No juzgues a un libro por su portada, o por su resumen.

Existen ciertos libros que, con sólo leer su resumen, sé que tengo que leerlos; y en la medida de lo posible, comprarlos para poder tenerlos tan cerca como sea posible. En cambio, hay algunos libros que, si bien me resultan interesantes, son de esos libros que sólo leeré una vez; así que está bien rentarlos en la biblioteca. Después de todo, sé que si en el futuro quiero leerlos una vez más, puedo volver a rentarlos.

Por supuesto, en más de una ocasión me he equivocado en mis decisiones sobre los libros. Algunas veces sucede que historias que pienso que serán sólo para pasar el rato, terminan teniendo un gran impacto en mi; y se quedan conmigo mucho después de haberlas leído. En otras ocasiones, libros que pienso pasarán a ser mis favoritos, terminan por desilusionarme. Eso puede pasar con sólo leer algunas páginas, pero en ocasiones es casi al final cuando sucede algo que arruina el libro para mí.

Eso me sucedió justo con el primer libro que compré cuando me fui de intercambio escolar a Estados Unidos. La historia en general estuvo bien a lo largo del libro, nada fuera de lo ordinario, pero al menos se iba desarrollando bien. Sin embargo, cerca del último capítulo, el autor hizo un comentario sobre mi país que me molestó bastante; lo que hizo que un libro bueno pasara a desagradable en un abrir y cerrar de ojos. Jamás he vuelto a leer ese libro; solo está en mi librero como un recuerdo de aquella época.

Caso contrario fue el Conde de Montecristo, un libro que empecé a leer porque me lo asignaron en la escuela; pero que conforme fui avanzando, me enganchó. Recuerdo perfectamente que para la actividad era leer solo algunos capítulos, pero yo leí varios más. También recuerdo que, cuando se acabó la tarea y tuve que regresar el libro, le pedí a mi mamá que me lo comprara para poder terminar la historia. Desde entonces, he leído el libro completo al menos unas 4 veces más; y en cada una de ellas descubro algo nuevo o le doy una nueva interpretación con base a las experiencias que voy teniendo, y siempre estará en un lugar especial en mi librero.

Creo que algo similar ha pasado con las personas que con las que he ido formando amistad a través del tiempo. Algunas de esas amistades empezaron solo porque las dos personas estábamos en el mismo lugar al mismo tiempo; como una amiga que tengo y con la que empecé a platicar solo porque yo llegaba muy temprano a la escuela y ella tenía un espacio entre clase y clase a esa hora. Otras amistades se fueron desarrollando con el tiempo, creando hermosos recuerdos a lo largo de los años; pero de pronto un buen día dejaron de ser lo que eran. Los recuerdos siguen ahí, pero es una historia que sabes ya no vas a continuar o a leer otra vez.

Del mismo modo, hay historias y personas que he conocido solo por un breve tiempo, pero que desearía hubiera sido más largo para poder crecer la relación. Igualmente, en algunos casos desearía que me hubiera encontrado con una persona o un libro en un momento diferente en mi vida, para poderlos apreciar realmente. Por último, también tengo casos en que he conocido a una persona por algún tiempo y tenemos una relación digamos normal; pero en eso sucede algo (interno o externo) que me hace entenderla y apreciarla mejor; y se convierte en alguien muy valiosa para mi. Eso me pasó con La Metamorfosis de Kafka, pero esa es otra historia.

Me parece que esto comprueba el viejo dicho de que no se debe juzgar a un libro por su portada; pero yo agregaría que a veces tampoco puedes juzgarlo por un resumen o por las primeras páginas. A veces, tienes que seguirlo leyendo y descubrir en el camino qué tipo de libro terminará siendo para ti. Algunas veces terminarás descubriendo alguna historia extraordinaria, en otras solo ordinarias; y espero que las menos de las veces encontrarás historias que desearías no haber conocido. Igual que con las personas, solo nos queda confiar en nuestro instinto y ser valientes, y disfrutar el proceso.

¿Qué persona se convirtió en una de tus historias favoritas?

¿Quién lleva la cuenta?

Siempre me ha gustado leer, es uno de mis pasatiempos favoritos desde que tenía como 12 años. Con el correr del tiempo hice una cuenta en Goodreads, esa página donde puedes poner tu lista de libros por leer y leídos; así como tus opiniones sobre estos últimos, entre otras cosas. Un buen concepto que me permitió encontrar algunos libros, autores y autoras interesantes.

Otra de las actividades que ofrece Goodreads son los famosos retos de lectura, en el que elegías un número de libros que pretendías leer durante un año; y la página te llevaba la cuenta e incluso te enviaba correos cada cierto tiempo sobre tu avance y sugerencias para avanzar más rápido. Quiero pensar que uno de los objetivos de esta estrategia era ayudar a las personas a desarrollar el hábito de la lectura, incluso después empezaron a salir retos temáticos (un libro de un país diferente cada mes, un generó diferente mensual, etc.) en otras redes sociales, como una manera de hacer el desafío más emocionante supongo. Pero, al menos en mi experiencia, esos retos lo hacían por lo general personas que ya teníamos el hábito de la lectura; y quizás sólo buscábamos tener algo que mostrar, poder decirles a nuestras amistades en la reunión de fin de año que habíamos leído un cierto número de libros durante el año.

Yo hice el reto por algunos años, aunque nunca completé el número de libros que me ponía como meta; la vida solía alterar mis planes en ese sentido. Luego, en el 2020, ese año que fue un punto de quiebre en tantos sentidos; tuve un bloque de lectora. Simplemente había muchas cosas pasando en mi vida, tanto por los acontecimientos mundiales como por situaciones personales que no me dejaban realmente disfrutar los libros. Así que ese año, de alguna manera, bote el reto y leí solo un par de libros. Luego llegó 2021, y mi bloqueo persistió; así que ni siquiera me tomé la molestia de poner un reto para ese año. Apenas ahora siento que el bloqueo se está levantando; y he podido leer un libro que tenía muchas ganas de leer hace tiempo. Pero, de nuevo, no me puse un reto para el año; y luego de meditarlo un poco creo que ya no los haré más, al menos en lo que se refiere a ponerme la meta de cierto número de libros leídos al año.

La razón es muy simple: quiero que leer vuelva a ser algo divertido. Quiero leer porque que quiero, no porque si no lo hago voy a atrasarme en mi promedio anual. Además, quiero volver a darme la oportunidad de saborear la lectura, de poder tomarme tiempo para analizar un libro luego de leerlo, en lugar de pasar inmediatamente al siguiente. Recuerdo que hace un tiempo saqué un libro de la biblioteca, no recuerdo el título, pero trataba sobre la biblioteca de Alejandría. Era una novela histórica en la que un par de bibliotecarios le explicaban la historia de la biblioteca a la persona que venía a quemarla. Un libro muy interesante que al final no leí completo, no porque no me gustara; sino porque supe que era de esos libros que iba a tomarme mucho tiempo, y yo necesitaba leer no recuerdo cuántos libros al mes para poder llegar a mi meta de ese año.

Ahora que ha pasado el tiempo, me doy cuenta de lo triste que fue esa decisión. Ese fue uno de los momentos en los que dejé de ver la lectura y los libros como algo que me causaba placer, y en su lugar los vi como una obligación. Creo que esa una de las cosas más horribles que pueden pasarles a las personas, cuando ya no sienten emoción por algo que solían atesorar.

Lo más triste es que en muchas ocasiones esto pasa por la presión que la sociedad nos impone de que debemos ser “buenos” o “mejores” en todo lo que hagamos. Si el año pasado corriste una carrera de 20km, ahora debes correr una de 30km. Si eres buena dibujando, entonces debes buscar la manera de monetizarlo, ¿has pensado en dibujar por comisión? ¿Quedaste segunda en el concurso de oratoria? Este año debes practicar más para quedar en el primer lugar. Y así sigue y sigue la lista, y vamos por la vida convirtiendo en obligaciones lo que iniciamos como una manera de relajarnos o divertirnos.

No digo que esté mal que en ciertos momentos nos pongamos retos de seguimiento, ya sea como una manera de formar un hábito, o como una manera de ver los resultados de alguna actividad. Pero también creo que debemos darnos el permiso de tener actividades o tiempos en los que hacemos las cosas solo porque sí, porque nos gusta; sin la imperiosa necesidad de ser cada vez mejores o siempre estar buscando algo más. Es muy común que te digan que debes de salir de tus zonas de confort, y eso está bien en algunos aspectos; pero demonios, eso no significa que debes simplemente eliminar el confort de tu vida.

Alguna vez leí que la palabra amateur proviene del vocablo latino amator que significa “el que ama”, contrario a lo que usualmente se piensa que una persona amateur es principiante en tal o cual actividad, y eventualmente se convertirá en una persona experta o profesional. Quizás sea momento de recordarnos el verdadero significado de esta palabra, y permitirnos hacer actividades solo porque nos gustan. ¿Qué actividades haces en tu día a día, solo por amor?