Hace un par de semanas fui al centro comercial, y debo decir que no me sorprendió que ya tuvieran una sección con las decoraciones para navidad. Igualmente, hace ya unos días que escucho o veo anuncios que indican que está disponible el pan de muerto; tanto en su versión tradicional como relleno de diferentes sabores. Cabe resaltar que estamos en septiembre.
No me mal interpreten, a mi también me gusta mucho el pan de muerto, y la navidad es una época que disfruto bastante. Pero, creo que esa sensación agradable se deriva en parte de que es algo que tengo que esperar, algo que sucede cada año y por tanto es una ocasión diferente. Pero en este mundo de la inmediatez, donde todo tiene que ser ya; cada vez queda menos espacio para el arte de la espera.
Sí, esperar es un arte, y podría decirse que es también una disciplina. No por nada grandes civilizaciones alrededor del mundo han desarrollado numerosas prácticas para cultivar la virtud de la paciencia. Quizás por eso también es que a últimas fechas han ganado relevancia aplicaciones y cursos que se enfocan en temas como la meditación y la atención plena (más conocido por su terminó en inglés, mindfulness). Inconscientemente, sabemos que no podemos sobrevivir al ritmo de vida tan acelerado que hemos creado, y hemos buscado pequeños remansos o actividades que nos permitan aminorar el paso. Pero temo que realmente se han quedado pequeños.
Es cierto que, de acuerdo tanto a las prácticas tradicionales como a recientes estudios; si practicamos constantemente esos pequeños actos de paciencia y calma, será más fácil que los apliquemos a nuestra vida cotidiana, aún y cuando no sea en su totalidad. En lo personal puedo confirmar que esto es cierto, pero también es verdad que eso exige una gran fuerza mental y de voluntad; y de nuevo el ritmo de vida que llevamos nos deja con muy poco de ambas. Haciendo una analogía con la teoría de las cucharas de la psicología, tenemos que decidir a cuáles de las múltiples situaciones aceleradas del día vamos a dedicarle el esfuerzo que implica el arte de la paciencia.
Se podría pensar que algo tan disruptivo como la pandemia del COVID-19 debería haber influido en enseñarnos la necesidad de la espera y la paciencia, pero creo que ha sido todo lo contrario. El estar en nuestras casas nos hizo consumir bienes tangibles e intangibles (como las series) a una velocidad mucho más rápida, y ahora que la pandemia ha amainado; esa necesidad creada sigue ahí y exigimos que sea satisfecha. No por nada la crisis de la cadena de suministro ha sido tan severa.
Claro, como ya dije no todo ha sido para mal. Se puede ver que en diferentes ámbitos están surgiendo iniciativas contra corriente que tratan, justamente, de hacernos ver la necesidad de vivir una vida con más calma; dando tiempo al tiempo como diría mi abuela. Falta ver cuáles son los resultados finales de estas iniciativas; pero sinceramente creo que no podremos librarnos de que para principios de diciembre ya estén anunciando, ahora, la rosca de reyes.
¿Consideras que en tu día a día prácticas el arte de la espera?