De unicornios y caballos.

Hoy estaba leyendo un artículo sobre Rappi, la aplicación colombiana que ha sido un éxito a nivel regional. El artículo menciona que un punto de inflexión para la empresa fue en 2017, cuando fueron el primer emprendimiento latinoamericano en recibir fondos de Y Combinator; una firma de capital de riesgo que anteriormente había invertido en empresas como Airbnb. Derivado de esto, Rappi adoptó la política de Silicon Valley de “muévete rápido y rompe cosas”.

Así pues, la compañía empezó a crecer rápidamente; pero no de la mejor manera. De acuerdo con información del artículo, la empresa recibió varias disputas laborales, fue objeto de investigación por acaparar reembolsos, permitir que menores de edad compraran alcohol mediante su plataforma, entre otras situaciones. Afortunadamente, entre comillas, Rappi tuvo un cambio de actitud en 2023, en parte por la reforma laboral buscada por el presidente Gustavo Petro. A este momento, parece que tanto la empresa como el gobierno lograrán una legislación provechosa para ambas partes.

Esta historia me hace reflexionar sobre varios temas, pero el principal es como, realmente, no hemos avanzado en términos de cómo las empresas manejan el crecimiento y se ven a sí mismas como agentes propositivas de cambio. En general, el ambiente de los negocios sigue siendo uno de juego-suma-cero; en el que alguien tiene que perder para que otro pueda ganar. Y en el mismo sentido, pese a que en muchas ocasiones hay estudios formales que demuestran las ventajas de ciertos cambios en materia laboral (jornadas más cortas, el atender cuestiones psicosociales en el trabajo, etc); la gran mayoría de las empresas no los hacen hasta que se ven obligadas a ello.

Vamos con el primer punto. Entiendo que hay ocasiones en las que, para que alguien pueda ganar, otro debe de perder. Por ejemplo, cuando dos empresas están compitiendo por el mismo proyecto; invariablemente una de ellas será la favorecida, mientras que la otra tendrá que buscar otras oportunidades. O en un plano individual, varias personas se postulan para el mismo puesto de trabajo; pero sólo una se hará con el mismo. Esto es normal en una economía de mercado, y en otros sistemas económicos también; y bien llevado fomenta la sana competencia y la mejora.

Lo que no está bien es que una compañía busque ganar a costa de, e incluso dañando, a quienes en principio deberían ser sus mayores activos. Cantidad de veces se ha hablado de compañías que pagan sueldos paupérrimos y no dan prestaciones a sus empleados; pero aún así están dentro de los listados de las empresas con crecimientos más acelerados, o con mayor innovación, o con mayores ingresos, o a veces con todo lo anterior y más. Sin embargo, creo que no tiene nada de innovador el lograr buenos resultados mediante el abuso a las personas. Al fin y al cabo, es una práctica que hizo el imperio romano hace años con los esclavos traídos desde varios confines del mundo; o más recientemente lo que sucedió en América con el mercado de esclavos africanos.
Pasando ahora al segundo punto, pero muy relacionado con el primero; está el que las empresas se niegan a implementar cambios que se ha comprobado son buenos no sólo para sus empleados; sino para el desempeño de las mismas compañías. Posiblemente lo peor del caso es que lo directivos están conscientes de que estas iniciativas son buenas, y tienen incluso calculado cuánto les costará el implementarlas y cómo subsidiar ese costo (que usualmente es mediante los consumidores, pero esa es otra historia); pero aún así no lo hacen hasta que se ven obligadas. O bien, como en el caso de Rappi, cuando ven que el gobierno ha decidido tomar acciones concretas sobre ciertos puntos; deciden crear mesas de diálogo para “buscar” soluciones, y al final del día se les reconoce como rompedoras de paradigmas y referentes en la industria.
Lo que realmente sería romper un paradigma y sentar un referente, sería que las empresas fueran las que propusieran a las autoridades el realizar esos cambios en materia laboral. Que una compañía se levantara y dijera: quiero que mis trabajadores y los de mis competidores estén mejor, porque eso invariablemente tendrá un efecto positivo en la comunidad del que yo podré favorecerme económicamente; eso sí sería digno de noticia. Las empresas siempre alzan la voz para decir que son ellas las propician el desarrollo de los países mediante sus inversiones, y que los gobiernos deberían limitarse a proveer las garantías para que puedan trabajar en paz. Pues bueno, entonces asuman realmente ese papel y conviértanse en participantes activos del cambio, en lugar de quejarse cuando la autoridad debe levantarse y exigir esas mismas condiciones.
Pero en vista de que esto se ve como algo poco probable de que ocurra, ¿qué nos queda hacer, entonces? Opciones hay muchas, algunas más revolucionarias que otras. Pero creo que un buen comienzo podría ser dejar de enaltecer a aquellas empresas que tienen buenos resultados a costa de no hacer las cosas bien para con su propia gente y la comunidad. Dejemos de alabar a los unicornios, cuando el mérito es de los caballos.
¿Tú cómo ves el progreso?

Retroceder para avanzar.

Cuando estudiaba la secundaria, tomé el taller optativo de mecanografía, el cual por supuesto es completamente arcaico hoy en día. Sin embargo, debo decir que el mismo me ha servido bastante con el pasar de los años; prueba de ello es que tengo una buena velocidad de escritura sin errores.

Supongo que esto último se debe a que, en aquel tiempo, cualquier error era difícil de enmendar. Pese a que a mí me tocaron ya aquellos cuadritos blancos correctores, la realidad es que si se notaba dónde te habías equivocado. Y si el error consistía en que habías omitido una palabra o algo similar, la verdad es que en ocasiones era mucho más sencillo empezar de cero.

Pero entonces, maravilla de maravillas, llegaron las computadoras. Si bien las primeras de su tipo, y sobre todo las primeras que fueron accesibles al público en general, tenían bastantes detalles que harían respingar a los jóvenes digitales de ahora; tenían una amplia gama de ventajas. Una de ellas era que, si te equivocabas al escribir un documento, con unos pocos clics a la tecla “retroceso” (que todo mundo le decimos borrador) la cosa quedaba resuelta. De esta forma, se eliminaron muchos re trabajos, y la gente pudo ocupar su tiempo en pensar sobre lo que estaba escribiendo, o bien dedicarlo a otras actividades.

Eso es lo que debemos buscar con las innovaciones que se van proponiendo en los diferentes campos: que los errores sean fáciles de corregir. Pero es que entonces a las personas ya no les va a importar hacer las cosas bien, dirán algunos; total hay soluciones fáciles para todo, continuarán.

Puede que esto sea cierto en alguna medida, pero lo que también es cierto es que las personas estamos más dispuestas a intentar algo nuevo si el costo de que no nos salga bien no es excesivamente elevado. Yo por ejemplo no sé si me hubiera animado a escribir este blog si no contará con una herramienta que me permitiera cambiar mis ideas de forma rápida y sencilla.

Pasando al plano industrial, que hoy en día se puedan usar impresoras 3D para crear prototipos de diversas piezas, y que si estas no sirven se pueden reciclar y empezar de nuevo, ahora con más conocimiento, a un costo mucho menor que el de hacer una pieza real con los materiales que se pretende usar; ha permitido a las ingenieras y desarrolladores encontrar muchas formas de mejor un proceso sin por ello incurrir en costos elevados. Naturalmente, esto ha llevado a importantes innovaciones en muy diversas formas.

En el ámbito de los negocios se han desarrollado iniciativas como los famosos hackatones, en los que los participantes pueden poner a prueba su idea de negocio sin poner en riesgo su capital. Así, los errores que comente se vuelven verdaderas oportunidades de aprendizaje que les permite refinar sus estrategias y modelos, dándoles mayor posibilidad de éxito cuando salgan al mundo real.

Entonces, se puede ver que el que los errores no se consideren como catastróficos, incita a las personas a experimentar. Y es de esta experimentación que salen después las innovaciones que nos hacen la vida más sencilla y llevadera. Así pues, promovamos no sólo una cultura donde se acepten los errores, sino que también nos brinden las herramientas necesarias para que estos puedan convertirse en la base de mejores resultados.

¿Tú qué error quieres cometer?