Tengo una confesión que hacer: hace algún tiempo, que no leo un libro. *Sonidos de asombro de la multitud*.
¿Cómo es eso posible, se preguntarán ustedes? La verdad es que ni yo misma sé la repuesta. No es por falta de libros, eso es seguro. Tampoco me atrevería a decir que es por un bloque lector, pues realmente no es que haya perdido el entusiasmo por leer. Quiero decir, tengo un par de libros a medias, que cuando de repente los agarro, realmente me cautivan y me hacen feliz. A veces me digo a mí misma que es por falta de tiempo; o más bien tiempo de calidad para leer. Últimamente la realidad es más agotadora de lo normal.
Otras veces soy un poco más optimista, y me digo que lo que pasa es que el tiempo que invertía en leer ahora lo ocupo en otras cosas. Algunas son cosas “de adulta”, que no son necesariamente desgastantes; varias son para hacer mi vida más agradable. Y otras son realmente nuevas formas de disfrutar la vida, como ir a conciertos y viajar.
Sea cual sea la causa, o causas, lo cierto es que ya no leo como antes.
Pero, ¿sabes qué es lo más curioso? Pese a que tengo rato sin leer “en forma”, cada vez que alguien me pregunta por una actividad que me gusta hacer en mis ratos libres o algo que me hace feliz, siempre menciono a la lectura. Y es que, aunque no esté activamente leyendo en ese momento, los libros siempre me acompañan.
En las conversaciones que tengo con mis amigas y compañeros del trabajo, siempre doy algún ejemplo de un libro que he leído. Cuando navego en redes sociales, siempre me sale alguna publicación relacionada con los libros o con la lectura, pues los tengo agregados como intereses o pasatiempos en todos mis perfiles. En las historias que me invento en mi cabeza cuando estoy pasando el rato, y que quizás algún día publique; invariablemente hay una relación con alguna historia leída; o alguno de los personajes tiene una escena leyendo. Cuando salgo de viaje, intento siempre pasar por una librería o biblioteca, aunque sea solo para sentirme un poco en casa aunque esté lejos de ella.
Incluso ahora, en el Día Internacional de Libro, siento el deseo de dedicar esta publicación a esos fieles amigos de tantas andanzas.
Hoy 23 de abril también se celebra el día de San Jorge en varias regiones del mundo; razón por la cual se acostumbra regalar rosas en esta fecha, como símbolo de amor entre las personas.
En conmemoración de ambas fechas, deseo que ni a ustedes ni a mí nos abandone jamás el amor por los libros y por la lectura, ni el amor que ellos imprimen en nuestro día a día. Antes bien, deseo que ese amor se renueve contrastantemente, y que al igual que las rosas, sea de todos los colores inimaginables.
¿A ti cómo te aman los libros?
