Constelación dedicada a mi mamá, quien me dio el regalo de conocer el Desiderata.
El poema Desiderata, escrito por Max Ehrmann, es un poema poco convencional. Más allá de alabar una a una persona, este poema nos da una serie de sugerencias para vivir la vida de manera plena. Tiene varias versiones musicalizadas (de las cuales yo prefiero la interpretada por Jorge Lavat), que pueden perfectamente usarse como afirmaciones diarias, y así iniciar el día con la actitud decidida de esforzarnos por ser felices.
Hay una parte de este poema que dice,
Acata dócilmente el consejo de los años
Abandonando con donaire las cosas de la juventud
Imagino que el poeta pretendía decirnos que, conforme nos hiciéramos mayores, dejáramos de lado la arriesgada osadía y la despreocupación de los años de juventud, y en su lugar nos enfoquemos en construir una vida más estable, que no es lo mismo que aburrida. Esto es consistente con otras estrofas del poema, en las que se nos invita a ser cautas en los negocios, a no fingir los afectos, a mantener el interés en nuestras carreras; entre otras cosas. Todas estas, sugerencias atinadas.
Sin embargo, luego de leer o escuchar el poema tantas veces, y en diferentes etapas de mi vida, creo que esta frase también puede aplicarse de otra forma. Cuando somos jóvenes, quizás incluso más marcado durante la adolescencia, buscamos (no sin cierta desesperación), la aprobación de nuestros pares, o de aquellas personas que admiramos. Buscamos encajar dentro de lo que en ese momento se considera como correcto, o cool, o aceptable.
Por eso terminamos oyendo la misma música que escuchan todos, viendo las mismas películas, vistiéndonos de la misma forma (¿alguien recuerda esos años en que el uniforme no oficial eran las playeras de Hollister o de American Eagle?), y sintiendo lo que suponemos es lo que todas debemos sentir a esa edad, aunque en lo particular nos sea indiferente o incluso ajeno. Esta necesidad de aprobación es también una necesidad de pertenencia, de formar parte de un grupo y así poder disfrutar de lo que nos han dicho es la mejor etapa de la vida.
Pero muchas veces esta búsqueda de pertenencia nos hace negarnos a nosotras mismas, y terminar haciendo cosas con las que no nos sentimos cómodas; mientras dejamos de lado actividades o incluso personas que nos causan felicidad. Esto claro con las consecuencias personales esperadas de aflicción o alineamiento; y a mayor escala a permitir acontecimientos que pueden dañar a sectores completos de la comunidad.
Así pues, volviendo al Desiderata, creo que podemos obtener un nuevo consejo de la frase que comporto más arriba. Conforme nos hagamos mayores, debemos dejar de lado esa necesidad juvenil de encajar; y en su lugar declarar abiertamente quiénes somos y lo que queremos, lo que nos gusta, lo que nos hace felices. Puede ser que al final del día sí nos terminen gustando las mismas cosas que cuando éramos más jóvenes, o podemos dar un giro de 180º y vivir una vida que no se parezca a la habíamos concebido (o que habían concebido para nosotras); o más seguramente que terminemos en algún punto medio entre ambas opciones.
Sin importar cuál sea el caso, al final debemos de llevar una vida con la que nos sintamos satisfechas y orgullosas. Que sea una vida que estemos viviendo para nosotras mismas. Si lo logramos, estoy segura de que a lo largo del camino iremos conociendo a otras personas que sientan igual que nosotras y con las que podamos formar comunidad; logrando así nuestro anhelo juvenil de pertenencia, que es uno de los anhelos más humanos que existen.
Y así, como bien decía Ehrmann, el universo seguirá marchando como debiera.
¿Tú quién decides ser?

Constelación dedicada a mi mamá, quien fue la primera en recitarme el Desiderata.

