Felices e Imperfectas Fiestas.

Esta semana fui a ver la obra de El Cascanueces, una historia que me ha gustado desde niña. Fue una muy buena experiencia, en particular la parte de la danza de los copos de nieve me pareció muy bien montada, con escenografía y efectos muy bonitos; más aparte el talento de los bailarines y bailarinas. Una mención especial merecen los bailarines que representaron al ejército de las ratas, su expresión corporal más el vestuario lograban una ilusión que muchas veces solo se logra con el uso de efectos especiales.

Mientras veía la representación, me pregunté cómo sería ver esta obra en uno de los lugares icónicos del teatro, como Broadway o Londres. supongo que posiblemente la escenografía y efectos podrían ser más deslumbrantes, pero no podría decir que eso la haría mejor que la que vi en el Auditorio Nacional. Pese a que aprecio el arte del ballet, no tengo los conocimientos técnicos como para hacer una crítica de consideración. Es como cuando ves las competencias de clavados en la televisión; salvo que se comenta un error muy evidente, las actuaciones de los participantes me parecen impresionantes.

Por lo anterior, si bien ver El Cascanueces en un teatro de Nueva York debe tener su magia particular, no le quita nada a la magia que sentí con la representación de esta semana. Algo similares sucede con los fiestas, tanto decembrinas como otras; pero en esta entrada me centraré en las primeras.

Tenemos una idea preconcebida de cómo nos gustaría que fueran: un arbolito de ensueño decorado con un gusto impecable, una cena que se vea increíble y además sepa deliciosa, un momento de meditación profundo durante el Solsticio de Invierno; en fin, algo digno de tomar fotos y subir a nuestras redes sociales. Pero, la mayoría de las veces las cosas no son así.

 Yo he ayudado a preparar, y probado, cenas deliciosas que no precisamente cumplen con los estándares de presentación. Me refiero a que el puré se sirve con cuchara normal, y no con las que se usan para servir nieve y queda la bolita perfecta; o aquella que se come con un tenedor y ya, en lugar de tener uno para la ensalada, uno para la carne, uno para la fruta y así.

También me he divertido y formado lindas memorias al arreglar arbolitos de Navidad que tienen un poco de todo. Algunas esferas son blancas, otras son en forma de manzanitas; algunos adornos son modernos y de cristal, mientras que otros son de madera y ya un poco pasados de moda. Ciertamente no calificarían para una portada de revista, pero los guardo con cariño en mi memoria.

Así como estos hay muchos ejemplos de como las celebraciones no cumplen con todos los requisitos que vemos en las películas (o en lo que suben las personas a redes sociales), pero no por eso dejan de ser especiales y bonitas. Muchas veces nos estresamos por esos pequeños detalles que al final del día, no son ni lo más importante ni lo que vamos a recordar en los años venideros; sin mencionar que esa preocupación innecesaria si puede llegar a opacar la celebración e impedirnos disfrutarla al máximo.

De esta forma, en esta época en la que una buen parte del mundo se dispone a celebrar diferentes acontecimientos; busquemos tomar un respiro y decidir disfrutarlas como lo que son: un momento para compartir con nuestros seres queridos y formar memorias para el porvenir. Si los panes no salieron perfectamente redondos, o la foto con la familia salió un poco chueca, es lo de menos. Si todas las personas tienen una sonrisa en su rostro y luz en sus ojos, entonces, fue una buena celebración.

¿Tú cómo pasas estas festividades?