, en tu forma única de expresarlas. Da lo mismo si piensas que alguien lo hizo o podría hacerlo mejor que tú, al final del día no puedes saber cómo tu forma de exponerlas va a impactar a otra persona. Quién sabe, a lo mejor gracias a la forma en que transmitiste esa idea, alguien termina inventando el hilo blanco.

¿Tú qué ideas quieres compartir?

La necesidad de mostrar que eres diferente.

Justo ayer leía un artículo sobre una nueva tendencia de diseño/decoración, conocida como “cluttercore”, que podría decirse es lo opuesto al minimalismo. En esta tendencia, la idea es tener mucho, y además mostrarlo. Una de las seguidoras de este movimiento explica que se trata de un caos organizado, enfocado en ciertos temas o elementos que son distintivos de la personalidad de quien está creando el espacio. Podría decirse que es una nueva forma de ver a los coleccionistas, solo que ahora lo que se colecciona no tienen que ser precisamente obras de arte, sino más bien cosas que le son agradables y familiares a cada persona; en un intento de mostrar su individualidad.

Si bien comparto algunas ideas de esta tendencia; no puedo dejar de pensar como la misma tiene una fuerte carga de clasismo. Después de todo, el formar y mantener una colección implica dinero y esfuerzo, algo que no todas las personas pueden permitirse; menos ahora que existe un creciente temor a una recesión mundial. Además, aunque las personas defensoras de este movimiento indican que no existe una manera incorrecta de llevarlo a cabo; la realidad es que no todas las cosas o colecciones serán apreciadas de la misma forma. Con esto quiero decir que una persona que puede permitirse un mueble especial para mostrar su colección de tazas, será más alabada que alguien que las tiene quizás un poco apretadas dentro de un trastero común. Como se dice tanto ahora, “no emitiría las mismas vibras”, signifique eso lo que quiera significar.

En este mismo sentido, pese a que el artículo no lo menciona, estoy segura de que el cluttercore se potenció durante el tiempo de aislamiento causado por la pandemia. Miles de personas que estaban acostumbradas a compartir en redes sociales las fotos de sus viajes y aventuras, de repente se encontraron confinadas en sus casas, sin nada “nuevo” que mostrar. Así que empezaron a mostrar sus cosas; que arregladas de cierta forma y con una o dos frases sobre la estética, producían la misma reacción en “me gusta” que las fotos de esas personas conviviendo con elefantes en Tailandia.

No dudo que algunas de las personas que se subieron a esa tendencia lo hicieron con la intención de mostrar algún rasgo de su personalidad; pero también es cierto que muchas otras lo hicieron para mantener su “estatus”. Querían mostrar que, pese a las condiciones poco favorables, ellos seguían siendo cool, y seguían manteniendo un estilo de vida desenfadado y creativo. Así, más que querer ejercer su individualidad, lo que querían hacer era recordarle a la gente que ellos seguían siendo diferentes, que pertenecían a un sector de la sociedad que podía seguir viviendo bien; pese a que el resto sufriera los efectos de una pandemia.

Al leer esto se podría pensar que estoy haciendo una apología al minimalismo; pero la realidad es que esta otra tendencia no se escapa de una crítica social. Por ejemplo, si bien el cluttercore exige un esfuerzo de mantenimiento en el sentido de que es limpiar, ordenar y cuidar muchas cosas; el minimalismo exige un esfuerzo similar para mantener ese sentido etéreo tan característico. Después de todo, un cuarto completamente blanco debe limpiarse más seguido, lo cual implica dedicarle más tiempo. Tiempo que una persona promedio no tiene, pues se le va en recorrer la distancia a su trabajo, preparar su comida para el día siguiente; o incluso en tener un segundo trabajo para mantenerse a flote.

Así pues, las personas que se consideran exponentes/seguidoras fieles de una u otra tendencia, en definitiva, pertenecen a un reducido sector de la sociedad que puede permitirse ser puristas en ese sentido. El resto de la gente, tomamos ideas de una y otra, y vamos armando un espacio que nos produzca bienestar; sin preocuparnos mucho de la aparente contradicción en ese hecho. Esto para mi es la verdadera autenticidad e individualidad que tanto se busca y proclama en los movimientos (de diseño y otro tipo) de hoy en día. No el seguir una filosofía a pie juntillas, sin salirte de la rayita; sino el analizarla, entenderla, y buscar adaptarla a lo que tu como persona quieres, valoras, y necesitas. Habrá quién podrá decir que eso es relativismo, y en cierta forma quizás si lo sea; pero también es necesario recordar que nadie posee la verdad absoluta. Lo más que podemos hacer es tomar ideas de aquí y allá, para formar una verdad que sea buena para cada quien, pero sin menospreciar a la otra persona solo porque no sigue la regla de tener 1 artículo de cada cosa en su casa.

¿Qué opinas tú de estas tendencias en diseño?